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En «El pastor y los lobos», Santiago Roncagliolo ofrece una investigación sobre Robert Prevost, el hombre que hoy está detrás del pontificado de León XIV, y plantea por qué su pasado en Perú define sus prioridades como papa. El libro llega en un momento clave: la Iglesia atraviesa tensiones internas y debates sobre abuso, finanzas y autoridad que hacen que el perfil de su líder importe más que nunca.
Un retrato del poder detrás del Vaticano
Roncagliolo centra su relato en Prevost, no tanto para escribir la biografía de un pontífice sino para explicar cómo un sacerdote se convierte en el gestor de las crisis internas de la Iglesia. Según el autor, la trayectoria de Prevost le otorga una visión práctica y política: actúa con mesura, evita declaraciones incendiarias y privilegia soluciones administrativas a los enfrentamientos públicos.
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En contraste con la figura mediática y verbalmente expansiva de Francisco, Prevost aparece como alguien que prefiere la discreción. Esa diferencia, sostiene Roncagliolo, explica por qué Francisco lo eligió como sucesor: buscaba a alguien capaz de contener el conflicto sin provocar rupturas.
Teología, pobreza y confrontación
El libro explora la relación de Prevost con la teología de la liberación, una corriente que sitúa la experiencia de los pobres en el centro de la fe y que reavivó viejas disputas en la Iglesia después del Concilio Vaticano II. Roncagliolo reconstruye cómo esa mirada —más orientada a la acción social que a la abstracción académica— marcó la sensibilidad pastoral de Prevost durante su etapa en Perú.

Allí, la Iglesia a menudo llenó vacíos que el Estado no cubría; también se encontró con una corrupción y violencia que hicieron más visibles los abusos y los delitos financieros. Esos escenarios, argumenta el autor, forjaron en Prevost una capacidad de gestión de crisis que pocos pontífices han desarrollado.
La tensión entre dos modelos de Iglesia —uno más institucional y conservador, otro más comprometido con los excluidos— sigue siendo el telón de fondo. La figura de Prevost actúa, según Roncagliolo, como una tentativa de suturar esa grieta mediante prácticas administrativas y alianzas calculadas.
- Gestión interna: Prevost prioriza la resolución discreta de escándalos para evitar rupturas públicas.
- Equilibrio político: mezcla gestos conciliadores con medidas firmes contra sectores que considera insostenibles.
- Raíz peruana: su experiencia en contextos de precariedad social modeló su sensibilidad hacia los pobres y las instituciones frágiles.
- Riesgos para la Iglesia: la instrumentalización de los escándalos (como los abusos) puede agravar la polarización interna.
Roncagliolo no evita los pasajes incómodos: describe, por ejemplo, cómo la lucha contra los abusos llegó a convertirse en una pieza de la batalla entre facciones, y cómo eso amenaza con dinamitar la institución si no se gestionan las tensiones.
Una mirada desde la historia reciente
El autor sitúa también la disputa actual en una genealogía más amplia. Menciona episodios del pasado —como la hostilidad de Juan Pablo II hacia los partidarios de la teología de la liberación— para explicar por qué ciertas reacciones hoy siguen siendo tan vehementes. A partir de esos antecedentes, Roncagliolo muestra que los conflictos no son solo personales: tienen raíces ideológicas y biográficas.

Asimismo, destaca episodios concretos de la etapa peruana de Prevost que ilustran su trato con problemas extremos: desde fraudes financieros hasta amenazas físicas dentro del clero. Esas experiencias, más que las grandes declaraciones teológicas, son las que conforman su manual de gobierno.
Para el lector común, el libro ofrece una clave práctica: entender al papa no sólo por lo que proclama en público, sino por las decisiones administrativas y las alianzas silenciosas que construye detrás del escenario.
Repercusiones y lectura crítica
Roncagliolo dice que espera que su reconstrucción sea tomada como una narración verosímil de hechos y no como un panfleto. Reconoce sus propias simpatías pero asegura haber recopilado voces diversas para mostrar un conflicto con matices, dejando al lector la tarea de formar su juicio.
El autor también admite el deseo —y la curiosidad— de saber si Prevost leerá el libro. Más allá de esa posibilidad, lo relevante para la opinión pública es que la obra aporta elementos para comprender por qué la elección de un papa puede inclinar la balanza en una institución que hoy combina fe, política y crisis institucional.
En definitiva, «El pastor y los lobos» se presenta como una lectura útil para quienes quieran saber cómo experiencias pastorales concretas pueden transformar la forma en que se gobierna la Iglesia en un momento de fragilidad y división.












