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Juan Bengoechea, comandante del Ejército del Aire y piloto de Eurofighter, ha descrito recientemente cómo se preparan física y mentalmente quienes vuelan aviones de combate y por qué esa preparación importa hoy, tanto para la seguridad nacional como para las familias de los tripulantes. Sus declaraciones ofrecen una ventana directa sobre el proceso de selección, la exigencia física y el apoyo psicológico que sostienen la operatividad de la fuerza aérea.
Selección y recorrido profesional
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Bengoechea recuerda que su acceso a la aviación militar fue el resultado de un proceso extremadamente competitivo. En la convocatoria a la que se presentó había miles de candidatos para unas plazas limitadas en las Fuerzas Armadas; solo una pequeña fracción accede finalmente al entrenamiento de vuelo de combate. Según explica, de las promociones que se forman cada año, salen alrededor de una decena de pilotos de caza.

Tras superar las pruebas iniciales, eligió especializarse en el Eurofighter y realizó el curso específico en la base de Morón de la Frontera, un periodo de casi un año que concentra instrucción técnica y práctica. En España, los candidatos suelen optar entre dos plataformas principales para el combate: el F-18 o el Eurofighter, cada una con rutas formativas distintas.
Preparación física: fundamento operacional
El comandante subraya que la condición física no es solo estética ni orientada al rendimiento general: es un elemento de supervivencia. Mantiene una rutina de entrenamiento intensa, de cinco a seis sesiones semanales, y apunta a niveles de grasa corporal que favorezcan la resistencia y la capacidad de soportar las fuerzas que actúan en vuelo.

Una parte clave de esa preparación es el desarrollo de masa muscular para mejorar la tolerancia a las fuerzas G. Al contraer los músculos, se produce una compresión de los vasos periféricos que reduce el desplazamiento de la sangre hacia las extremidades y ayuda a prevenir la pérdida de conciencia durante maniobras de alta aceleración (fenómeno conocido como G-LOC).
Salud mental y rutinas de trabajo
Además del fitness, Bengoechea destaca la atención a la salud psicológica como pilar del desempeño. Antes y después de cada vuelo, las tripulaciones realizan sesiones informativas de larga duración en las que se comparten impresiones, se revisan procedimientos y se evalúan factores humanos que puedan afectar la misión.
El trabajo con equipos de apoyo es habitual: él menciona su relación con un psicólogo profesional y la existencia de dinámicas grupales para abordar cansancio, estrés o estados de ánimo que puedan interferir en la misión. Según su relato, gestionar estos aspectos de forma abierta y protocolizada contribuye a mantener la operatividad y la seguridad.
La implicación familiar también aparece como un desafío recurrente. Reconoce que las personas queridas sufren preocupaciones legítimas, pero subraya que la formación, los controles y la cultura de seguridad en la Fuerza Aérea ayudan a limitar los riesgos en la práctica.
- Acceso riguroso: procesos con miles de aspirantes y pocas plazas que generan promociones reducidas de pilotos de caza.
- Formación especializada: cursos de varios meses en bases como Morón de la Frontera, diferenciados según el avión (F-18 o Eurofighter).
- Preparación física: entrenamientos orientados a fuerza e hipertrofia para mejorar la tolerancia a las fuerzas G y prevenir pérdida de conciencia.
- Apoyo psicológico: briefings de vuelo, trabajo en equipo y acceso a psicólogos para gestionar estrés y fatiga.
- Impacto familiar: equilibrio entre la aceptación del riesgo profesional y la necesidad de comunicación y control de seguridad.
Las declaraciones de Bengoechea sirven para recordar que la capacidad operativa de la aviación militar no depende solo de la tecnología, sino también de la selección, la preparación física y el soporte mental de quienes la operan. Para responsables de defensa, reclutamiento y salud ocupacional, esos elementos siguen siendo prioridades que influyen directamente en la eficacia y la seguridad del servicio.











