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A simple vista parece una planta decorativa: hojas carnosas, flores vistosas y un hábito rastrero que embellece acantilados y jardines costeros. Pero esa apariencia amable oculta a una especie catalogada por las autoridades españolas como una amenaza para los ecosistemas marinos y litorales.
Se trata de Carpobrotus edulis, conocida en la calle como uña de gato o hierba del cuchillo, originaria del sur de África y presente en España desde hace más de un siglo tras su introducción como planta ornamental.
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Costas españolas dañadas por planta de bonitas flores que desplaza a la flora nativa
Cómo invade el litoral
Sus tallos pueden recorrer varios metros y enraizar en cada nudo, formando extensas colonias que actúan como tapices. Esa estructura continua, sumada a su tolerancia a la salinidad, al sol intenso y a la sequía, facilita su dominio en zonas costeras donde otras especies no pueden competir.

El problema no es sólo estético: la capacidad de Carpobrotus para cubrir el suelo modifica la composición y la densidad de la flora autóctona, altera las propiedades del terreno y dificulta la regeneración de comunidades vegetales típicas de playas, dunas y acantilados.
- Origen: región del Cabo (Sudáfrica).
- Vía de introducción: uso hortícola y ornamental.
- Hábitats afectados: dunas, arenales, roquedos y acantilados costeros.
- Riesgo: erosionamiento de la diversidad nativa y complicaciones para la recuperación natural.
Acciones recientes y dificultades para erradicarla
En febrero de 2026 el Ministerio para la Transición Ecológica incluyó actuaciones específicas para eliminar estas poblaciones en varias zonas del litoral del Mar Menor y del Mediterráneo. Los planes combinan desbroce manual o mecánico con la reintroducción de vegetación autóctona, y exigen repetición de las labores durante años para evitar rebrotes.

Erradicar la uña de gato es exigente: fragmentos de tallo pueden rebrotar, y las colonias densas protegen a las plantas de tratamientos puntuales. Por eso los técnicos insisten en que los trabajos deben ser continuos y adaptados a cada tipo de costa.
Qué significa esto para quienes frecuentan la costa
La presencia de esta especie cambia el aspecto y la función de las playas y sistemas dunares. Para bañistas, senderistas y gestores locales implica menos diversidad vegetal y mayores esfuerzos de restauración. Para los jardineros, la lección es clara: elegir plantas nativas evita contribuir involuntariamente a la expansión de invasoras.
A continuación, recomendaciones prácticas si detecta esta planta en un tramo costero:
- No arranque ni replante fragmentos sin asesoramiento; los trozos pueden regenerarse.
- Fotografíe la ubicación y contacte con el ayuntamiento o con el servicio de medio ambiente autonómico.
- Evite su uso en jardines cercanos al litoral y prefiera especies autóctonas.
- Si participa en limpiezas o restauración, siga las indicaciones de los técnicos responsables.
La atención pública también ha aumentado por vídeos divulgativos que han mostrado la planta en playas y acantilados, lo que ha impulsado avisos y trabajos de control. La paradoja es que su valor ornamental —flores atractivas y resistencia— fue la causa misma de su expansión.
En perspectiva, controlar a Carpobrotus edulis exige esfuerzos prolongados y coordinación entre administraciones, técnicos y ciudadanos. Para las comunidades costeras, la prioridad es detener nuevas plantaciones y respaldar proyectos de restauración que permitan recuperar la vegetación nativa y la funcionalidad de los ecosistemas litorales.
Si cree haber localizado una colonia, notifíquelo cuanto antes a las autoridades ambientales locales; identificar y actuar a tiempo reduce costes y mejora las probabilidades de restauración a largo plazo.











