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Nuevos datos sobre la vida y obra de las Hermanas Antúnez

Escrito por  Nuria Navarro y Francisco Espinosa
Publicado en Reportajes
Martes, 09 Septiembre 2014 07:30

Una de las publicaciones más prestigiosas del mundo cofrade es el Boletín de Cofradías de Sevilla, en él,  la Valverdeña Nuria Navarro junto a Francisco Espinosa de los Monteros publico el siguiente artículo sobre la Hermanas Antúnez y su relación con Valverde.

 

Un trabajo de: Francisco Espinosa de los Monteros Sánchez y Núria María Navarro Márquez

 

 

 

Antiguo misterio de la Hermandad de la Buena Muerte de Valverde del Camino 

 

DATOS BIOGRÁFICOS

Tras unos años difíciles, las cofradías sevillanas recuperan la relativa normalidad en la segunda mitad del siglo XIX. A partir de este momento, empieza un período de progresiva renovación que llevará a dichas corporaciones hasta su configuración actual, renovándose o reformándose imágenes, pasos, bordados, enseres… proceso que llevará a definir la actual configuración de la cofradía sevillana, un ideal supuestamente barroco pero que en realidad es obra de los gustos estéticos que imperaron en la Sevilla de finales del XIX y principios del siglo XX.

Una de las artes fundamentales para entender esta nueva configuración estética es la del bordado, técnica que vive una auténtica época dorada a partir de la segunda mitad del XIX, definiéndose la configuración de muchos de los elementos suntuarios que hoy en día podemos observar en los desfiles procesionales. Tras una primera mitad de siglo en la que destacaron bordadoras como las hermanas Zuloaga (Rita y Francisca) o las también hermanas Verdese (Joaquina y Dolores), la época dorada del bordado sevillano se inicia con las figuras de Manuel María Ariza y Patrocinio López, dos importantes artistas que realizan importantes piezas para las cofradías hispalenses. Pero la transición entre el bordado decimonónico y la posterior revolución que supuso la estética de Juan Manuel Rodríguez Ojeda la escenifican las popularmente conocidas como hermanas Antúnez.

A pesar de la importancia de la obra de estas destacadas bordadoras, muy poco se sabía sobre su biografía, procedencia, familia, etc. Apenas conocíamos sus nombres, Ana y Josefa Antúnez, las referencias a su taller en el barrio de la Macarena, más concretamente en la huerta del Zapote, y las recientes referencias del matrimonio de Josefa Antúnez con Antonio Muñiz[1].

Sin embargo, nuevos datos nos aportan algo más de luz sobre el pasado de nuestras artistas. En efecto, del matrimonio entre Juan Antonio Antúnez, escribano de Lebrija; y Ana Meléndez Villami, natural de Las Cabezas de San Juan, nacen al menos cinco hijos, todos ellos en nacidos en Lebrija y bautizados en la parroquia de la Oliva: Juana (1828), Joaquín (1829), Josefa (1833), Ana (1836) y Dolores (1838). No sabemos la razón, quizás debido a las ocupaciones profesionales de Juan Antonio, pero el matrimonio se traslada a Sevilla en 1862, residiendo en la calle Agujas número cuatro, en la collación de El Salvador[2]. Este será el domicilio familiar de los Antúnez durante bastantes años, aunque ya por entonces, Joaquín Antúnez, sacerdote, no vivía con ellos[3]. Resulta interesante reseñar que las hermanas Antúnez llegan a Sevilla con 29 y 26 años respectivamente, por lo que no sería de extrañar que realizaran trabajos de bordado en su Lebrija natal antes de pasar a la capital hispalense[4].

 

 

Actual misterio de la Hermandad de la Buena Muerte

 

Poco después de la llegada de la familia a Sevilla, vamos asistiendo a la emancipación de algunos de los hermanos. La bordadora Josefa Antúnez Meléndez casa en la parroquia de San Esteban el treinta de mayo de 1866 con Antonio Muñiz Crespo, tallista nacido en Sevilla en 1829 y bautizado en la parroquia del Sagrario, hijo de Jerónimo Muñiz Sánchez, empleado natural de Guadalupe (Badajoz); y de María de las Mercedes Crespo, natural de Carmona. El joven matrimonio se establece en la calle Tintes número cuatro[5]. Cabe reseñar que Jerónimo Muñiz Crespo, cuñado de Josefa, era también artista, en concreto pintor[6]. En cuanto a Antonio Muñiz, mudó en bastantes ocasiones su lugar de trabajo. En 1876 lo encontramos en la calle Abades número veintitrés[7]; sin embargo, en 1878 volvía al domicilio de Agujas número cuatro[8] donde se establece definitivamente, aunque tiene tiendas en las calles Borceguinería número sesenta y uno (1879)[9] y Villegas número siete (1892). Antonio Muñiz había sido premiado en la Exposición Bético-Extremeña de 1874 y con la medalla de plata de la Exposición de Cádiz[10]. Parece que en sus últimos años se dedicó a labores relacionadas con la ebanistería y la tapicería[11].

Siguiendo nuestra cronología y, tan solo unos meses después del matrimonio de Josefa Antúnez; el uno de febrero de 1867 fallece Joaquín Antúnez, eclesiástico y hermano de las bordadoras. Era por aquel entonces capellán del presidio y residía en el derribo de San Agustín, siendo enterrado en el cementerio de San Fernando[12]. En 1870 es Dolores Antúnez, de la cual no tenemos constancia de que bordara, quien se casa con el escribano onubense Manuel Carrión Barreda, hijo de Juan Carrión y Gertrudis Barreda, naturales ambos de Sevilla[13]. De Manuel Carrión poco hemos podido averiguar salvo su nacimiento en Huelva en 1827 y que en 1898 ya había fallecido, ya que ese año Dolores Antúnez se declara viuda y con dos hijos: Manuel, nacido en 1874 y que también fue abogado, y Amparo, nacida en 1880. Ambos se bautizaron en la parroquia de San Nicolás, residiendo la familia en la calle González Cuadrado número sesenta[14].

 

Volviendo al matrimonio de la bordadora Josefa Antúnez y el tallista Antonio Muñiz, consta que tuvieron al menos dos hijos. Poco sabemos de Ángel Muñiz Antúnez, nacido en 1875 y del que nada más hemos podido averiguar. Sí que tenemos bastantes más datos de Jerónimo Muñiz Antúnez, conocido tallista y diseñador de bordados, colaborando precisamente en algunos de los diseños de su propia madre. Jerónimo Muñiz nace en Sevilla en 1870 y es bautizado en la parroquia de la Magdalena. Casa con Encarnación Reinoso de Porres, natural de María (Almería), teniendo el matrimonio dos hijos: Guillermo (1897) y María (1899); y residiendo en la calle de la Alhóndiga número ochenta y cinco[15].

También ligado a Josefa Antúnez está la figura del malagueño Emigdio Serrano Dávila, que fue prioste de la Hermandad del Gran Poder y autor del diseño de la túnica de los cardos, realizada por las hermanas Antúnez en 1880. Nacido en Málaga en 1829, hijo de Francisco Serrano y Mariana Dávila; casa con María Rodríguez, teniendo por hijo a Emigdio, nacido en El Garrobo en 1864[16]. Llega a Sevilla en enero de 1875.

Las otras dos hermanas que nos restan, Ana y Juana Antúnez, permanecieron solteras toda su vida y en los padrones consta que siempre vivieron juntas. En 1873 las encontramos ya solas viviendo en la casa de la calle Agujas número cuatro junto a Concepción Herrera y Sánchez, criada natural también de Lebrija al igual que las Antúnez[17]. Aunque no consta, pensamos que Juana Antúnez debió colaborar en las tareas de bordado en el obrador familiar.

Sin embargo, a partir de diciembre de 1898, Juana aparece viviendo junto a Josefa Antúnez en la calle Mateos Gago número veintiocho, en la collación del Sagrario. Todo parece indicar que para aquella fecha Ana Antúnez había fallecido, por lo que todos los trabajos posteriores a esta época ya serían exclusivamente de Josefa Antúnez. En julio de 1900 Antonio Muñiz Crespo ingresa en el hospital de Nuestra Señora de la Paz que estaba en la calle Gallegos número once[18]. Desconocemos las razones que motivaron el ingreso, lo cierto es que en diciembre de 1902 todavía permanecía ingresado en dicho centro[19]. Esto motiva que en 1900 las hermanas Josefa y Juana Antúnez se muden a la calle de la Alhóndiga número ochenta y cinco, justo al lado del domicilio de Guillermo Muñiz Antúnez. En 1901 vuelven a mudarse, en este caso a la calle Busto Tavera número dieciséis[20]. Finalmente, en 1902 vemos al matrimonio Muñiz – Reinoso junto a sus dos hijos, Guillermo y Josefa, y a las ya ancianas hermanas Josefa y Juana Antúnez viviendo todos juntos en la calle Lanza número ocho[21].

 

LOS BORDADOS DE LAS HERMANAS ANTÚNEZ EN VALVERDE DEL CAMINO

Las hermanas Ana y Josefa Antúnez realizaron una serie de trabajos para la localidad onubense de Valverde del Camino, más concretamente para las hermandades de la Buena Muerte, Nazareno y del Mayor Dolor, todos ellos de una excepcional calidad.

Hermandad de la Buena Muerte

En el mes de abril del año 1877 se establece en la parroquia de Nuestra Señora del Reposo de Valverde del Camino (Huelva) una hermandad con objeto de promover y  dar culto al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, María Santísima de la Quinta Angustia y San Juan Evangelista que será conocida popularmente como la “Cofradía de la Buena Muerte”.

 

Saya bordada de la Quinta Angustia. Ana y Josefa Antúnez (1880)

 

Manto bordado de la Quinta Angustia. Ana y Josefa Antúnez (1881)

Las imágenes que poseerá dicha hermandad se adquieren en Sevilla, tras la desamortización y el  derribo de la parroquia de San Miguel[22], y serán traídas por el sacerdote valverdeño D. José Manuel Vizcaíno. Aunque las imágenes fueron destruidas en 1936, se conserva testimonio fotográfico de calidad de las mismas. El paso de misterio de la cofradía formaba un calvario integrado por el Cristo de la Buena Muerte, crucificado que pensamos podría ser de mediados del siglo XVII y cercano a la estética de Andrés Cansino; y las imágenes de la Virgen de la Quinta Angustia y San Juan, las cuales nos parecen posteriores, encuadrables en la centuria decimonónica y cercanas a las estética de los Astorga, en particular de Gabriel de Astorga.

Los años siguientes a la fundación de la Hermandad, son un ir y venir en la compra y adquisición de enseres para el mayor lucimiento de los cultos y procesiones. En un libro de acuerdos, que se conserva en poder de la hermandad, se recoge la compra de las ropas que vestirán a los sagrados titulares. La primera referencia a las vestiduras de la Quinta Angustia se hace el 20 de abril del año 1879. El acuerdo lo recoge de la siguiente forma:

“…acordamos por el presente se borde con oro sobre terciopelo negro una túnica para Nuestra Señora de la Quinta angustia y autorizamos al Sr. Hermano mayor para que de los fondos de la Cofradía invierta en dicho objeto la cantidad de mil reales. Los demás gastos hasta el importe total de la túnica deberán cubrirse con limosnas u ofrendas voluntarias de los tres hermanos. De la ejecución de cuanto se dispone en este acuerdo encargamos a los tres D. José Manuel Moya, D. José Manuel Vizcaíno y D. José Mª Pérez...”[23]

 

Mantolín y túnica de San Juan. Ana y Josefa Antúnez (1884)

Habrán de pasar dos años hasta volver a encontrar referencias sobre las ropas de las imágenes y es en una reunión del primero de marzo de 1881, cuando se acuerda el encargo de un manto acorde a la saya adquirida con anterioridad para María Santísima de la Quinta Angustia, al sevillano taller de las Hermanas Antúnez:

“Acuerdo tomado en1º de marzo de 1881, disponiendo se borde un manto a Ntra. Señora y se compra unas potencias de plata pª el señor, una diadema pª la Virgen y otra pª S. Juan.

En la villa de Valverde del Camino en primero de marzo de mil ochocientos ochenta y uno, D. José Manuel Moya, Pbro., Hermano mayor de la Cofradía del Stmo. Cristo de la Buena muerte, mando convocar a los Sres. Cofrades de la misma y una vez reunidos en el local de costumbre, dijo: Que, siendo notoria la necesidad de hacer un manto bordado que correspondiese a la saya bordada de Ntra. Señora de la Quinta angustia, y a instancias de muchos hermanos que se ofrecieron a cubrir, mediante suscriciones voluntarias, limosnas y rifas,  la mayor parte de los gastos que dicho manto ocasionara y con tal que lo restante fuese suplido con fondos de la Cofradía (que en su concepto no podían tener aplicación mas justa y perentoria) comisionó a nuestro hermano D. José Manuel Vizcaíno para que, viendo a las bordadoras Dª Josefa y Dª Ana Antúnes, se enterase de lo que podía costar el expresado manto.

Que al efecto le presentaron estas, entre otros, un dibujo de sumo gusto, riqueza y novedad cuyo bordado, por atenciones especiales que les merecía dicho hermano, estaban dispuestas a ejecutar por nueve mil quinientos reales a que ascendían sucintamente los costes, quedando a cargo de la cofradía los gastos de terciopelo, forros, blondas y embalage: siempre que en consecuencia de una urgente resolución pudiesen ellas emprender los trabajos desde luego, por necesitar después el tiempo para grandes y pesadas labores que tenían en proyecto: indicando que para hacer más fácil el pago de dicho bordado proponían el medio de cobrarlo a plazos en la forma siguiente: cinco mil reales al entregar el manto hecho, y después mil reales cada año y quinientos el último hasta cobrarlo todo, no adquiriendo la Cofradía la propiedad del manto hasta el día en que quedase todo pagado, y conservándolo entre tanto en nombre de ellas dicho Señor Vizcaíno.

Que en vista de condiciones tan ventajosas, y no teniendo tiempo por la prematura de él para consultar a la Cofradía, resolvió aceptarlas en nombre de ella, aceptarlas y formalizar, como en efecto lo hizo, el contrato, confiando en que los cofrades aprobarían y confirmarían su resolución y lo autorizarían para suplir con fondos de la Hermandad lo que no bastasen a cubrir las suscriciones, limosnas y rifas.

La mesa, oída la relación de su digno Hermano mayor, aprobó su conducta, aceptó la responsabilidad del contrato, se obligó en nombre de la Cofradía a su cumplimiento y autorizó al Hermano mayor para destinar, a dicho objeto, con preferencia a otro cualquiera, los fondos de la Cofradía necesarios a solventar los plazos arriba indicados.

 

 

Antigua imagen del Nazareno de Valverde con su túnica bordada

 

Nazareno actual con la túnica bordada

 

En su consecuencia acordó se le abonaran de dichos fondos la cantidad de mil ciento setenta y seis reales que dijo haber tenido que adelantar para completar el pago del primer plazo, así como del terciopelo, blonda, forros, embalage y porte.[24]

Asimismo, en un acta posterior se recoge un cabildo extraordinario del día 6 de enero de 1884 y se acuerda la adquisición de las ropas que vestirán a la imagen de San Juan:

Acuerdo tomado en 6 de enero de 1884, disponiendo se hagan una capa y túnica bordadas en oro a S. Juan Evangelista.

En Valverde del Camino a seis de enero de mil ochocientos ochenta y cuatro, reunidos en junta extraordinaria los Sres. Capitulares de la Cofradía del Ssmo. Cristo de la Buena Muerte bajo la presidencia de su Hermano mayor, acordaron (vista la necesidad de mandar hacer una capa y túnica bordadas a S. Juan Evangelista que corresponda al manto y saya de nuestra Señora) facultar al Sr. Hermano mayor para que las ajuste y trate con las bordadoras en la forma más conveniente para Cofradía, y a pagar por plazos. Al efecto autorizaron a dicho Hermano mayor, para que disponga de los sobrantes de entierros y de lo que permitan los fondos de la Cofradía, después de atender a los anuales gastos ordinarios. Y para que conste lo firmaron conmigo el Secretario de que certifico.[25]

Aunque no se las menciona en los todos los documentos, parece claro que los tres conjuntos se pueden adscribir al catálogo de bordados de las bien conocidas Hermanas Antúnez[26]. Estas vestiduras se salvaron del incendio de la parroquia por encontrarse fuera de la misma y en la actualidad se conservan en un perfecto y admirable estado en casa de Concha Franco[27].

 

Hermandad del Nazareno

Según reza en un expediente de catorce páginas del año 1791[28], existe “desde tiempo inmemorial” en la iglesia parroquial de Valverde del Camino una imagen de un Nazareno “…colocada en el altar de las benditas ánimas del purgatorio, siendo patrono de ese altar que no tiene caudal ni cofradía…”. Hasta este momento es la referencia documental más antigua que se conoce sobre el desaparecido nazareno valverdeño.

A día de hoy nos consta que, según un libro de reglas, cuentas y acuerdos que estaba en posesión de un particular y que ha sido entregado a la hermandad hace escasos meses, en el año 1883 se funda una cofradía para dar culto a la mencionada imagen[29].

Los documentos gráficos más antiguos que se conocen de esa efigie son de los últimos años del siglo XIX y en ellos aparece con una túnica bordada que aún se conserva y que ha sido recientemente restaurada en los talleres de Carrera Iglesias. Sabemos de otra restauración anterior, probablemente para adecuarla a las dimensiones de la escultura nazarena que adquirió la hermandad a Antonio Castillo Lastrucci tras la reorganización de posguerra ya que, la anterior imagen pereció en el incendio que sufrió la parroquia en 1936. Al respecto de la misma, se trata de una excelente talla encuadrable dentro de la escuela sevillana de escultura, con grandes afinidades con el quehacer de Pedro Roldán, con cuyo Nazareno de la O guarda evidentes analogías.

 

Antigua Virgen de los Dolores de Valverde con su saya bordada

 

Actual Virgen de los Dolores con saya bordada burdeos

 

Aunque no se tiene constancia documental de la adquisición de dicha túnica estamos en disposición de adscribir la vestidura al catálogo de las Hermanas Antúnez por varios motivos. El primero de ellos es la clara similitud de los bordados con otros salidos de las manos de las hermanas, no solo por la forma de afrontar las hojas de acanto y los cardos sino por la estética general que puede observarse en las fotos más antiguas donde permanece aún sin tocar. El segundo de ellos es la mencionada relación del sacerdote valverdeño J. Manuel Vizcaíno con las bordadoras sevillanas, por lo que no sería de extrañar que este ejerciera de intermediario entre las hermanas Antúnez y la incipiente corporación nazarena de Valverde.

 

Hermandad del Mayor Dolor (Servitas)

La antigua Hermandad del Mayor Dolor tiene su origen en la Orden Servita fundada en Valverde del Camino a finales del siglo XVIII. Ésta obtiene su patente fundacional con fecha de abril de 1796 y sus primeras reglas se aprueban, tras varias enmiendas, en el año 1816[30].

La dolorosa a la que veneraban es una imagen cuya hechura podemos atribuir con fundamento a Benito de Hita y Castillo por sus semejanzas con otras obras documentadas del artista, caso de la desaparecida Virgen de los Dolores del Nazareno de Cádiz, y que es traída a Valverde por el sacerdote Pedro Lorenzo Ramírez. En un primer momento recibe culto en una ermita propia situada a las afueras del núcleo urbano pero, debido a algunas inclemencias, una fábrica de mala calidad y el paso del tiempo, al templo le sobrevienen las ruinas y la maravillosa escultura es trasladada a la parroquia de Nuestra Señora del Reposo donde se colocará en un altar propio en la capilla del Pilar custodiada por dos esculturas de mediano tamaño de San Felipe Benicio y Santa Juliana Falconieri[31].

La saya que acostumbraba a vestir esta imagen  y que data de finales del XIX, era una vestidura de terciopelo negro con unos bordados florales salidos de una cornucopia o cuerno de la abundancia, motivo cuanto menos original y novedoso. Esta saya de la Virgen, junto con un manto corto de camarín y una corona, se salvaron del incendio acaecido el año 1936 porque no llegó el fuego al armario donde se guardaban[32]. No tuvo la misma suerte la preciosa imagen, que pereció pasto de las llamas. El bordado primitivo ha sido pasado en dos ocasiones a nuevos tejidos. En los años posteriores al incendio se adaptan los bordados a una vestidura de tisú blanco para la nueva imagen dolorosa de Pineda Calderón que posee la valverdeña Hermandad de los Blancos y, en la década de los 80, una hermana pasa los bordados a terciopelo burdeos que es como se conservan en la actualidad.

Estos bordados florales tienen una gran similitud con los bordados de la túnica del Nazareno, así como con los ropajes de la antigua Cofradía de la Buena Muerte lo que nos hace pensar que se hicieran por las mismas manos y en unos años muy cercanos según demuestran los abundantes documentos gráficos que se conservan.

 

CONCLUSIONES

En la actualidad, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de la Buena Muerte y María Santísima de los Dolores es el resultado de la fusión de estas tres antiguas cofradías que el sacerdote D. Jesús de Mora hizo en los años cuarenta del pasado siglo XX para unificar tres antiguas devociones valverdeñas: el Nazareno, las “tres imágenes” (como se conocía popularmente a la Cofradía de la Buena Muerte) y los Servitas.

Consideramos que las prestigiosas bordadoras sevillanas, Ana y Josefa Antúnez, bien pueden ser las autoras de estas seis prendas que en la actualidad se encuentran en posesión de la hermandad valverdeña de los Blancos ya que, aunque no se tiene prueba documental de dos de ellas, su cohesión y homogeneidad, además de las probadas relaciones entre el sacerdote valverdeño José Manuel Vizcaíno y las hermanas Antúnez, nos inducen a pensar en una misma mano, que no sería otra que la de las geniales bordadoras sevillanas.



[1]              JIMÉNEZ SAMPEDRO, Rafael: “Josefa Antúnez, autora del manto de la Virgen de la Soledad”, en Boletín de las Cofradías de Sevilla, nº 584, octubre de 2007, pp. 786-787. En este artículo se propone la posibilidad de que se tratara del tallista Antonio Muñiz Crespo y del posible parentesco entre éste y Guillermo Muñiz, diseñador de alguno de los bordados de las Antúnez, hipótesis que como veremos más adelante es acertada.

[2]              Archivo Municipal de Sevilla (en adelante AMS), Padrones, vol. P/1762, 1869, s/f. Para ese año había fallecido ya el cabeza de familia, Juan Antonio Antúnez. Hacia 1869-70 debió fallecer Ana Meléndez Villami, madre de las bordadoras.

[3]              Es muy probable que la casa de la calle de las Agujas perteneciera a la familia de Antonio Muñiz y se la quedara éste como herencia tras el fallecimiento de su padre en 1871.

[4]              Cabe reseñar que en 1865 vivía en la calle de los Tintes número seis y por lo tanto era vecino de Juana Antúnez el tejedor sevillano José del Moral Rodríguez.

[5]              AMS, Matrimonios, 1866, f. 422.

[6]              AMS, Padrones, vol. P/2218, 1875, s/f. En efecto, había nacido en 1822, siendo bautizado en la parroquia del Sagrario; residiendo en 1875 en la calle Pedro del Toro nº 8, en la collación de San Vicente. Era soltero.

[7]              GÓMEZ ZARZUELA, Manuel: Guía de Sevilla, su provincia, 1876.

[8]              GÓMEZ ZARZUELA, Manuel: Guía de Sevilla, su provincia, 1878.

[9]              GÓMEZ ZARZUELA, Manuel: Guía de Sevilla, su provincia, 1879.

[10]             GÓMEZ ZARZUELA, Manuel: Guía de Sevilla, su provincia, 1892.

[11]             GÓMEZ ZARZUELA, Manuel: Guía oficial de Sevilla y su provincia, 1896.

[12]             AMS, Defunciones, 1867, f. 455.

[13]             AMS, Padrones, vol. P/2192, 1875.

[14]             AMS, Padrones, vol. P/3550, 1898.

[15]             AMS, Padrones, vol. P/3647, 1900. Los dos hijos fueron bautizados en la parroquia de San Ildefonso. Su esposa había llegado a Sevilla en 1887 y era hija de Juan Reinoso y Tiburcia de Porres.

[16]             AMS, Padrones, vol. P/2210, 1875. Vivía por aquel entonces en la calle San Roque número veintidós.

[17]             AMS, Padrones, vol. P/1982, 1873. Concepción se declaraba hijo de Francisco Herrera y Rosalía Sánchez; había nacido en 1849.

[18]             AMS, Padrones, vol. P/3646, 1900.

[19]             AMS, Padrones, vol. P/3755, 1902.

[20]             AMS, Padrones, vol. P/3692, 1901. Precisamente Guillermo Muñiz también se había mudado al número treinta y tres de la calle Busto Tavera, antigua Borceguinería.

[21]             AMS, Padrones, vol. P/3784, 1902. Hasta aquí les hemos podido seguir la pista. En 1905 ya se habían vuelto a cambiar de domicilio.

[22]             ARROYO NAVARRO, Francisco: Historia de la Parroquia de Valverde del Camino. Una espiritualidad y un esfuerzo, 1989.

[23]             Libro de Acuerdos de la Cofradía de la Buena Muerte. Archivo de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Mª Santísima de los Dolores. 

[24]             Libro de Acuerdos de la Cofradía de la Buena Muerte. Archivo de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Mª Santísima de los Dolores.

[25]             Libro de Acuerdos de la Cofradía de la Buena Muerte. Archivo de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Mª Santísima de los Dolores

[26]             Así lo demuestra tanto la documentación que ahora aportamos como la unidad compositiva de las piezas.

[27]             Hemos de agradecer a ella y a sus hijas el mimo y cuidado con que  cuidan y custodian estas piezas casi únicas.

[28]             Archivo Histórico Diocesano de Huelva, Priorato de Ermitas, Caja 516, s/f.

[29]             No nos cabe duda de que probablemente debió existir en fecha anterior una hermandad del Nazareno en Valverde, habida cuenta de la antigüedad de la imagen y de la devoción que despertaba en la localidad. Futuras investigaciones que estamos llevando a cabo nos terminarán de aclarar este y otros aspectos de la religiosidad popular valverdeña.

[30]             NAVARRO MÁRQUEZ, Núria María y ESPINOSA DE LOS MONTEROS SÁNCHEZ, Francisco: “Los orígenes de la Hermandad de los Blancos. La fundación de la VOT Servita de Valverde del Camino”, en Boletín Extraordinario de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Mª Santísima de los Dolores, 2013.

[31]             ARROYO NAVARRO, Francisco: Historia de la Parroquia de Valverde del Camino. Una espiritualidad y un esfuerzo, 1989.

[32]             ARROYO NAVARRO, Francisco: Historia de la Parroquia de Valverde del Camino. Una espiritualidad y un esfuerzo, 1989.

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