Una muestra fotográfica que llega desde Sevilla a Santo Domingo propone mirar la tauromaquia más allá del espectáculo: en blanco y negro, las imágenes recorren plazas, talleres y cuadras para mostrar cómo esta práctica persiste en España, Francia, Portugal y varios países de América Latina. La exposición no pretende juzgar; busca provocar una conversación informada sobre por qué la tradición sigue vigente y qué implicaciones tiene en términos culturales e históricos.
La autora, Sofía Torres Prida, presenta en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo una serie de fotografías tomadas en plazas y pueblos de Ecuador, Colombia, México, Perú, Portugal, Francia y España. La selección combina escenas de lidia con retratos de figuras reconocidas del toreo, así como detalles de los oficios que sostienen la jornada taurina: la sastrería del traje de luces, la guardia del ganado o los rituales religiosos que rodean el evento.
La investigación visual nació tras la primera corrida que Torres vivió en Latacunga, Ecuador. Ese momento le llevó a cuestionar la idea de que la corrida es exclusiva de España y a emprender un viaje documental para entender cómo y por qué la práctica se replicó y arraigó en territorios ultramarinos.
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Formada en Bellas Artes en Zúrich y con un máster en Historia de América Latina, la artista combina mirada estética y enfoque académico. Su intención no fue plantear una defensa ni una condena: más bien, registrar lo que habitualmente queda fuera de plano, el entramado cultural que sostiene una tarde de toros.
Qué muestra la exposición
- Escenas de la lidia: momentos de la faena captados con gran contraste y composición clásica.
- Retratos: toreros como Morante de la Puebla y Emilio de Justo aparecen en primeros planos que remiten al arquetipo del protagonista taurino.
- Oficios y logística: fotógrafos documentales de la sastrería, la ganadería y la estructura detrás del espectáculo.
- Dimensión ritual: imágenes que registran la religiosidad y la solemnidad social alrededor de la corrida.
La exposición, abierta hasta el 7 de agosto, fue concebida como un archivo visual: «evidencia del recorrido», en palabras de la autora, de los espacios visitados y de las personas encontradas. Esa intención documental busca facilitar una discusión fundada en hechos y observación, no en prejuicios.
Para Torres Prida, comprender la pervivencia de la tradición en países como Perú o México exige situarla en su contexto histórico: durante la época colonial, los virreinatos de Nueva España y del Perú fueron nodos económicos y culturales que recibieron y adaptaron prácticas ibéricas. Esa circulación histórica ayuda a explicar por qué la tauromaquia echó raíces fuera de la península.
La artista evita presentar la tauromaquia como «arte» en términos dogmáticos; prefiere estudiarla como un fenómeno cultural que ha inspirado a generaciones de creadores —desde Goya y Sorolla hasta Picasso y Hemingway— y que sigue generando interés, polémica y polémicas públicas sobre memoria, patrimonio y bienestar animal.
Torres también enfatiza su posición inicial: abordó el tema sin conocimientos previos, lo que, según ella, le permitió observar con menos prejuicios y más curiosidad. Esa postura le permitió focalizarse en “lo que no se ve”: la logística, las conversaciones, los espacios íntimos que conforman el sistema taurino.
El montaje incluye, además, una cita del filósofo José Ortega y Gasset plasmada en uno de los muros, que subraya la relación histórica entre toreo y la construcción de ciertas narrativas nacionales. La pieza funciona como punto de partida para la reflexión que propone la muestra: ¿qué parte de identidad, memoria o poder está implicada en la continuidad de esta práctica?
Las implicaciones son reales y múltiples. Desde el debate sobre políticas culturales y preservación del patrimonio hasta las discusiones públicas en torno al maltrato animal y la transformación de costumbres en sociedades urbanas. El valor del proyecto está en convertir la imagen en plataforma para un diálogo informado, donde confluyan historiadores, artistas, defensores de animales y ciudadanos.
La exposición no pretende zanjar la cuestión, sino ofrecer herramientas visuales para que la discusión sea más compleja y menos polarizada. En tiempos donde los reclamos por la protección animal y la revisión de tradiciones son cada vez más frecuentes, trabajos como este facilitan que el análisis se base en observación y contexto histórico.
Si el lector busca entender por qué la tauromaquia aún divide opiniones y cómo se sostiene en territorios alejados de la península ibérica, la muestra de Sofía Torres Prida ofrece un mapa visual y documental que combina historia, estética y antropología.












