Puerta del Príncipe de Aguado: la llevan en hombros por Sevilla cortando calles hasta el hotel

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Pablo Aguado firmó en la tercera de San Miguel una tarde que quedará en la memoria: cortó tres trofeos y salió a hombros en una plaza colmada, pero lo más notable fue la intensidad artística que marcó cada pase y la sensación de haber presenciado algo distinto en La Maestranza.

Desde los primeros compases quedó claro que no sería una corrida más. Aguado no buscó el gesto ni la consecuencia fácil; construyó dos faenas que crecieron por acumulación y, en especial, un último trasteo que rompió la respiración del público. El resultado, además de las orejas, tiene impacto inmediato en su lectura dentro de la feria y en la repercusión mediática de la temporada.

La faena que midió el pulso

El primero se mostró esquivo con el capote y exigió paciencia; Aguado atendió esa demanda y fue afinando el temple hasta encontrar frases que emocionaron más por su medida que por la espectacularidad. Lo notable no fue la acumulación de recursos, sino la coherencia del conjunto: pases que llegaban cuando tocaba y remates que parecían caer en su lugar natural.

Capote y muleta en mano sobre el ruedo, momento de temple
El capote y la muleta: herramientas del temple en la faena

En las tandas centrales el toreo se hizo más íntimo y la plaza, de repente, bajó de marcha. El público lo notó y fue entregándose al ritmo del sevillano: pase a pase, la faena se afirmó y la petición creció hasta traducirse en trofeos.

El sexto: la culminación

La lidia del último toro marcó el punto álgido. Verónicas reposadas, temple y un animal que facilitó la expresión.

Lo que vino después fue una sucesión de derechazos y naturales tan largamente hilvanados que transformaron el aire de la plaza. Aquella tanda de derechazos resonó como un momento mayor de la temporada; un público que palmeaba por bulerías y un torero que parecía dominar el tiempo. La faena terminó con una estocada tras una obra de pura inspiración, y pese a la necesidad de descabellos el juez concedió el trofeo. Aguado fue llevado en volandas hasta el Hotel Colón, cerrando la tarde con una salida a hombros que remató la jornada.

La jornada no fue sólo de una figura. Emilio de Justo y Roca Rey dejaron pinceladas importantes en un cartel de gran expectación.

De Justo sufrió un percance en su primero al ser cogido tras un lance, se repuso y completó una labor honesta ante un toro con transmisión; en el cuarto, el animal dejó rasgos de bravura pero terminó rajándose y la faena no pudo sostenerse.

Roca Rey tuvo que leer con oficio un segundo que cabeceaba y al que no le sobraba fondo; en el quinto firmó momentos de gran nivel —cambios de rodillas y arrucinas— y paseó una oreja tras una faena ligada y de notable calidad.

  • Evento: Tercera de San Miguel, Feria de Sevilla.
  • Ganadería: Jandilla — toro 1 huidizo, 2 de poca fondo y con cabeceo, 3 pronto y algo desordenado, 4 bravo, 5 de calidad, 6 notable.
  • Asistencia: Lleno de «No hay billetes».

  • Emilio de Justo (verde hoja y oro): estocada (oreja); estocada trasera (saludos).
  • Roca Rey (tabaco y oro): estocada caída (silencio); estocada desprendida (oreja).
  • Pablo Aguado (gris y oro): estocada (dos orejas); estocada desprendida, aviso y cuatro descabellos (oreja).

Más allá de las orejas, la lectura de la tarde señala que Aguado reafirmó su capacidad para imponer un tempo propio y emocionar sin estridencias. Para la temporada en curso significa una cita que seguramente condicionará futuras carteleras y la percepción pública sobre su momento artístico.

En Sevilla, una tarde que empezaba con expectativas terminó por marcar una referencia: no sólo por los trofeos, sino por la forma en que se construyeron. Eso es lo que, en el fondo, permanecerá en la memoria de quienes la vieron.

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