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El fenómeno de El Niño ya está presente en el Pacífico y los centros meteorológicos advierten que su desarrollo podría ser más intenso de lo habitual, con consecuencias que podrían mantenerse durante meses. Este avance obliga a prestar atención inmediata: lo que ocurra en los próximos meses influirá en patrones climáticos que afectan al Mediterráneo y a gran parte de Europa.
Lo que señalan las observaciones y los modelos
Observatorios internacionales y la AEMET han detectado una bolsa de aguas anómalamente cálidas bajo la superficie del Pacífico ecuatorial. El debilitamiento de los vientos alisios ha facilitado que ese calor ascienda a la capa superficial, acelerando la señal oceánica.
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Los sistemas de predicción coinciden en que existe una probabilidad elevada de que este episodio evolucione hasta una fase de gran intensidad en otoño e invierno de 2026-2027. Según las últimas proyecciones, la posibilidad de un evento catalogado como “muy fuerte” se sitúa aproximadamente en torno al 63%, con escenarios que evocan episodios históricos como los de 1982-83, 1997-98 y 2015-16.
Cómo puede repercutir en España y Europa
Aunque la influencia de El Niño sobre Europa es más débil que en otras regiones por la distancia al Pacífico, un episodio excepcional puede modular la circulación atmosférica global y elevar la probabilidad de patrones poco habituales.
- Temperaturas: aumenta la probabilidad de que amplias zonas europeas presenten temperaturas superiores a la media, sobre todo en episodios muy intensos.
- Precipitación y borrascas: pueden alterarse las rutas habituales de las borrascas, lo que a su vez modifica la distribución de lluvias —aunque los efectos locales varían según la región y la temporada.
- Corriente en chorro: cambios en el chorro polar podrían influir en la llegada de sistemas atlánticos a la península, con efectos sobre viento y precipitación en puntos concretos.
- Riesgos acumulativos: la combinación de temperaturas elevadas y variaciones en la pluviometría incrementa la vulnerabilidad de sectores como la agricultura y los ecosistemas, así como el riesgo de incendios en meses secos.
Plazos y probabilidades
Los plazos que señalan los modelos permiten establecer un marco temporal relativamente claro:
- Primavera-verano 2026: señales oceánicas y atmósfera en fase de consolidación.
- Otoño-invierno 2026-2027: ventana con mayor probabilidad de alcanzar intensidad máxima; modelos indican una probabilidad elevada (alrededor del 63%) de un episodio muy fuerte.
- Consecuencias a corto y medio plazo: variaciones en patrones estacionales y efectos acumulativos sobre recursos hídricos y agricultura.
No todos los impactos se manifestarán de forma uniforme ni inmediata; algunas alteraciones pueden persistir y dejar una huella en sistemas naturales y socioeconómicos, especialmente si coincidieran con otros factores adversos.
En las próximas semanas será decisivo seguir las actualizaciones de la AEMET y de los centros internacionales para precisar la magnitud del fenómeno y ajustar la evaluación de riesgos. Los datos que lleguen ahora marcarán la agenda climática del año que viene.












