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Señalan… y no son maleducadas. Les hablamos de las Veletas Imprimir E-Mail
Escrito por José Manuel Salgado   
Wednesday, 02 de February de 2011

 Señalan… y no son maleducadas. Les hablamos de las Veletas

 

Hasta la poesía las ha considerado alma para cubrir sus versos y el propio Federico García Lorca compuso un poema que decía… “Viento del Sur, moreno, ardiente, llegas sobre mi carne, trayéndome semilla de brillantes miradas, empapado de azahares…”.

 

Veleta, instrumentos meteorológicos en la antigüedad, hoy han pasado a convertirse en elementos decorativos o, incluso, en objetos de colección por sus innumerables formas y composiciones.

 

  

Veleta que corona la Ermita de San Sebastián.

 

Pero qué es una veleta. Si consultamos nuestro diccionario (RAE), su primera acepción dice “1. f. Pieza de metal, ordinariamente en forma de saeta (flecha), que se coloca en lo alto de un edificio, de modo que pueda girar alrededor de un eje vertical impulsada por el viento, y que sirve para señalar la dirección del mismo”. La cuarta acepción tampoco tiene desperdicio ya que se asocia a la personalidad y puede tener una componente peyorativa: “4. com. Persona inconstante y mudable”.

 

En Wikipedia encontramos que una veleta es “un dispositivo giratorio que consta de una placa plana vertical que gira libremente, un señalador que indica la dirección del viento y una cruz horizontal que indica los puntos cardinales. Se ubica generalmente en lugares elevados y su diseño puede ser muy variado (figuras de animales, antropomorfas, etc.)”.

 

  

Veleta ubicada en la torre de la Iglesia Parroquial.

 

 

  

Veleta con formas de animales.

 

Ya lo comentábamos en el inicio, se trata de un instrumento utilizado en meteorología para conocer la dirección del viento.  Los vientos soplan con una determinada componente (punto cardinal del que proceden), y, en poco tiempo, pueden rolar (cambiar de componente). La veleta nos indica la componente del viento, es decir, la flecha nos señala de dónde procede el viento. Las veletas con forma de personas o animales reciben el nombre de Giraldillos (Antonio Sánchez Ogallar. Conocimiento Geográfico. Procedimientos y técnicas para el aula en Secundaria).

 

A estas pequeñas figuras, principalmente de metal, que coronan tejados, torres, chimeneas o adornan jardines y puertas, en la antigüedad tenían otras forman y tamaños a modo de “estatuas destinadas a conocer la dirección de los vientos giraldas o giraldillas porque giran al impulso de éstos. La más célebre de éstas es sin duda la de Sevilla de cuya figura tomó la torre sobre la que se hallaba el nombre de Giralda (Wikipedia).

 

 

  

El coloso de la Fe Victoriosa, conocido como Giraldillo, autor foto Julio Domínguez Arjona.

 

Rafael Cortés Munitti en un intenso trabajo sobre este artefacto meteorológico sitúa su creación en la antigua Grecia. “Nos tenemos que remontar a la Grecia antigua para encontrar el primer inventor de la veleta, o al menos la primera persona en crear una veleta y usarla para ver la dirección en que sopla el viento. Nos referimos al astrónomo Andronicus que creó una veleta y la puso en la torre de los vientos de Atenas para honrar al dios griego Tritón. Estamos en el año 48 antes de Cristo. En la gran Historia del cielo, escrita en el siglo XVIII, se consignaba ya que los egipcios habían echado mano, desde tiempo inmemorial, de las figuras de ciertos animales para indicar la veleidosa dirección de los vientos. Los arquitectos griegos y romanos, se ocuparon poco de las veletas. Quizá haya que señalar, como excepción, la “torre de los vientos” de Atenas.

 

Durante la Edad Media las veletas indicaron señorío. Representaron independencia, poder económico, político, religioso y militar. Gallos y ángeles tornaron a ser las figuras preferidas. Al desarrollarse la brújula, el instrumento cardinal por definición, las veletas fueron relacionadas de inmediato con la rosa de los vientos. El papel de las veletas pasó a ser de honorífico a científico; las veletas fueron, a partir de allí, insignias, objetos de arte e instrumentos útiles de protección”.

 

Más de un milenio de vida no es poco y ya hace mucho que este artefacto fue evolucionando ya que a la dirección del viento también interesaba la velocidad del mismo, y resultó que Leonardo da Vinci consiguió con un invento suyo cambiar el rumbo de la utilidad de este instrumento. Con un sistema de cazoletas giratorias nacía el anemómetro. La brújula, más tarde, acabó convirtiéndose en el señalador cardinal por excelencia.

 

Volviendo a sus formas son numerosas, como el gusto de cada uno. Ya contamos anteriormente, que las primeras veletas eran como esculturas y una de las más famosas o conocidas es el Giraldillo de Sevilla. Esta estatua, de más de 3,5 metros de altura pesa 128 kilos, hace las veces de veleta y representa la Fe, el triunfo del cristianismo sobre el mundo musulmán, culminando así las reformas arquitectónicas renacentistas que sufrió el minarete. Precisamente esta capacidad de girar según la dirección del viento hizo que se denominase a la figura como Giralda originalmente, llamándose Giraldillo cuando el nombre de Giralda pasó a hacer referencia a la famosa torre sevillana.

 

Y sobre las formas, parece que la más extendida es el gallo y tiene que ver con el cristianismo aunque no queda claro si se comienza a utilizar en el siglo X o en el siglo IX. La versión más repetida es la que habla de que “en el siglo IX D.C., el Papa decretó que se debía exhibir a un gallo en el domo o aguja de las iglesias europeas, como un recordatorio de la profecía de Jesús que dijo "que el gallo no cantaría, la mañana después de la Última Cena, hasta que el discípulo Pedro negara que le conocía, tres veces" (Lucas v22 al 34).

 

Debido a esta historia, "las veletas de gallos" han cubierto las agujas de las iglesias durante siglos, tanto en Europa como en América.

 

 

  

Veleta con forma de gallo, la más extendida en la fabricación.

 

Probablemente estos estandartes que adornaron las torres medievales en Bretaña, Normandía y Alemania son los precursores a nuestras veletas de tiempo modernas.

 

También representan oficios o aficiones y, insistimos, sus formas o variedades son tantas como puedan encontrarse en el libro de los gustos.

 

 

Veleta animada de avión. La encontramos en la barriada Andalucía.

 

 

Ilustramos este reportaje con algunos ejemplos que hemos encontrado en Valverde. Pero con vientos o sin ellos, acabamos con otro fragmento del poema ‘Veleta’ que Federico dedicó a este instrumento en julio de 1920. “…Sin ningún viento, ¡hazme caso! gira, corazón; gira, corazón”.

 

Y ahora, para llenar con más ilustraciones este reportaje, te pedimos que nos envíes imágenes de veletas que conozcas en tu entorno.

 

 

 

Veleta de la Casa Hermandad de Valverde en la aldea de El Rocío.

 

 

  

Para conocer la intensidad del viento también se utilizan los famosos molinillos, éste de fabricación casera no tiene desperdicios.

Han utilizado una botella de lejía. Veleta reciclada.

 

 

  

Veleta con forma de Búho.

 
 

Veleta de la iglesia.

 
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