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D. Manuel Roca Imprimir E-Mail
Escrito por Andrés Romero Álvarez   
Monday, 03 de December de 2007

Ha muerto D. Manuel Roca

 Con gran emoción y sentimiento de pesar, pongo estas letras de homenaje a una gran persona, afable, cortés, respetuoso, educadísimo y gran emprendedor, que ayer día de San Andrés, nos dejó para siempre en Sevilla.

 

 

 

Y se preguntarán ¿Y qué tiene que ver este señor con Valverde?, pues les cuento: Este señor fue, hasta el 2005, Teniente Hermano Mayor de la Real Maestranza de Sevilla, orden de la Nobleza Sevilla, antiquísima, como todos sabéis, presidida por el Rey de España (durante la dictadura sus  Juntas Generales eran presididas por un sillón vacio y enfundado, en señal de respeto sólo al Rey) y conocida por todos por ser los propietarios de la Plaza de Toros de Sevilla.

 D. Manuel Roca, Conde de Luna, durante su mandato ha hecho de ésa institución, La Real Maestranza de Caballería de Sevilla, una entidad puntera y en la vanguardia del desarrollo de la cultura sevillana y andaluza, convirtiéndose en mescenas de obras de arte, publicaciones, conciertos, etc.

Desde hace más de veinte años, Aroal mi empresa, viene siendo su proveedor oficial de servicios audiovisuales para los actos más relevantes que se celebran en la Casa (Plaza de Toros, Museo Iglesia de N. Sra. Del Rosario y Casa Palacio). La Real Maestranza patrocina desde hace más de treinta años “Los Premios Extraordinarios Fin de Carrera” , se distingue con estos premios a los mejores expedientes de todas las Facultades y Escuelas Superiores de la Universidad de Sevilla, además de los Premios taurinos que se otorgan cada año a los triunfadores de la Feria del año anterior.

En el año 2002, a instancias del Conde de Luna, se nos encarga la producción de la entrega de premios para realizar el acto, por primera vez en la historia de la Institución Real, en el mismísimo ruedo de la Plaza de Toros para ello hice la propuesta de iluminar la Plaza de Toros para ser admirada excepcionalmente desde  el albero del piso plaza, es decir “de abajo para arriba”, presentando para ello un diseño de iluminación basado en una experiencia previa, aportando reportaje fotográfico, de la iluminación unos años antes de nuestra Plaza de Toros de Valverde (foto adjunta), que tuve la oportunidad de hacer para un acontecimiento familiar.

 El Conde de Luna, su Junta de  Gobierno y en especial Juan María Maestre, pintor exquisito, amigo del conde y responsable artístico de la Real Maestranza, previa presentación “in situ” de nuestra propuesta, una bonita noche de final de invierno sevillano, oliendo ya casi a azahar, aprobaron mi propuesta y desde entonces, año tras año, me honro con realizar este trabajo que me llena de satisfacción. Ya está fijada la fecha del próximo año 2008, el 5 de febrero. Desgraciadamente, ninguno de los dos estará la víspera para darme su aprobación o reparos, les echaré muchísimo de menos.

Y esta es la historia que, une nuestras Plazas y que hoy con mucha pena os cuento.

Descansen en paz. Andrés Romero Álvarez
1 de diciembre de 2007   
Me he permitido insertar un bonito y sentido artículo de Antonio Burgos que mejor que yo les aproxima a la personalidad de D. Manuel Roca de Togores Salinas Conde de Luna.

  

  

Muerte en la calle Vida

 

Por

ANTONIO BURGOS

 Nunca en la calle Vida, la que empieza en la Plaza de Doña Elvira y acaba en las cadenas de la Judería, hubo un vecino más aferrado al nombre de esos azulejos puestos en una esquina que el que tenía su casa morada en la señalada con el número 2 de gobierno. Su nombre se escribía de dos formas. Por lo civil, Manuel Roca de Togores y Salinas; en el elenco de títulos del Reino, Conde de Luna. Pero en Sevilla se pronunciaban ambos como Manolo Roca. Pocos como Manuel Roca de Togores, ex teniente de hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería, heridos por el rayo de la enfermedad de nuestro tiempo, se aferraron a la vida con su tenacidad, con su valentía, con su esperanza. Con su fe. Manolo Roca, hombre de campo, empresario agrícola, esforzado defensor y portavoz de los regantes del Bajo Guadalquivir, quería cortarle a la muerte el grifo de la vida que se le iba a caños por los veneros de su edad. Y durante muchos años lo consiguió, con la ayuda de Cristina, de la dulce Cristina de Lora, cuyos ojos brillaban con la misma esperanza que los de los rayos de Luna, con la mayúscula que se merecía su fe en superar el negro zaratán que el pecho le atenazaba y por el que el tiempo, ay, se le iba muriendo poco a poco entre sus brazos, como en un continuo descendimiento del Señor de la Quinta Angustia.

Los sevillanos conocieron a Manolo Roca como el gran teniente de hermano mayor de la Maestranza que sin perder un ápice de la tradición de aquel Real Cuerpo, lo adaptó a los tiempos, siempre en el servicio al Rey y a la Corona, y a esta Ciudad de Sevilla. Nadie podía imaginar lo que le gustaba una vanguardia a Manolo Roca, fuere en la apuesta por nombres de escritores y pensadores para el Pregón Taurino, fuere en la designación del pintor a quien se encargase el cartel de la temporada de los toros. Manolo Roca puso en hora el reloj de la plaza, que si siempre marca exactamente las seis y media de la tarde cuando el presidente saca el pañuelo y empieza la banda de Tejera a tocar el pasodoble «Plaza de la Maestranza», la verdad es que atrasaba bastante si se miraba desde el palco de los maestrantes adentro. El Conde de Luna lo puso en exacta hora. Con ilusión. Tanta, que, año a año, era tradición que yo me metiera con el mamarracho de cartel que Manolo Roca había encargado a un artista conocidísimo... en Nueva York. Hasta que supe que el animoso vecino de la calle Vida estaba aferrado a ella, luchando contra la muerte. Cuando un común amigo, Juan Manuel Blázquez, me lo anunció, le dije:

-Pues este año, aunque el cartel de los toros sea tan mamarracho como siempre, estando Manolo así, mira tú por dónde me va a encantar...

Así se hizo. Elogié el cartel de aquel año. El del chuletón de Avila era, o un horror así. Con misericordiosa ojana. Sabía que Manolo luchaba contra su cáncer y no era cosa de añadirle un disgusto, sino de darle una alegría. Manolo luchaba en Barcelona y en Estados Unidos, acompañado además por su amigo el pintor maestrante Juan María Maestre, que habría de hacerle el despeje, ay, en la negra plaza de la muerte. Le animó muchísimo mi elogio al cartel. Y cuando ya, tras aquella lucha tenaz, se recuperó bastante, casi del todo, y ya no le veíamos con aquellas impresionantes prendas de cabeza, y volvió a Sevilla, mientras nos tomábamos unas ostras en nuestras habituales convidadas mutuas por turno en Mariscos Emilio de la calle Génova, le dije:

-Pues, mira, Manolo, ahora que estás ya perfectamente bien y recuperado, he de decirte una cosa: el cartel de toros que te elogié cuando estabas tan malito sigue siendo una puta mierda...

Las carcajadas del Conde de Luna se oían hasta la esquina donde está Rodrigo de Triana en su estatua, con el dedo amputado por los gamberros. Hoy que ha muerto el gran teniente de la Maestranza, el gran leal al Rey, el gran empresario agrícola del regadío, el gran sevillano cabal, mi amigo Manolo Roca, vuelven a gustarme todos los carteles de su vida. Menos ese cartel en azulejos de Triana con el nombre de su calle, en la casa de aquel cernudiano e isabelino jardín del magnolio que asoma por encima de la tapia, Ya no está allí, luchando, ay, por la Vida este gran caballero de Sevilla y de su Real Maestranza que nos acaba de arrebatar la muerte.

 
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