Hoy nadie es como parece y Fangoria asegura que nunca lo hemos sido

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Fangoria regresa con La verdad o la imaginación, un disco que plantea, sin grandilocuencias, hasta qué punto la ficción y la realidad se entrecruzan en nuestras vidas cotidianas. Ese cruce —y sus consecuencias para la memoria, la identidad y la información— es lo que hace urgente escuchar estas canciones en 2026.

Olvido Gara y Nacho Canut plantean el álbum como una reflexión práctica: la imaginación no es un escape puro, sino una reconstrucción de lo vivido; la ficción, por su parte, tiene su propio valor. Pero advierten del peligro cuando la ficción se impone como verdad compartida.

La construcción del yo

Para el dúo, la personalidad pública es una obra en curso. Canut recuerda decisiones visuales y estéticas tomadas hace décadas que ayudaron a fijar una imagen concreta; Gara añade que todos, de un modo u otro, vamos modelando cómo queremos ser vistos. No se trata tanto de engañar como de elegir qué parte de la realidad mostramos.

La conversación insiste en que la naturalidad aparente muchas veces necesita trabajo detrás: maquillaje, estilismo o guiones que hacen creíble una espontaneidad preparada. Esa tensión entre lo auténtico y lo fabricado atraviesa las letras del disco.

¿Está sobrevalorada la verdad?

El disco plantea, desde distintas voces, que la verdad puede convertirse en dogma cuando se impone sobre otras narrativas. Los miembros del grupo relativizan: la memoria traiciona, las imágenes son construcciones y, por eso, la desconfianza es comprensible. Pero advierten que el problema real es cuando las creencias de uno limitan la libertad de los demás.

En estos fragmentos aparecen además reflexiones sobre la ciencia contemporánea: la física cuántica surge como ejemplo de teorías que amplían horizontes, y, al mismo tiempo, alimentan debates sobre hasta dónde confiar en ciertos discursos científicos cuando se mezclan con interpretación pública.

  • Temas centrales: identidad, ficción versus realidad, memoria y poder.
  • Tono: irónico y reflexivo, sin solemnidad filosófica.
  • Enfoque musical: sonido de baile europeo que recupera atmósferas de finales de los 80 y principios de los 90.
  • Relevancia ahora: el álbum entra en diálogo con la crisis de la información y la proliferación de conspiraciones.

Conspiraciones, redes y tolerancia

Gara y Canut reconocen que hoy convive una fractura: personas que adoptan teorías alternativas a gran velocidad y otros que responden con escepticismo. Su postura es pragmática: tolerancia mientras no se trate de imponer creencias que recorten derechos o costumbres ajenas. Cuando la imposición aparece —insisten— es cuando hay que intervenir.

Ante fenómenos recientes de desinformación mediática o teorías marginales, el dúo propone una mezcla de distancia personal y protagonismo cívico: no es suficiente reírse o ignorar; hace falta pensar cómo dialogar sin renunciar a libertades básicas.

Inteligencia artificial y creatividad

Sobre la IA, Nacho admite usarla para tareas prácticas —buscar un restaurante abierto, por ejemplo—, pero la descarta como herramienta creativa fiable: según él, la producción automática suele devolver lugares comunes y letras previsibles. Para la pareja, la creatividad artística conserva una dimensión humana que la tecnología todavía no reproduce de manera convincente.

En la parte más íntima del álbum aflora también un humor heredado —referencias a costumbres y a un registro popular del pasado— que aporta calidez y contraste frente a los temas más filosóficos.

Sonido y sentido

Musicalmente, Fangoria apuesta por un pulso bailable teñido de melancolía; una lectura del baile como territorio para afirmar identidades y narrativas alternativas. Canut habla de una voluntad consciente de recuperar la estética de clubes y pistas europeas, en contraposición a modas latinas dominantes en el mercado actual.

El resultado es un disco que funciona en dos niveles: canciones pensadas para el club y, al mismo tiempo, pequeñas piezas de reflexión sobre cómo vivimos en la era de la circulación instantánea de imágenes e historias.

La verdad o la imaginación, en ese sentido, no es solo una declaración de intenciones artísticas: es una invitación a repensar qué aceptamos como real, qué preferimos recrear y qué estamos dispuestos a defender cuando las fronteras entre ambas se vuelven difusas.

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