El documental Ser yo, dirigido por Sergio Peris-Mencheta, se estrenó este sábado en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) y plantea una lectura distinta sobre la enfermedad: no tanto una crónica del sufrimiento como un proceso de recuperación impulsado por la creatividad. La película surge del propio tratamiento del actor contra la leucemia y plantea preguntas sobre el papel del arte en la salud y la visibilidad pública de las enfermedades graves.
Peris-Mencheta transformó en material cinematográfico las grabaciones iniciadas desde una habitación de hospital, donde comenzó a filmar con su móvil durante las sesiones oncológicas. Lo que empezó como registros íntimos se convirtió en un proyecto colectivo que el actor describe como determinante para su ánimo y su recuperación.

La dirección se repartió entre tres manos: Peris-Mencheta, su compañera Marta Solaz —actriz y segunda directora— y la cineasta Verónica Díez, que siguió el proceso desde Madrid a distancia. Esa estructura tripartita combina el testimonio personal con la mirada externa, y da forma a un relato que mira hacia la sanación sin el tono de la autocompasión.
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Leucemia: Sergio Peris-Mencheta narra su lucha en un documental
- Estreno: Seminci (Valladolid), estreno mundial.
- Temática: proceso de tratamiento y recuperación frente a la leucemia.
- Dirección: Sergio Peris-Mencheta, Marta Solaz y Verónica Díez.
- Origen del material: grabaciones realizadas en el hospital, registros personales y rodaje conjunto.
- Objetivo editorial: mostrar la creatividad como herramienta terapéutica y generar conversación pública.
En la rueda de prensa posterior al pase, Peris-Mencheta comentó que el trabajo creativo le ofreció un propósito durante el tratamiento y actuó como un motor para mantenerse activo. Solaz, que acompañó la grabación y asumió responsabilidades de dirección, observó cómo los ensayos y la práctica artística devolvían al actor una sensación de normalidad y control.
Desde Madrid, Díez relata una experiencia de incertidumbre: filmar sin saber el desenlace personal ni cinematográfico y hacerlo sin presiones ajenas al propio grupo. Esa libertad —dice— permitió abordar el material con honestidad y sin una agenda externa, algo que se percibe en el tono directo del metraje.
Más allá de la historia personal, Ser yo plantea implicaciones para el público y para el sector cultural. La película llega a un festival que habitualmente visibiliza cine de autor y, con ello, ofrece un espacio para debatir la relación entre arte y salud. Para espectadores que han vivido enfermedades propias o en el entorno familiar, el film puede conectar por su franqueza y su enfoque en la recuperación.

La fusión entre testimonio íntimo y lenguaje documental también abre grietas en la narrativa convencional sobre el padecimiento: evita el melodrama y prioriza la observación de procesos, los rituales diarios y las pequeñas escenas que, según sus creadores, alimentaron la resiliencia del protagonista.
Proyección en festivales, posibles pases en salas y sesiones con profesionales de salud o arte-terapia son trayectorias probables para un título que ya ha comenzado a circular en la agenda cinematográfica. Mientras tanto, el estreno en la Seminci coloca a Ser yo en el debate público sobre cómo se narra la enfermedad y quién tiene voz en esas historias.











