| Cuadernos de Verano IV. Vecinos de pozo | ![]() |
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| Escrito por Paco Membrlllo | |
| Friday, 17 de September de 2010 | |
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Vecinos de pozoUn Pozo para cinco casas
Aprovechando los cuadernos de verano y siguiendo el último artículo sobre los pozos de Valverde, estupendamente descrito por mi amigo Alfonso Macías en su escrito del 03 de Septiembre, me gustaría colaborar aportando esta foto y comentario sobre el pozo de mi casa compartido con cuatro familias más, entre ellas la de Alfonso.
No es un pozo de características especiales, lo que lo hace diferente es que en él convergen cinco viviendas de dos calles distintas, tres de la calle Nueva, los nº 30 ,32 y 34 y dos de la calle Portugal, los nº 21 y 23.
Durante muchos años (antes de que llegara el agua corriente), abasteció para el consumo doméstico no solo a las casas a la que pertenecía, sino a otras muchas de la vecindad. Entonces nos duchábamos calentando su agua y con los cubos-duchas (ó, como en mi caso, con un bidón de pegamento, de chapa , reciclado y muy bien pintadito al que se le había pegado una alcachofa). También sirvió para abastecer varias obras de la calle, pues disponía de gran capacidad de agua, en una de estas obras se pretendió apurarlo para proceder a su limpieza y no fue posible, pues durante la noche recuperaba el agua extraída en el día.
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En mi niñez, cuando aún no había frigoríficos, en los meses de verano sirvió para conservar y refrescar carnes, pescados, gaseosas, vinos y frutas, aún recuerdo a mi madre mandándome meter en una canasta de caña la sandía y bajarla con una cuerda para que estuviera fría a la hora del almuerzo, por cierto, que en más de una ocasión se rompió la cuerda ó la canasta y hubo que recuperarla con los garfios.
Mis padres, a pesar de la llegada del agua corriente, lo utilizaron diariamente, mi madre decía que al no tener cloro, su agua mantenía las macetas brillantes, frescas y hermosas y, mi padre, siempre pendiente de su limonero y otros árboles frutales del corral , los regó año tras año, cubo a cubo.
Hoy está en desuso, aún conserva sus viejas y oxidadas carruchas y los chambados cubos de metal añorando mejores años.
Paco Membrillo Septiembre 2010
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