Quizás el título de este reportaje debería ser su segundo titular, es decir, “Campamento Guerrillero “Las Zahurditas”, pero he querido dejarlo como está debido a que, en Valverde, se conoce por: ” El Barranco de los Fugitivos”.
Este campamento estaba situado al este de Valverde, en el Barranco de San Miguel, cerca de las casas de “Las Zahurditas” (de ahí su nombre), formaba parte de un grupo compuesto por cinco situados en “La Pata del Caballo” y sus proximidades, este fue uno de los campamentos guerrilleros más importantes de la provincia de Huelva a principios de la Guerra Civil.
Estaba compuesto por más de 30 guerrilleros y disponía de: armamento, radio, incluso maquina de escribir, en él se construyeron chozos rústicos, huerto y un horno para hacer pan.

Se adjuntan fotos de la zona y su entorno donde se puede observar que de las cabañas y el huerto quedan pocos vestigios, sin embargo, el horno, se conserva bastante bien a pesar de haber transcurrido más de 70 años.
En este campamento se dio incluso un nacimiento, y madre e hijo, debieron ser trasladados en burro a Valverde, durante la noche.
Posiblemente en los dos veranos que permanecieron allí (1936-1937) , cuando el propio barranco no tenía agua, se abastecieron de la fuente “El Egipto”, ubicada un poco más al sur, pero cercana.
El movimiento guerrillero fue de gran importancia en el Andévalo y la serranía onubense durante los primeros años de la Guerra Civil, Huelva y Pontevedra fueron las primeras provincias de España en las que se crearon estos grupos de guerrillas, la rápida conquista de Huelva y Badajoz por las tropas sublevadas, impidieron la huida a otras provincias de muchos republicanos, que por temor a las represalias decidieron echarse al monte y formar parte de estos grupos de resistencia.
A finales del verano de 1936 la carretera Huelva-Badajoz, antes de llegar a Zalamea la Real, a su paso por las sierras de Alcántara y León , las partidas de guerrilleros que actuaban en la zona, como la de “Los Malpuros” (dirigida por los hermanos Ignacio y Juan Manuel Silgado Castilla, de Valverde) constituyeron una auténtica pesadilla para las columnas militares franquistas por la frecuencia de sus emboscadas.
Debido a la cantidad y continuos de estos ataques, el dia 6 de Agosto de 1937, el General Queipo de Llano imponía nuevamente el Estado de Guerra en la mitad de la provincia de Huelva y parte de las de Sevilla y Badajoz. En Febrero de 1938 Las Harcas al mando del capitán José Robles Alés, organizaron una batida en la zona de “Las Zahurditas” que, partiendo de Berrocal llegaron a las proximidades del Campamento, pero al no cerrar bien el “círculo” los guerrilleros (conocedores del terreno) escaparon por el Barranco del Peral que desemboca al río Tinto, cruzaron el río y “La Pata del Caballo” dirigiendose a El Castillo de las Guardas , salvando así sus vidas.
Muy cerca existió otro asentamiento de menor importancia, en el Barranco del Infierno situado al sur de “Las Zahurditas”, se conserva otro horno y los restos de un huerto , este último horno fue en parte reconstruido , actualmente está en buen estado conservando incluso la piedra que tapa la entrada.
Al parecer este campamentos también pertenecía al grupo de cinco situados entre esta zona, El Pozuelo y La Pata del Caballo. Muy cerca de ambos campamentos , durante la guerra, existieron tropas regulares del ejército, pues por aquí pasaba la línea del Frente de Peñarroya.
Una vez que este frente careció de interés militar al quedar aislado por la caída de Badajoz y las partidas de guerrilleros huyeron por las batidas de las Harcas del capitan Robles, los dos campamentos quedaron abandonados; posteriormente y hasta finalizar la Guerra Civil fueron nuevamente ocupados por fugitivos sin armamento que se ocultaban para escapar de las represalias, subsistieron gracias a la ayuda de sus familiares que a escondidas les llevaban noticias y alimentos.
También se sabe que la línea férrea de mineral Riotinto-Huelva que pertenecia a la R.T.C. (Riotinto Company) pasaba por esta zona, y fue aprovechada por algunas familias con huidos, recurriendo a personas de confianza que trabajaban en los trenes como maquinistas y fogoneros, para que a su paso por estos lugares les entregaran las provisiones para su subsistencia.

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Paco Membrillo
Marzo 2009
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