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XXX Aniversario IES Diego Angulo Imprimir E-Mail
Escrito por Pedro Domínguez   
Sunday, 16 de November de 2008

 Daniel regresa a su collar

 Daniel Lebrato, matador, virtuoso guardián de gigantes, volvió ayer tarde al Collar de la Paloma. Pisó de nuevo el Instituto como el asesino pisa la alfombra limpia ya de sangre, sonriendo. A media mueca labio, cigarro y vino. Un sorbo de aire fresco, un beso a Maribel, un coño contenido, un regate a la nostalgia, un ¿pero no se había muerto?, un hostias, qué carajo, un adiós sin estridencias.

 

Daniel Lebrato regresó al Instituto. Ahora con nombre y sin torre de Babel. Fernando Murillo la levantó con los huesos de las sillas y las mesas a las que los alumnos nos encargamos de arrancarles la carne y un lumbreras la derribaría años más tarde. Daniel llegó y nos trajo de nuevo un trocito de La Paz, dos líneas de Borges, algún eructo. Llego para conmemorar, para recordar que hubo un tiempo en el que conjugábamos el verbo, el humo del cigarro, la vigilia de las noches, el brandy entre los dientes. Y no vino solo. Allí estaban Juan Martínez, Fernando Murillo (el Django Reinhardt y el Stefan Grappelli de la Clara), el tomillo verde de Juan Romero, la tremenda Maribel. Un paseo por los ochenta y pocos. El Diego Angulo (qué raro nos suena) ha cumplido treinta años. Y los ha celebrado en familia. Conferencia, almuerzo y placa. Cachito de nosotros entre sus aulas. Me fui y no le comenté a Daniel que lo último que había hecho precisamente en el escenario sobre el que estaba subido era un montaje de Piazzola. No sé si su buril titubea, pero sé que hace frío en la Acrópolis y que la sangre de su gigante sigue siendo azúcar en mis manos.

 

Por Pedro Domínguez

 
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