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El viaje que Juan Goytisolo realizó a finales de los años cincuenta por lo que hoy es el parque natural del Cabo de Gata‑Níjar sigue ofreciendo claves sobre la transformación del territorio: de la dureza social y la actividad minera a la industria turística, la agricultura intensiva y la protección ambiental. Revisar esa ruta ahora permite entender conflictos actuales —patrimonio, economía y conservación— y ver cómo lugares apenas cambiados conviven con paisajes que se reinventaron por completo.
Un trayecto que quedó en papel
Goytisolo recorrió la comarca acompañado por el joven Vicente Aranda, quien tomó fotografías que terminaron ilustrando ediciones posteriores de Campos de Níjar. El libro no solo describió paisajes y penurias laborales, sino que trazó un itinerario que hoy puede seguirse con bastante fidelidad.
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Reproducir exactamente aquel periplo es más difícil: los autores se movieron en autobuses improvisados, hicieron autostop, caminaron por senderos agobiados por el sol y subieron a vehículos de trabajadores de las explotaciones mineras. Esa mezcla de azar y austeridad marca la distancia con la experiencia turística actual.
Paradas imprescindibles
- Tabernas y Almería: el paso por el desierto de Tabernas deslumbró a Goytisolo; la ciudad, con su mezcla cultural, le pareció ya entonces «medio insular, medio africana».
- Rodalquilar: antiguo núcleo minero; parte de la maquinaria y las instalaciones se recuperaron para el Ecomuseo Casa de los Volcanes, que explica la geología y la historia minera local.
- Níjar: conserva talleres de cerámica tradicionales y un paseo costero que aún suscita relatos y leyendas sobre la recepción a forasteros.
- Salinas del Cabo de Gata: montículos de sal que sirven como miradores, hábitat de flamencos y origen de una flor de sal reconocida por su calidad.
- Pozo de los Frailes y San José: lugares atravesados por la industria del cine; hoy combinan restauración patrimonial y oferta turística activa.
- Isleta del Moro y pueblos de pescadores: mantienen su estampa costera pero han ganado servicios y visitantes.
- Fernán Pérez y los cortijos: molinos y viviendas rurales recuperadas que funcionan ahora como alojamientos y memoria de otro modo de vida.
Minería, cine y turismo: tres capas visibles
En Rodalquilar permanecen vestigios de la explotación aurífera que marcó la economía local; muchas de esas infraestructuras han sido rehabilitadas y musealizadas. La presencia de rodajes internacionales —películas que décadas atrás convirtieron estos parajes en plató— dejó anécdotas que hoy circulan en las localidades, y un patrimonio intangible que atrae a visitantes.
El turismo transformó pueblos que Goytisolo describió como sumidos en la precariedad: San José, por ejemplo, es ahora un núcleo de oferta gastronómica y actividades de aventura; Isleta del Moro conserva el atractivo de sus puestas de sol y la actividad pesquera, pero ya no encaja con la imagen de abandono que plasmó el escritor.
La agricultura intensiva y el paisaje contemporáneo
Uno de los cambios más visibles desde entonces es la expansión de los invernaderos —el conocido «mar de plástico»— que hoy dominan amplias zonas del interior costero. Esa transformación ha generado riqueza y empleo, pero también debates sobre sostenibilidad, consumo de agua y modelo productivo.
En paralelo, las salinas siguen siendo un enclave clave para la biodiversidad: además de explotación comercial, ofrecen rutas guiadas que permiten observar colonias de flamencos y comprender el valor ecológico de las marismas.
Qué ver y por qué importa ahora
La ruta descrita por Goytisolo funciona hoy como un eje que conecta varias preocupaciones actuales: conservación de restos industriales, gestión del turismo, protección de hábitats y el impulso de economías locales. Para quien visite la zona, el recorrido ofrece tanto paisajes prácticamente inalterados como ejemplos de rehabilitación patrimonial y espacios convertidos en motor turístico.
- Patrimonio industrial: museos y senderos recuperan la memoria minera.
- Conservación: las salinas y algunos enclaves costeros son reservas para aves y especies endémicas.
- Transformación económica: el turismo y la agricultura intensiva han reconfigurado modelos de empleo y uso del territorio.
Mirada final
Seguir hoy los pasos de Campos de Níjar es leer una crónica sobre la memoria y, al mismo tiempo, observar un paisaje en constante negociación entre pasado y presente. La ruta permite comprobar qué se mantuvo, qué se recuperó y qué se transformó radicalmente; y sirve como aviso: los retos de conservación y desarrollo siguen vigentes.












