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Mientras la atención en Flushing Meadows se concentra en los partidos, algunas figuras optan por escapar del bullicio: Carlos Alcaraz pasó un día como turista en Nueva York en lugar de entrenar, una muestra más de la atracción que genera fuera de las pistas. Ese gesto y otras decisiones de jugadores como Alexander Zverev o Ben Shelton influyen tanto en la logística del torneo como en la experiencia del público.
Alcaraz aprovechó la pausa para pasear por el barrio de Chelsea, donde recorrió espacios menos transitados por los aficionados y su equipo estiró en un entorno urbano. En el lateral de la Novena Avenida llamó la atención un monumento de bronce de 1921 dedicado a los soldados de la Primera Guerra Mundial, conocido localmente como Chelsea Doughboy.
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Su itinerario incluyó también una visita al nuevo parque flotante de la ciudad, un guiño a la creciente tendencia de jugadores que combinan preparación con descanso mental y turismo ligero durante los grandes torneos.
Rutinas nocturnas y gestión del descanso
El caso de Alexander Zverev contrasta con la mayoría: hasta ahora ha disputado sus encuentros en la sesión nocturna y su quinto partido en cuartos también está programado para la noche. La razón no es capricho: en citas de Grand Slam ha afirmado necesitar entre diez y once horas de sueño, por lo que jugar tarde le permite conciliar su horario ideal y reducir compromisos públicos.

Al elegir la franja nocturna, Zverev minimiza las ruedas de prensa formales y suele limitar sus apariciones a breves declaraciones en la zona mixta, un patrón que altera la rutina habitual de prensa y de aficionados.
Influencers y espectáculo: una tendencia en alza
La presencia de creadores de contenido en los torneos deja ver distintas respuestas institucionales. Wimbledon ha mostrado resistencia a integrar perfiles populares sin trayectoria tenística, mientras que la ATP dio un paso en 2025 en Turín al invitar a una primera remesa de creadores —once en aquel evento—. En el US Open esa cifra se amplió notablemente hasta rondar el centenar, reflejando el gusto por ampliar el alcance mediático en territorio estadounidense.
El aumento no está exento de debate: mientras algunos organizadores buscan conectar con audiencias jóvenes, críticos advierten sobre el riesgo de diluir el foco deportivo en favor del espectáculo.
- Alcaraz: combina descanso y visibilidad pública; su presencia fuera de pista atrae audiencias.
- Zverev: prioriza el sueño y elige la sesión nocturna para optimizar su rendimiento y agenda.
- Influencia digital: el US Open amplió la entrada de creadores de contenido, lo que genera tensión entre tradición y modernización.
- Ben Shelton: exhibió un servicio potente —registrando hasta 233 km/h en su partido de cuartos— pero no pudo convertir esa velocidad en la victoria.
En la parcela publicitaria, el equipo de Alcaraz también es visible: su vestimenta muestra varios patrocinadores internacionales que acompañan al jugador en su tránsito por Nueva York, con marcas que ajustan su denominación según la región.
La combinación de rutinas personales, intereses comerciales y la presencia de figuras públicas fuera de la pista dibuja un torneo que no sólo se mide por resultados deportivos, sino también por cómo se gestionan la imagen y el descanso de los protagonistas. Para el espectador, entender estas dinámicas ayuda a contextualizar decisiones que, en apariencia, parecen anecdóticas pero terminan afectando horarios, transmisiones y la cobertura mediática del evento.












