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La nueva puesta en escena de Cucaracha, dirigida por Julián Fuentes Reta, devuelve al teatro una mirada íntima sobre cómo la violencia política modifica rutinas y expectativas. La obra, escrita por Sam Holcroft, llega con fuerza en un momento en que el debate sobre la educación, la precariedad y el auge de la derecha vuelve a ocupar espacios públicos.
Más que una pieza sobre la guerra
Fuentes Reta rechaza la etiqueta simplista de “obra sobre la guerra”. Para él, la pieza examina a un grupo de estudiantes y a su profesora que conviven con una atmósfera bélica y sus efectos cotidianos: miedo, desconfianza y cambios en las relaciones. Es, en suma, una radiografía de la vida ordinaria cuando la violencia se normaliza.
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El director valora la economía dramatúrgica del texto: cada escena y cada intervención funcionan para mantener coherente la acción y el conflicto interno de los personajes. Esa precisión, dice, permite abordar la historia sin artificios.
Un proyecto surgido desde la preocupación generacional
La versión llegó a Fuentes Reta por iniciativa de uno de los intérpretes, Javier Amann, exalumno suyo. Ese gesto fue determinante: el director leyó la pieza como una alarma sobre el porvenir de una generación, una inquietud que existía antes del estallido de la guerra en Ucrania.
Le preocupan, además, las simplificaciones en el discurso público —cuando se criminaliza a la gente por su supuesto “privilegio” o se ignoran condiciones materiales— y cómo esas narrativas afectan la atención que merecen la enseñanza y el cuidado.
El diálogo entre edades
Una apuesta del montaje es el cruce entre talento joven y experiencia creativa. Fuentes Reta insiste en la necesidad de un elenco juvenil no solo por verosimilitud, sino por la potencia del intercambio intergeneracional: la voz de los jóvenes sirve para repensar lo que fuimos y lo que podemos llegar a ser.
- Autor: Sam Holcroft
- Director: Julián Fuentes Reta
- Elenco estudiantil: Julio Peña, Lucía Díez, Miriam Queba, Nakarey y Javier Amann
- Profesora (papel alternante): Esther Acebo / Hiba Abouk
- Temas centrales: supervivencia, adaptación, educación y la normalización de la violencia
La clase como pequeño campo de batalla
El escenario es un aula de instituto. En la pizarra aparecen conceptos de Biología —supervivencia, selección, Darwin— que los estudiantes utilizan para pensar quiénes perduran en tiempos de barbarie. La metáfora de la cucaracha se vuelve hilo conductor: ¿qué rasgos aseguran la persistencia frente al colapso social?
Mientras la profesora trata de mantener la rutina académica y preparar exámenes «como si hubiera un mañana», las convocatorias al frente empiezan a tocar a los alumnos varones. La guerra entra no solo por las noticias, sino por el lenguaje, las miradas y los cuerpos.
Una pregunta urgente sobre la educación
Holcroft plantea una cuestión directa: ¿puede la escuela sostenernos cuando todo lo demás falla? Fuentes Reta responde que la educación sí importa, pero advierte que no basta con presencia física si las condiciones laborales y sociales son degradadas. Una enseñanza mal pagada, con docentes sobrecargados y familias en precariedad, erosiona la capacidad del sistema para proteger y formar.
El director pone el acento en las consecuencias materiales: problemas de vivienda, salarios insuficientes y sobrecarga emocional que afectan la calidad del cuidado y la atención profesional. Esa fragilidad institucional, sostiene, es terreno fértil para la desintegración social.
Por qué importa ahora
La función recupera una pieza escrita en 2008 para mostrar que sus dilemas no son históricos ni remotos: pueden repetirse aquí y ahora. Su vigencia reside en la combinación de lo concreto —la cotidianeidad escolar, la precariedad— con preguntas morales y políticas que afectan a cualquier comunidad en conflicto.
Fuentes Reta describe la obra como directa y potente, capaz de ofrecer certezas que a su vez abren incógnitas: no es sólo un relato local, sino un espejo que puede aplicarse en diversos contextos temporales y geográficos.
Al terminar la función quedan preguntas abiertas sobre responsabilidad social, el valor de la enseñanza y el peligro de naturalizar la violencia. Esa tensión es, precisamente, lo que la hace relevante hoy.












