Mostrar resumen Ocultar resumen
La artrosis de rodilla afecta a millones de personas y su impacto va más allá del desgaste del cartílago: el dolor puede responder tanto a procesos inflamatorios como a la pérdida de tono muscular asociada al sedentarismo y otros hábitos cotidianos. Comprender esas causas es clave para elegir tratamientos que reduzcan las molestias sin recurrir inmediatamente a la cirugía.
¿Qué está ocurriendo en la articulación?
Según el fisioterapeuta Pedro Azañón, la artrosis no es sólo un «desgaste irreversible»: es un proceso degenerativo con componentes mecánicos y biológicos. Además del deterioro del cartílago, factores como la inflamación de la membrana sinovial, la debilidad muscular y la alteración del movimiento pueden amplificar la sensación de dolor.
Fuerzas Armadas: calendario del desfile del sábado y actos del domingo en Vigo (DIFAS 2026)
Expertos: la inteligencia artificial revoluciona el sonido y el criterio humano sigue clave
La falta de actividad física —la llamada inactividad— suele agravar el problema. Músculos menos fuertes no protegen adecuadamente la rodilla, se alteran los patrones de carga y la articulación termina sufriendo más. Por eso, el abordaje no puede limitarse a tratar los síntomas aislados.
Qué recomienda un fisioterapeuta
Azañón destaca que la fisioterapia juega un papel central: no sólo alivia el dolor a corto plazo, sino que busca mejorar la función y retrasar la progresión del deterioro. Intervenciones como ejercicios de fortalecimiento, reeducación de la marcha y técnicas manuales están entre las herramientas que suelen emplearse.
- Ejercicio terapéutico: rutinas específicas para reforzar cuádriceps, glúteos y core, que mejoran la estabilidad de la rodilla.
- Movilización y trabajo manual: reducen rigidez y promueven una mejor biomecánica articular.
- Control del dolor: estrategias combinadas que pueden incluir técnicas físicas, educación del paciente y, cuando procede, medicación bajo supervisión médica.
- Ajustes del hábito diario: cambios en la actividad, control de peso y adaptación de tareas que disminuyan la carga repetida sobre la rodilla.
Estas medidas suelen combinarse según el cuadro clínico y las necesidades de cada persona. El objetivo es recuperar capacidad funcional y minimizar episodios agudos que requieran intervenciones más agresivas.
Signos que aconsejan consultar con un especialista
Busque evaluación si el dolor limita actividades cotidianas, aparece hinchazón persistente, hay bloqueo articular o la medicación habitual deja de ser eficaz. Un profesional podrá diferenciar si el origen principal es articular, muscular o incluso referido desde la cadera o la columna.
En casos avanzados, cuando las medidas conservadoras no mejoran la calidad de vida, existen opciones quirúrgicas. Sin embargo, Azañón subraya que muchas personas mejoran considerablemente con planes de fisioterapia personalizados y cambios en el estilo de vida.
En resumen: la artrosis de rodilla es un proceso complejo y multifactorial. Identificar si el dolor procede de inflamación, debilidad por inactividad u otros factores vinculados al estilo de vida permite diseñar estrategias realistas y eficaces para reducir el malestar y mantener la movilidad.












