| Valverde y Ochtrup renuevan su amistad | ![]() |
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| Escrito por Luis Miguel Arroyo Arrayás | |
| Wednesday, 21 de September de 2011 | |
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Valverde y Ochtrup renuevan su amistad
"Se hace camino al andar”, dice el refrán popular que el poeta convirtió en verso. Es una verdad que comprobamos con frecuencia. En esta ocasión aplico el refrán al contemplar los abundantes frutos de amistad que veinte años de hermanamiento entre Valverde y Ochtrup han cosechado.
El que esto escribe se incorporó a la experiencia de hermanamiento entre los dos pueblos tan sólo hace dos años, cuando recibimos en nuestra casa a un matrimonio alemán. Esa experiencia que vivimos se puede resumir así: apenas una hora más tarde de su llegada a Valverde aquellos dos desconocidos ya eran nuestros amigos, y esa amistad no sólo no se enfrió durante los dos años de ausencia, sino que se ha renovado y reforzado, como se ha visto en la semana que los valverdeños hemos pasado en Ochtrup: ¡con qué alegría y cariño sincero fuimos recibidos y con qué tristeza franca nos despedimos hasta la próxima ocasión!
En estos tiempos de grandes dificultades económicas y sociales, que se traducen a veces en sentimientos de desconfianza e incluso hostilidad, la unidad europea –ese sueño humanista nacido tras el fracaso que toda guerra supone- depende no tanto de los despachos y de las instituciones cuanto de los hogares acogedores y de las personas abiertas, como son los ochtruper y los valverdeños.
Arthur Schopenhauer, un filósofo pesimista, escribió: “Sólo hay un error con el que el ser humano ha nacido, y éste es creer que estamos aquí para ser felices”. En mi opinión Schopenhauer no tenía razón. Los seres humanos hemos nacido, en efecto, para intentar ser felices juntos. Y muchas veces lo conseguimos en los momentos más sencillos: somos felices cuando algo nos sale bien, cuando experimentamos algo que nos llega al corazón, cuando amamos y nos sentimos amados. Exactamente esas cosas sencillas las experimentamos en Ochtrup los valverdeños y nuestros anfitriones. Por eso nuestro hermanamiento es la prueba de que el pesimista Schopenhauer no tenía razón: nosotros hemos sido felices con nuestros amigos alemanes y ellos con nosotros. Y así también se construye -¡y de qué manera!- la unidad europea.
No debo terminar sin referirme a quienes con su trabajo y su esfuerzo hacen posible esta enriquecedora experiencia de amistad: Antonia Navarro y todos los miembros de la Junta Directiva de la Asociación Amigos de Ochtrup, así como Elvi Jungk y los colaboradores de la Asociación de Amistad con Valverde de Ochtrup. A todos ellos doy sinceramente las gracias.
Y a los lectores de este breve texto solamente me queda decir: abandonad –quienes los tengan- los prejuicios y animaos a participar en esta preciosa experiencia; os garantizo que no os arrepentiréis. No es necesario saber alemán, pues la buena voluntad se convierte rápidamente en simpatía y ambas suplen al idioma.
POR: Luis Miguel Arroyo Arrayás |
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Si participas, no te arrepentirás

