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Un estudio reciente, que analiza más de dos décadas y más de 1.300 cuerpos de agua estacionales, concluye que el 22% de las lagunas temporales en España ha desaparecido. La pérdida, impulsada por la sequía ligada al cambio climático y por prácticas agrícolas intensivas, tiene efectos directos sobre la biodiversidad y la capacidad del paisaje para adaptarse a condiciones más secas.
Datos clave del estudio
Los investigadores emplearon imágenes de alta resolución para seguir la evolución de estas masas de agua cíclicas. La reducción detectada no es homogénea: afecta con más fuerza a zonas donde confluyen presión agrícola y estrés hídrico prolongado.
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| Ámbito | Muestra analizada | Periodo | Pérdida estimada |
|---|---|---|---|
| Península Ibérica | ~1.300 lagunas temporales | Más de 20 años | 22% de desaparición |
Factores que aceleran la desaparición
La investigación señala una combinación de presiones antrópicas y climáticas. Entre las causas principales figuran la intensificación agrícola —con procesos como la canalización de suelos o el arado de bordes— y la sobreexplotación de acuíferos, que reduce la capacidad de recarga natural.
También contribuyen la expansión urbanística, el paso de ganado y vehículos por los márgenes y el uso de agroquímicos, que alteran la calidad del agua y del sedimento. En conjunto, estas acciones modifican los ciclos naturales de inundación y sequía que sostienen especies especializadas.
Impactos sobre la naturaleza y los servicios ecosistémicos
La desaparición de estas lagunas afecta más que la cantidad de agua disponible: implica pérdida de hábitats, menos corredores ecológicos y menor resiliencia frente a episodios extremos.
- Reducción de biodiversidad: especies adaptadas a ciclos estacionales ven comprometida su reproducción.
- Fragmentación: menor conectividad entre humedales, limitando el movimiento de fauna.
- Menor capacidad de regulación: se reduce el almacenamiento temporal de agua y la filtración natural.
- Riesgo aumentado para actividades locales que dependen de estos ecosistemas estacionales.
Por qué muchas lagunas pasan desapercibidas
Su reducido tamaño y carácter temporal complican la detección mediante cartografías estándar. Algunas no llegan a figurar en inventarios oficiales y otras cambian con ciclos meteorológicos, lo que exige una monitorización más fina y frecuente.
La invisibilidad administrativa agrava la vulnerabilidad: sin reconocimiento formal es difícil aplicar medidas de conservación o incluirlas en redes de protección.
Medidas propuestas y quién debe actuar
El estudio plantea soluciones que combinan acciones técnicas, políticas y participación ciudadana. No se trata solo de conservar puntos concretos, sino de restablecer procesos hidrológicos y promover prácticas agrícolas compatibles con la conservación.
| Medida | Objetivo | Actores clave |
|---|---|---|
| Ampliar protección legal | Incluir lagunas pequeñas en redes oficiales | Administraciones locales y autonómicas |
| Mejorar monitorización | Detectar cambios tempranos mediante teledetección y muestreos | Centros de investigación y ONG |
| Incentivos agrícolas | Fomentar zonas de protección y prácticas menos invasivas | Agricultores y políticas agrarias |
La participación ciudadana y las plataformas de ciencia ciudadana pueden aumentar el registro de pequeñas masas de agua. Proyectos de restauración que recuperen la conectividad y la capacidad de retención mejorarán la resistencia del paisaje ante sequías futuras.
En resumen, el 22% de pérdida detectado es una señal de alerta con implicaciones prácticas: afecta a la conservación de especies, a la gestión del agua y a la adaptabilidad de territorios rurales. Revertir la tendencia exige combinación de regulación, ciencia y cambios en la gestión del suelo y del agua.












