20% del ganado vacuno en riesgo por olas de calor en 2050

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Un nuevo estudio europeo pone en alerta al sector ganadero: las olas de calor vinculadas al cambio climático podrían someter a niveles críticos de estrés térmico a hasta una quinta parte del ganado vacuno de la Unión Europea para 2050. El impacto, según los investigadores, será especialmente intenso en países del sur y en explotaciones con animales confinados, y supone un riesgo tangible para la producción de alimentos y el bienestar animal.

Proyecciones y cifras clave

El trabajo, elaborado por el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), combina escenarios climáticos y modelos de producción para estimar cómo variará la exposición al calor en la cabaña bovina europea. Según las proyecciones, entre 6,2 y 13,7 millones de animales —el equivalente al 11–22 % de la cabaña actual— podrían experimentar al menos quince días adicionales de condiciones de ola de calor hacia 2050, dependiendo de la trayectoria de emisiones.

La vulnerabilidad no es homogénea: los sistemas de pastoreo muestran una menor exposición relativa (entre el 4,5 % y el 12 % de bovinos), mientras que las explotaciones con animales estabulados sin salida al exterior podrían ver porcentajes de entre el 18 % y el 35 %.

Por qué importa ahora

Las consecuencias trascienden el calor puntual: el estrés térmico reduce la ganancia de peso, baja la producción de leche y puede aumentar la mortalidad en episodios extremos. Además, las olas de calor también afectan la producción de forraje, complicando la alimentación del ganado y encareciendo insumos.

  • Producción alimentaria: menor rendimiento de leche y carne, con posible impacto en disponibilidad y precios.
  • Bienestar animal: aumento de enfermedades relacionadas con el calor y mayores requerimientos de manejo.
  • Costes y adaptación: inversiones en sombra, refugios, ventilación y refrigeración que muchas granjas no pueden afrontar rápidamente.
  • Emisiones y políticas: el sector ganadero es relevante en la huella climática agrícola, por lo que cambios en manejo pueden influir en objetivos climáticos.

Regiones y sistemas más afectados

Los investigadores identifican un riesgo especialmente alto en el sur de Europa —España, Italia, Grecia— y en partes del sureste y centro-este (Rumanía, Bulgaria, Eslovenia). Allí, las temperaturas proyectadas y la estructura productiva crean una combinación que eleva la probabilidad de estrés térmico severo.

En explotaciones intensivas, donde el ganado permanece en establos sin acceso constante a condiciones externas, la falta de ventilación natural y de espacios sombreados multiplica la exposición. Por el contrario, los sistemas extensivos pueden mitigar en parte ese riesgo, aunque la reducción de forraje por sequías complica la ecuación.

Qué medidas son viables —y sus límites

Los autores del estudio advierten que la adaptación exigirá una mezcla de prácticas y recursos. Entre las medidas que suelen proponerse están la creación de sombra en pastos mediante setos o árboles, la construcción de refugios temporales, y la modernización de instalaciones con sistemas de ventilación y enfriamiento.

Sin embargo, estas soluciones tienen costes y no se pueden aplicar de forma idéntica en los Alpes, el arco atlántico o el Mediterráneo. Además, en algunos contextos intensivos la adaptación puede implicar cambios estructurales, como la reducción de efectivos o la modificación del modelo productivo.

Perspectiva de política y sector

Los responsables del estudio—entre ellos Žiga Malek y Lida See—insisten en que la ventana para actuar es ahora: intervenciones tempranas y gradualistas facilitan la transición hacia una ganadería más resiliente y menos dañina para el clima. La elección entre invertir en adaptación o enfrentar pérdidas productivas y daños al bienestar animal tendrá consecuencias económicas y sociales en zonas rurales.

Si no se adoptan medidas coordinadas, advierten los investigadores, será más complicado cumplir a la vez los objetivos de suministro alimentario, protección del clima y bienestar animal.

En definitiva, la combinación de olas de calor más frecuentes y una cabaña parcialmente vulnerable sitúa al sector vacuno europeo ante una prueba operativa y política: adaptarse para mantener producción y bienestar, o asumir un coste creciente en términos de pérdidas, inversiones tardías y posibles ajustes estructurales.

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