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En Plasencia, investigadores y gestores territoriales han advertido esta semana que Extremadura entra en una fase de mayor vulnerabilidad ante incendios forestales de gran escala. La combinación de abandonamiento rural y olas de calor más intensas está creando condiciones donde los fuegos pueden crecer con rapidez y superar la capacidad de extinción actual.
El aviso principal llegó del profesor Fernando Pulido, director del Proyecto Mosaico de la Universidad de Extremadura, durante la jornada «Incendios: Prevención, Respuesta y Recuperación de los Territorios». Pulido subrayó que sin cambios de fondo la comunidad afronta veranos con mayor riesgo para habitantes, infraestructuras y economía local.
Por qué importa ahora
La urgencia no es teórica: los patrones climáticos recientes y episodios como el gran incendio entre Jarilla y el Valle del Jerte han mostrado que el sistema reacciona con dificultad frente a fuegos extensos. Para quien vive en el interior, esto se traduce en más alertas, posibles desalojo, subida de primas de seguros y pérdida de recursos naturales y turísticos.
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Factores que elevan la amenaza
Dos fuerzas se retroalimentan: por un lado, la disminución de actividades tradicionales —agricultura extensiva, pastoreo, aprovechamientos forestales— que mantenían el paisaje más fragmentado y con menos combustible. Por otro, el calentamiento y la mayor frecuencia de olas de calor que desecan la vegetación y amplifican la intensidad de los incendios.
El resultado son fuegos que pueden comportarse de forma impredecible, desplazarse a gran velocidad y, en ciertos episodios, generar su propia dinámica atmosférica.
Áreas especialmente vulnerables
| Comarca | Por qué preocupa | Medida prioritaria |
|---|---|---|
| Sierra de Gata | Elevada masa forestal y despoblación en zonas altas | Restauración de pastos y cortafuegos multifuncionales |
| Las Hurdes | Fragmentación de la gestión y acumulación de combustible | Proyectos de ganadería extensiva y aprovechamiento local de biomasa |
| Villuercas | Gran continuidad de masas arboladas | Manejo silvícola y desbroces programados |
| La Siberia | Zonas extensas con baja ocupación humana | Incentivos a la repoblación rural y vigilancia preventiva |
Qué propone el Proyecto Mosaico
Pulido y su equipo plantean transformar el paisaje para hacerlo menos propenso a la propagación: crear «mosaicos» productivos que alternen cultivos, pastizales y masas forestales gestionadas. La idea es sencilla en el papel pero exige políticas públicas sostenidas y participación local.
Entre las medidas concretas que promueven están la recuperación de usos tradicionales del monte, el impulso de la ganadería extensiva como herramienta de limpieza de combustible, plantaciones estratégicas y la gestión activa de la biomasa para usos energéticos o industriales.
Equilibrio entre prevención y extinción
En los últimos años se han incrementado recursos para extinción: más brigadas, mejores medios aéreos y mayor estabilidad laboral para los equipos. Sin embargo, los expertos coinciden en que esa inversión no compensa la falta de políticas preventivas a largo plazo.
Actuar sobre el territorio antes del fuego —mediante restauración de prácticas rurales, planificación territorial y financiación estable— reduce drásticamente la probabilidad y la severidad de los incendios extremos.
Cooperación transfronteriza
Responsables de la Associação Ibérica de Turismo do Interior, presentes en Plasencia, señalaron la necesidad de abordar el riesgo de forma conjunta con Portugal. El fenómeno no entiende de fronteras y la coordinación ibérica puede optimizar recursos, protocolos y estrategias de prevención.
- Impulso a la participación local: integrar a asociaciones agrarias, ganaderas y de turismo rural en proyectos de gestión.
- Financiación estable: planes multianuales que permitan continuidad en las intervenciones sobre el paisaje.
- Coordinación institucional: planes supramunicipales y cooperación entre administraciones.
La combinación de medidas técnicas, económicas y sociales es la que, según los especialistas, ofrece mayores garantías frente a un escenario climático que amplifica el peligro.
Si no se actúa ahora, el coste será mayor: no solo en recursos para extinción, sino en la pérdida de oportunidades económicas rurales, mayor fragilidad de ecosistemas y mayor riesgo para la seguridad de la población.
La advertencia de esta semana en Plasencia debe entenderse como un llamado a reorientar políticas: pasar de una gestión reactiva a una que priorice la prevención, la recuperación de actividades rurales y la adaptación al nuevo clima mediterráneo.












