Reflexiones sobre el otoño.
Una serie de fotos sobre esta estación que puede ser la estación primera, de la que parte todo el ciclo anual, la mas tierna, la de los anchos cielos y la de los verdes incipientes y una reflexión sobre lo que ocurre y ocurrirá.
Ufff, por fin parece que vamos viendo la luz al final del túnel y de nuevo el otoño vuelve a nuestras vidas, pero no sabemos si esto será así por mucho tiempo. el Gran Hombre Blanco ha estado haciendo oídos sordos a lo que la naturaleza le susurra al oído, pero la Madre Natura es persistente y poderosa, ya se escuchan algunas de sus voces tronando, pero el Gran Hombre Blanco aun no se entera. Posiblemente el cerumen de sus orejas acumulado por siglos de desarrollo insostenible y de prepotencias varias, no le deja escuchar con claridad lo que a todas luces es evidente. El Gran Hombre Blanco es grande, aunque sea una mota de polvo en una montaña, el Gran hombre Blanco, sólo ve el brillo de su corona sin saber que su corona es totalmente mate, al contrario que las plumas de los pájaros, las escamas de los peces o el de refulgir de los metales.
Llega el otoño y de nuevo la tierra deja entrever su magnificencia, los ocres de las hojas y de los frutos parecen querer aportar el dorado solar al gris que se impone. Las telas les confieren a los hogares la ternura de sus abrazos y las cocinas cambian la frescura de la huerta por la calidez de las ollas y de la caza.
El otoño desnudo, frío, apagado, es enorme para el espíritu de los que en estas latitudes habitamos, lo necesitamos para entrar en el invierno viejo y hacerlo trizas con la esperanza del verdor primaveral. Necesitamos canales, barros, charcos, nubes, tormentas y relámpagos, necesitamos acurrucarnos, recogernos, abrazarnos, arroparnos, necesitamos ver caer hasta la última hoja de ese árbol que con el otoño se ha parado para como nosotros coger fuerzas en el remanso.
Ojalá el Gran Hombre Blanco recapacite y se vuelva humilde, humano, no se crea un Dios y esto podamos remediarlo. Y que después del otoño, el invierno dé paso a la primavera y ésa al verano y así para siempre y todos los años. Nosotros mientras, no consumamos más de lo acordado.
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