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A punto de cumplir cien años, Montserrat Torrent continúa en activo y mantiene una disciplina sorprendente: practica exactamente cuatro horas diarias. Su trayectoria no solo recuerda el pasado musical de Barcelona, sino que hoy resulta decisiva para la recuperación y difusión del repertorio de órgano en España.
Su vocación surgió en una iglesia de Santa Coloma de Farners, al escuchar una fuga de Bach; aquella experiencia inclinó su vida hacia los teclados de tubos. Nacida en Barcelona en 1926, recibió las primeras lecciones en casa: su madre había sido alumna de Enrique Granados, y esa herencia pianística marcaría su sensibilidad musical antes de trasladarse al órgano.
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Tras estudiar en la Academia Marshall y en el Conservatorio Municipal de Barcelona, Torrent amplió su formación fuera de España gracias a becas. Trabajó en París con Noëlie Pierront y viajó a Siena para perfeccionarse con maestros como Ferdinando Germani y Helmuth Rilling. En 1958 ganó por oposición la cátedra de órgano del Conservatorio Municipal de Barcelona, cargo desde el que ejerció la docencia durante más de tres décadas.
Su carrera se desarrolló en un contexto en el que el órgano estaba relegado al servicio litúrgico. Ella lo impulsó hacia la sala de conciertos, explicando el instrumento y su repertorio al público y defendiendo una tradición musical que corría riesgo de desaparecer.
Discografía, recuperación del repertorio y una intérprete que sigue adelante pese a la pérdida de audición
Torrent fue pionera en la recuperación del barroco ibérico: puso en circulación obras de autores como Joan Baptista Cabanilles y Francisco Correa de Arauxo, hasta entonces poco atendidas. Su labor discográfica incluye el Grand Prix du Disque Charles Cros de 1965 por la grabación dedicada a Cabanilles y una integral de Correa que la acompañó durante décadas.
Hace años que no oye con claridad, pero no dejó de tocar. Describe cómo percibe las notas a través de las vibraciones del instrumento y del propio cuerpo; una forma de interpretación en la que la memoria, la técnica y la sensación física reemplazan al oído.
Legado pedagógico y reconocimiento
Como docente creó una escuela de órgano con influencia nacional: sus alumnos ocupan hoy posiciones relevantes en conservatorios y catedrales. Entre sus discípulos se cuentan nombres que han llevado su filosofía interpretativa a distintas generaciones.
- 1958: Cátedra de órgano del Conservatorio Municipal de Barcelona.
- 1965: Grand Prix du Disque Charles Cros por repertorio de Cabanilles.
- Proyectos: Integral de la obra de Correa de Arauxo, extendida a lo largo de décadas.
- Premios y distinciones: Premio Nacional de Música, Cruz de Sant Jordi, Honoris Causa por la UAB.
- Docencia: Formadora de organistas como Juan de la Rubia, Roberto Fresco, David Malet y Andrés Cea.
- Reconocimiento local: El órgano del oratorio de Sant Felip Neri de Barcelona lleva su nombre, fruto de su impulso y esfuerzo por recuperar el instrumento en la ciudad.
Más allá de galardones, la huella de Torrent se mide en la persistencia del repertorio y en una pedagogía que ha garantizado continuidad. Su empeño para restaurar y situar el órgano en la vida cultural de Barcelona exigió años de gestión y financiación; la perseverancia fue tan decisiva como su competencia musical.
Ella se define como “peregrina perpetua de la música” y afirma que solo la detendrá la muerte. A sus cien años, esa afirmación tiene la autoridad de la experiencia: no es mera retórica, sino la constatación de una vida dedicada a tocar, enseñar y custodiar un patrimonio sonoro.
La celebración de su centenario es, además de un homenaje personal, una ocasión para recordar por qué su trabajo importa hoy: sin su tarea muchas páginas del barroco ibérico habrían quedado en el anonimato y buena parte de la práctica organística contemporánea en España habría seguido siendo marginal.
Cuando se hable de la tradición del órgano en Cataluña y en España en las próximas décadas, el nombre de Montserrat Torrent aparecerá ligado a la conservación, la enseñanza y la divulgación. Y por ahora, mientras siga con sus rituales de estudio, su ejemplo plantea una pregunta relevante para músicos y público: ¿cómo preservamos y actualizamos el patrimonio musical sin convertirlo en museo?












