Valverdeño en la cumbre, subida al Mont Blanc
Javier Castilla quiere compartir con nosotros su experiencia como alpinista y nos relata sus sensaciones en la subida al techo de Europa.
Ahora que los recuerdos fluyen a flor de piel, quiero contaros esta historia, dura, aterradora, gélida y hermosa a la vez.

PULSA sobre la imagen para ver la galería
Para hablaros de mi aventura al Mont Blanc me tendría que remontar mucho tiempo atrás, hace 19 años, cuando todo lo que me rodeaba era mágico y dulce, viendo los documentales de Al Filo de lo Imposible con solo 10 años soñaba, con algún día trazar esos recorridos, esas aristas infinitas y esos abismos escalofriantes, y hoy después de tanto tiempo os puedo contar esta epopeya que ha marcado mi vida y mi existencia.
Eran principios de diciembre del pasado año, todo a mi alrededor se tornaba de un tono gris oscuro, quizás acentuado por el riguroso y frío invierno o quizás por mi estado de ánimo, fue entonces cuando volví a las notas del pasado a ese cuaderno con hojas en sepia donde un día plasme con un lápiz de grafito los sueños de aquel niño, aquel ilusionado, ese donde en su mente no tenía cabida el odio y la tristeza, de una sociedad cruel y avara que busca en el consumismo la razón de ser, dejando atrás lo importante que es la amistad y la ayuda, el esfuerzo y la ilusión por conseguir tus propios retos.
Por ello, puse rumbo a esa estrella, esa ilusión, donde triunfa la irracionalidad sobre la cordura, donde la aventura es parte del día a día y donde lo único importante es dar un paso más y vivir un minuto, un triunfo a la fuerza de voluntad, donde el tiempo se detiene donde cada metro es un kilómetro y respirar se convierte en suplicio de verdad.
Pero un lugar sobre todo acogedor inmenso excitante capaz de enamorar y amedrentar por igual, paredes colosales que te envuelven, miles de metros sobre tu cabeza y a tus pies, piensas como la naturaleza ha sido capaz de crear tal espectáculo, es una imagen que nadie que la haya contemplado podrá olvidar.
Y sí, han sido meses de duro trabajo de duro esfuerzo madrugones a la 6 de la mañana para ir a nadar y salir a correr días de frío a las 12 de la noche, todo por esa quimera, por cumplir un sueño, un reto, por colmar el ego personal, porque arriba no hay nada ni nadie, no cortas una cinta ni festejas con champán, solo la felicidad de saber que has realizado un camino duro y que has conseguido tu objetivo, pero con el condicionante que te tienes que bajar, como decía Walter Bonatti, subir es solo la mitad y la cumbre está en el suelo, junto a los seres queridos la gente que te aprecia y quiere de verdad.
Llegué a Chamonix, después de un trasbordo en Madrid y un paseíto desde Ginebra el Sábado 30 de Julio, me recibió una fría lluvia pero mi boca era incapaz de articular palabra, al contemplar atónito el espectáculo que se eleva a los pies de esta ciudad, marcada por el drama de la montaña y los éxitos por igual. Una cena rápida, prepara el equipo de escalada y a la cama pues mañana temprano saldría hacia la Mer de Glace (el mar de hielo) un glaciar de dimensiones descomunales que rematan en una cascada de cientos de metros, bloques de hielo seracs, piedras enormes arrastradas por la fuerza descomunal del hielo, pero para llegar a este mar primero tendría que descender casi 200 metros por un muro de piedra vertical, aunque bien protegido por cables y escalas.
Adentrarse en este universo de hielo es alucinante, grietas de cientos de metros donde solo ves oscuridad y no comprendes la fuerza del glacial hasta que ves bloques enormes de piedra de miles y miles de toneladas como se mueven metros y metros cada año, todo lo que me rodeaba era nuevo y generaba en mi asombro y miedo.
En un principio, no le das importancia a las grietas, hasta que escuchas a tu espalda un estruendo ensordecedor, y compruebas atónito como se hunden miles de toneladas de piedra y hielo por el que tú has pasado escasos segundos antes, es como si te engullera la tierra hacia el abismo de la oscuridad, te asomas y compruebas que ni siquiera ves el final.
En un primer instante nuestra idea era aclimatar en el Refugio de Concordia, situado en el margen derecho del glacial pero como todo no es como se ve en los mapas, después de varias horas intentando subir por una morrena de tierra y piedras, descubrimos que subir por allí sin material técnico es imposible y conseguimos contactar con el Refugio, el cual, nos confirma que los mapas estaban mal, pues hacia varios día se había producido una avalancha de roca , justamente por donde pisábamos, y había destrozado el acceso, solución, tres horas de caminata y una trepada de 400 metros hasta el Refugio de Requin, situado en el margen derecho de la cascada de hielo con unas vistas espectaculares y una encargada de custodiarlo atenta como ninguna, se encargo de indicarnos el camino y llamó a la policía Francesa la cual estuvo horas y horas sobre volando nuestras cabezas para comprobar que todo iba bien, así hicieron hasta que llegamos al refugio, la verdad que fue un gesto increíble y desde aquí se lo agradezco sinceramente.
La noche fue mágica y el amanecer mucho más al contemplar el Diente del Diablo, Las Jorrases, el Dru y todo ese glaciar.
Ya de vuelta a la civilización toca descansar pues al día siguiente emprenderemos nuestro primer gran objetivo, subir al Aguili du Midi 3800 metros que abre el camino al Mont du Tacul.
Lo más preocupante de este pico no es subir cualquiera que lo dese puede hacerlo, existe un teleférico que sube desde Chamonix hasta su cumbre, en nuestro caso, la situación era algo más compleja, teníamos que aclimatar para al día siguiente atacar la cumbre de Mont du Tacul de 4200, y por ello realizaríamos una caminata de varias horas por encima de los 3500 metros de altura y vérnosla con una arista de escasos 30 centímetros con un salto de casi 3000 metros.
Tras ésta, nos enfrentamos a un glaciar lleno de grietas pero fácil y llegaríamos al refugio de Cosmiques, un sitio alucinante con el Mont du Tacul a tus pies el Mont du Maudit, el Mont Blanc, el Gran Capuccini, y la caída del glaciar de Bossons hasta Chamonix, todo son superlativos para describir este lugar.
Era hora de irnos a la cama, pues a las dos tendríamos que partir rumbo al primer objetivo el Mont du Taccul, y el tiempo la verdad es que no era muy bueno, auguraban tormentas a principio de mañana pero de todos modos lo intentaríamos, los nueve españoles nos encordamos en grupos de tres, pues el riesgo de avalanchas era muy alto y la posibilidad que uno de los serac colgados del Taccul se precipitaran era alto, por ello decidimos ir tres cordadas de tres, en lugar de una de 5 y otra de 4, la razón es lógica si se caía algún serac solo arrastraría a 3 y no a 5.
La noche antes del ataque a la cumbre siempre son nervios, temiendo que el viento que soplaba en el exterior adelantara el cambio de tiempo y nos envolvieran las tormentas antes de alcanzar la cumbre.
Es la hora, te pones la frontal, los crampones, el piolet, te abrigas como puedes y emprendes ese largo caminar de horas y horas, de ganarle a la montaña centímetro a centímetro en busca de un sueño, la noche es fría, muy fría, nunca había experimentado tal dolor provocado por el frío, el cual se apresura a alcanzar cada centímetro no cubierto de piel, y los nervios siguen y siguen solo cuando pasan las horas y te centras en la respiración, ese jadear cansino es cuando estos empiezan a perder intensidad y comienzas a encontrarte contigo mismo, esa lucha infinita contra tu organismo, el cual te dice, date la vuelta ya, y tú le insistes en seguir un poco más, de subir un metro más del cual te bajarás igual pero habrás conseguido acercarte un poquito más, un paso que te aproxime a esa cumbre que tanto deseas y la que te ha tenido en vela noches y noches, como un amor que te quita el sentido y anula las ganas de comer y todo lo demás.
Ya ha amanecido son las 7 y las horas de esfuerzo ya hacen mella pero lo más duro es ver como se encapota el cielo y empieza a nevar, el viento es cada vez más intenso y casi no ves a tu compañero que se encuentra a escasos 10 metros de ti, si no te sujetas fuerte sales disparado, la ventisca se instala a escasos metros de la cumbre y no queda más remedio que continuar, como diría Pedro Pidal renunciar ahora sería cobardía manifiesta, hay que continuar.
Solo 7 metros me restan de la cumbre un resalte rocoso y ya está, por fin, después de tanto esfuerzo estoy en la cumbre.
Pero todo es rápido, llegas comunicas y para abajo, el frío es que pela y la bajada no va ser tan sencilla como en un principio parecía, en uno de los serac uno de mis compañeros de cordada resbala y se precipita al vacío, yo sobre un puente de hielo que permite el paso de una grieta sin fondo, solo puedo esperar y rezar para que el tercero pueda aguantar su caída si no es así los tres nos iremos al abismo, son segundos intensos en los que la vida pasa rápidamente delante de ti, ya está, el fin, añoras a tus padres, a tu familia, a tu hermano y las cosas que te quedan aún por realizar, no es miedo a morir sino a descubrir lo mucho que quieres a los tuyos, a las charlas al calor de un hoguera, a mi guitarra, mis amigos, banda, carnavales, paso, amigos de infancia, amores que no descubriré y besos que se quedarán por dar. Gracias a Cesar la cuerda se tensa y Javi vuelve a retomar la posición y la seguridad , aun con el miedo en el cuerpo sigues la bajada pues no te puedes parar.
Por fin el glacial, en cuestión de tres horas estaremos en el refugio y podremos disfrutar de este logro, este día solo nosotros nueve hemos conseguido cumbre en todo el macizo pero la suerte es desigual y mueren congelados dos alpinistas al intentar al alcanzar la cumbre del Mont Blanc.
De nuevo en Chamonix, las condiciones no auguran nada bueno jueves con nubosidad del 80 % y para el viernes nubosidad por la mañana y fuertes tormentas por la tarde el frente se aproxima y nos confirman que entrará.
Vuelvo a preparar la mochila, la ropa después de tantos días no se seca y menos con la espectacular nevada del día anterior, todo esta húmedo o mojado y los pies, llenos de ampollas, ya se resienten de las horas de caminata y escalada.
Pero una sonrisa se dibuja en mi rostro ha llegado el momento, la aclimatación es correcta y las sensaciones en la cumbre del Mont du Taccul fueron muy buenas y tengo muchos ánimos para intentarlo, saldrá bien o mal, y que lo peor sea volver a bajar para intentarlo otro año más
Viendo esta foto veo lo delgado que estoy, ahora ya en casa después de esta gran aventura compruebo que he perdido casi 6 kilos, pero no los cambio. Desde Chamonix cojo un tren de cremallera que nos subirá hasta el nido de Águilas con vistas impresionantes a la Aguja de Bionnassay, una mole de roca de casi 4000 metros con un filo de arista hasta su cumbre maravillosa , parece que la esculpieron a pico y pala porque es perfecta, una línea de hielo que sube hasta el cielo, algún día intentaré subirla.
El trenecito se para, era un antiguo proyecto de subir hasta la cumbre con él pero se quedó muy bajo, cuando me cargo la mochila en mi sufrida espalda, pienso, que pena que no lo terminaran, pues me restan muchas horas de subida hasta el Refugio de Gouter con sacos y tiendas de campaña a 3800 metros y casi 1500 de desnivel acumulado, la distancia en línea recta ni la quiero pensar.
Antes de llegar a Gouter nos queda uno de los pasos más peligrosos del recorrido, la bolera donde hace poco nos confirman que han muerto dos personas, es un canal de piedra que cae vertical casi 1000 metros y donde se canalizan todas las piedras del deshielo, el zumbido de las piedras es continuo y son escasos 30 segundos que se convierten en horas, aceleras, corres, para que ningún proyectil te alcance, quisiera no tener este lastre en la espalda y volar por encima de este canal para que no se cumpla el nombre con el que lo han bautizado, la bolera, lógicamente las piedras son las bolas y tu el bolo, pero todo sale bien y ya en la arista me empiezo a preocupar por otras cosas.
La subida al refugio consiste en una trepada de casi 1000 metros por una aérea arista, fácil, sobre todo, porque en lo que más experiencia tengo es en roca, pero muy delicada esta todo tapizado de hielo y patina bastante, con el rollo de que tenemos que ir rápido porque cae la tarde no nos encordamos y algunos pasos ves entre tus piernas los cientos de metros hasta el suelo, un resbalón sería fatal.
Por fin en el refugio, es amplio pero saturado de personas y la higiene no es muy buena aunque las vistas son alucinantes, son las nueve de la noche y me relajo contemplando el espectáculo que tengo ante mí, todo está bajo mis pies y puedo tocar casi con la mano cimas espectaculares, el mar de nubes se cierra y el sol se pone en el horizonte, es sobrecogedor.
Me voy a la cama pues tengo escasas tres horas para descansar antes de volverme a vestir y partir para la cumbre, a las 12 comienza la vigilia, que pasará…
No he dormido repaso en mi mente la ruta, sería capaz de realizarla casi con los ojos cerrados. Todo trascurre lentamente primero el Dome de Gouter hasta alcanzar los 4000 metros de aquí bajamos hasta un collado a 3800 metros y luego una rampa infinita hasta la afilada arista de la cumbre, son horas de dolor intenso, nunca lo he pasado tan mal, nunca había tenido tanto y tanto frío, las manos casi no me responden y tenemos que hacer una parada en una caja de chapa, porque realmente esto no es otra cosa, que eso, un chapón a 4400 metros y retomar un poco la respiración y el calor, fuera 20 bajo cero nos esperan, son momentos en los que lo único que quieres es renunciar y que finalice este suplicio eterno, son momentos de dudas, de podré o no podré, y te agarras con fuerza a ese paso cansino, a ese respirar jadeante, a los recuerdos, a los sueños, a los amigos, a tu familia, a esa gente que han creído en ti, a ese amor incapaz de controlar, a ese deseo sobrenatural, a esa pasión que todo puede superar, a esa huella infinita que sigues, a esa cuerda helada que te une a la vida, a la luna de la noche que se oculta entre las nubes, quizás prefiere no mirar porque esto no es racional esto es una locura, se vienen a la mente boleros y canciones, las cuerdas de la guitarra de mi hermano, el cariño de mis padres, el primer beso, amores perdidos y sueños de juventud,…
Pasan las horas y esa afilada arista, que no son más de 30 centímetros, no cesa ni un instante, los pies se aferran al suelo con el máximo cuidado, pues a ambos lados el abismo.
La nieve y el viento, se precipitan sobre uno mismo, tengo todo helado noto mi sudor como se congela en cada descanso que hago, y cuando vuelvo a andar se rompe en mil pedazos, mi cuerpo está cubierto de escamas de hielo, y noto como mi pelo y cejas están recubiertas de ese inmaculado manto blanco, aguanta, aguanta un poco más ya no queda nada, en unas horas podrás descansar, …… y por fin la tensión de la pendiente cesa y ese subir se convierte en un ínfimo rellano, ya está, sí, lo has conseguido, la cumbre del Mont Blanc; te abrazas a ese compañero que te ha escuchado suplicar por bajarte, a ese amigo que te ha animado para que no te rindieras que pronto cesaría este suplicio infernal, te abrazas y lloras a radiar, pero mis lagrimas se hielan y caen sobre la fresca nieve junto a ella se unirá y algún día dentro de cientos de años por las morrenas del glacial de Bosson se descongelarán.
Javi venga, hay que bajar, las condiciones son muy duras y tenemos que descender rápidamente, la bajada es delicada y por fin a en la caseta de chapa (Refugio Vallot) podemos comer algo y descansar.
Tras pasar el Dome de Goutte el tiempo se despeja y veo un espectáculo cientos de metros ante mí,…
Todo termina y conseguimos descender sanos y salvo hasta Chamonix, ha sido una experiencia maravillosa, subir al techo de Europa Occidental solo es cuestión de ganas y deseo, no es nada sobre natural, en la vida todo lo que te propongas si lo deseas de corazón tarde o temprano se conseguirá….
Gracias porque este sueño no es solo mío, es de todos…
|