Impacto del Superniño podría durar décadas, advierte Mario Picazo

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Un episodio de El Niño más intenso de lo habitual podría empezar a notarse en 2026 y prolongarse hasta 2027, según advertencias recientes de expertos meteorológicos. El asunto importa ahora porque esas anomalías térmicas en el Pacífico tienen capacidad para modificar patrones climáticos globales y, por tanto, las condiciones que afectarán a campos, ciudades y servicios durante los próximos años.

Qué se entiende por un «súper El Niño» y por qué importa

El término describe un episodio del ciclo ENSO (El Niño–Oscilación del Sur) en el que las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan mucho más de lo habitual. Ese calor extra no queda en el océano: parte pasa a la atmósfera y altera la circulación global, con repercusiones en lluvias, vientos y temperaturas a gran escala.

El meteorólogo Mario Picazo ha señalado públicamente que las actuales proyecciones internacionales apuntan a un calentamiento relevante del Pacífico entre 2026 y 2027, y que ese calentamiento podría alcanzar valores asociados a los eventos más potentes del último medio siglo. Varias instituciones científicas manejan escenarios en los que las anomalías de temperatura superficial serían del orden de 2–3 °C en algunas áreas del Pacífico ecuatorial, un umbral que eleva el episodio a la categoría de “súper”.

Es importante subrayar la incertidumbre: aún faltan meses para que el fenómeno se desarrolle plenamente y las predicciones pueden ajustarse. Las teleconexiones de ENSO no actúan de inmediato; sus efectos suelen manifestarse con cierto retraso y varían según la región.

Implicaciones prácticas para los próximos años

Un episodio fuerte de El Niño no tiene un único efecto homogéneo: cambia la frecuencia y la intensidad de fenómenos meteorológicos en distintos lugares. Para lectores y responsables locales, esto significa que conviene prepararse para mayor variabilidad y para un incremento de riesgos climáticos en diversas áreas.

  • Temperaturas globales: un episodio intenso suele empujar al alza las medias anuales; 2026 y 2027 podrían estar entre los años más cálidos registrados si el evento alcanza la intensidad prevista.
  • Patrones de precipitación: la alteración de la circulación atmosférica puede modificar la posición de borrascas y anticiclones, con lluvias más abundantes en unas zonas y sequías en otras.
  • Eventos extremos: aumentaría la probabilidad de olas de calor en algunas regiones y de episodios lluviosos extremos en otras, con implicaciones para la agricultura y la gestión del agua.
  • Riesgo de incendios: condiciones más secas y calurosas en determinadas franjas incrementan la vulnerabilidad de los ecosistemas mediterráneos.
  • Impacto socioeconómico: desde la demanda energética y la salud pública hasta la logística y el turismo, los sectores sensibles al clima deberán vigilar las previsiones estacionales.

¿Qué puede esperarse en España a corto plazo?

Las agencias meteorológicas nacionales, incluida la AEMET, mantienen cautela ante la evolución del fenómeno. Para fechas concretas a corto plazo —como el puente de mayo— la incertidumbre persiste: no es habitual que señales de un evento tan lejano definan con claridad el tiempo de un fin de semana, pero sí se deben seguir las actualizaciones porque las condiciones pueden cambiar con rapidez.

En términos generales, algunas zonas del sur de la península pueden experimentar periodos de cielo despejado y vientos moderados, mientras que áreas muy localizadas —por ejemplo, en torno al Estrecho— podrían registrar episodios de precipitación débil. Sin embargo, esos contrastes responden a la dinámica meteorológica habitual de primavera y no constituyen, por sí solos, una confirmación del impacto a largo plazo del próximo El Niño.

Los expertos recomiendan a la población y a las autoridades:

  • Seguir los avisos oficiales de la AEMET y de los servicios de emergencia.
  • Planificar con horizonte estacional en sectores sensibles (agricultura, gestión del agua, salud pública).
  • Actualizar planes de contingencia frente a olas de calor y lluvias intensas.

En perspectiva, la posible llegada de un súper El Niño subraya la importancia de combinar vigilancia científica continua con medidas de adaptación. A corto plazo, conviene consultar las previsiones periódicas; a medio plazo, la sociedad y las administraciones deberán prestar atención a cómo se van materializando las tendencias que hoy señalan los modelos.

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