| Valverdeños por el mundo, por Jesús Copeiro - José María Mosqueda Cejudo |
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| Escrito por Jesús Copeiro | |
| Tuesday, 19 de February de 2013 | |
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José María Mosqueda Cejudo
José Mª Mosqueda lleva veinte años fuera de Valverde, pero seguro que muchos se acuerdan de él, ya que no ha perdido el contacto con su pueblo y vuelve a él a menudo. Nacido el 28 de junio de 1974, estudió en el colegio José Nogales y a los ocho años empezó a tocar el clarinete en la banda municipal. Alternó sus estudios regulares con los de música, tanto en la primaria como en el Instituto Diego Angulo.
Hizo magisterio en Cádiz, en la especialidad de música y lo compaginó con los estudios del conservatorio, obteniendo el premio extraordinario final. Terminó el grado superior en el conservatorio de Córdoba, también con premio extraordinario y se fue a Amberes (Bélgica) para ampliar sus estudios de clarinete con Walter Boeykens. Fueron años muy duros, pero el esfuerzo mereció la pena. Tras una estancia de dos años, acabando con la máxima calificación, fue a estudiar en la Guildhall School of Music and Drama, en Londres. Allí formé un grupo de cámara y tocamos en varias ocasiones para la familia Real Británica, afirma José Mª Mosqueda.
Orquesta portuguesa Estando en Londres leí un anuncio sobre unas audiciones en Lisboa para participar en la orquesta Gulbenkian. Fui allí y las hice.
Gané el concurso y desde septiembre de 1999 estoy en dicha orquesta y muy contento. Es una orquesta muy buena con magníficos solistas y maestros, aprendo mucho cada día. Toco el clarinete y soy el solista principal de clarinete bajo. Ocasionalmente toco requinto (un clarinete pequeñito con un sonido más agudo), si bien hace unos meses toqué el solo de requinto del Bolero de Ravel. El trabajo aquí es muy intenso y exigente, se cambia de programa continuamente.
Durante la temporada, que va de octubre a mayo, tocamos jueves y viernes en nuestro auditorio (con capacidad para 1.200 personas).
En junio, julio y septiembre hacemos giras o grabamos algún disco. Hace poco grabamos una ópera contemporánea y en la última semana de julio, un disco con tres conciertos para violín. Cuando empecé en la orquesta era yo el único español y ahora hay tres más, de Valencia, Madrid y Barcelona.
Lisboa y el Auditorio Lisboa es una ciudad muy bonita, con muchos rincones encantadores. Uno de los que más me gusta es el barrio de Alfama. Subir al castillo de San Jorge o perderse por sus calles es un verdadero placer; o bien tomar un café en la zona de Belén viendo el imponente Puente 25 de Abril, el antiguo Puente Salazar. En general, Lisboa es un lugar único para vivir.
Nuestro auditorio está en el corazón de Lisboa, al lado de la Plaza de España. Está enclavado en la Fundación Calouste Gulbenkian y es un sitio privilegiado para trabajar, debido a sus zonas ajardinadas y sus lagos artificiales. El auditorio colinda con un lago rodeado de árboles. A veces abren las cortinas, bajan la trasera del auditorio y tocamos con un fondo de naturaleza maravilloso, perfectamente iluminado. Merece la pena pasear por esos jardines y visitar el museo Gulbenkian.
El Sporting Me adapté muy bien en Lisboa, gracias a unos amigos que tuve a mi llegada. En Londres había conocido a un trompetista portugués, que al enterarse de que iba a Lisboa para concursar en la orquesta, me dijo que unos amigos me estarían esperando en el aeropuerto y que podría alojarme en su casa durante esos días. Me entendí muy bien con ellos.
Como gané el concurso y tenía que residir en Lisboa, me ofrecieron compartir piso con ellos. Gracias a estos amigos aprendí el portugués en mes y medio. Conocí a mucha gente y me sentía en casa.
Me enseñaron restaurantes,comidas típicas y fui seguidor del Sporting de Lisboa, que en esa temporada 1999/2000 ganó la liga. Fue una buena elección, pero desde entonces no ha vuelto a vencer.
La vida en Lisboa es muy tranquila y exceptuando el “estrés” normal del trabajo, debido a la exigencia de los programas, todo es muy calmo. El portugués es muy tradicional y tiene arraigadas sus costumbres. El propio fado, que es la música popular, es un fiel reflejo del portugués tranquilo y nostálgico.
Aquí usan continuamente la palabra saudade, que significa añoranza. Siempre tienen saudades de los suyo.
Comida y deportes Lo primero que se echa de menos en otro país es la comida, pero aquí es muy buena y no me costó adaptarme. La comida aquí es más seria, me explico, pides tu plato y comes tu plato, que casi siempre es a base de carne o pescado asado, con guarnición de arroz o patatas fritas o cocidas, además de los guisos característicos. En España tenemos la cultura de la tapa y la costumbre de compartir, se pide algo para el centro de la mesa y es para todos. Poco a poco voy acostumbrando a mis amigos y la verdad es que nos divertimos mucho cuando vamos a comer fuera o cuando vienen a comer a casa. La vida aquí es cara, aunque no más que en España, pero los sueldos son mucho más pequeños. El salario mínimo no llega a los 500 euros. Yo no me puedo quejar, porque en nuestra orquesta estamos bien considerados.
Durante la temporada tengo libres los fines de semana y aprovecho para jugar al tenis en un club de Carcavelos, una localidad próxima en dirección a Cascais, con unas playas estupendas. Es un club inglés, así que aprovecho para practicar un poco el idioma y eso ayuda en el trabajo, pues siempre hablamos en inglés al tener la orquesta quince nacionalidades diferentes. El tenis no se me da mal, últimamente he mejorado bastante y he ganado dos torneos sociales.
Esposa portuguesa En el año 2003 me casé con una portuguesa y como podréis imaginar no me falta de nada, tengo amigos portugueses y estoy integrado a todos los niveles. Me siento como en casa y no me planteo ir a otro sitio. Tanto profesional como personalmente estoy muy contento y espero seguir así.
Mi mujer se llama Rosa Sá y es violinista. No pertenece a la Orquesta Gulbenkian pero toca regularmente con nosotros como invitada. Fue precisamente en la orquesta donde nos conocimos.
Es una de esas coincidencias maravillosas de la vida. Vivimos a las afueras de Lisboa, en una zona muy tranquila y rodeada de naturaleza, en el pueblecito de Queijas, a quince minutos de la capital y al lado del complejo deportivo del Estadio Nacional. Voy a trabajar en coche y no tardo más de veinte minutos en hora punta.
Familia y amigos Al principio de mi estancia en Lisboa hacía todo lo posible por ir a Valverde casi todos los fines de semana, pero ahora voy cinco o seis veces al año, coincidiendo casi siempre con las fiestas de Navidad, Semana Santa o verano. Cada vez tengo más compromisos los fines de semana y cuando no los tengo yo, los tiene mi mujer. Mis padres, José Mª Mosqueda Morales y Romi Cejudo Sánchez, me visitan también aquí para compensar.
Quiero mandar un saludo muy cariñoso a mis amigos de la infancia, que son muchos y tardaría mucho tiempo en nombrarlos a todos, pero ellos saben quiénes son. Siempre me quedará la pena de haberlos abandonado a los 18 años cuando me fui de Valverde para estudiar música, con la ilusión de poder tocar algún día en una orquesta tan buena como en la que estoy. Todo en la vida tiene un precio y ese es uno de los que he tenido yo que pagar. Un saludo cariñoso lleno de saudades.
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