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A la memoria de D. Diego Romero Pérez, mayordomo perpetuo, instigador de la construcción de la ermita, valverdeño ilustre.
Historia de una ermita III
D. Diego, la semilla que dejaste germinó en nuevos granos que engrandecieron tu legado y el de todos los que lo hicieron posible junto a ti.
El próximo, 27 de febrero, la ermita acogerá de nuevo, sólida y remozada, a los verdaderos inquilinos de la misma.
Currículo del Mayordomo Perpetuo D. Diego Romero Pérez (Boletín de la Hermandad de nazarenos de N.P.J. de las Tres Caídas y Primitiva Cofradía -1791- de JHS del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad, Año II Nº 3, primavera de 1991, Extraordinario, en homenaje a Diego Romero Pérez).
I El hombre
Nació en Valverde, el 1 de enero de 1913, en el número 24 de la calle Peñuelas, hijo de Diego Romero Bernal y de Andrea Pérez Huerta. Su padre tenía una banquilla de zapatero con cierta holgura de personal, casi una veintena entre oficiales, aprendices y aparadoras, que le llevó, en un afán de progreso, a crear el 12 de octubre de 1918, con Francisco Becerro Feria y José María Vázquez León, como socios industriales, y con José Manuel Villadeamigo Santos, Rafael Fleming Zarza y Juan Rodríguez Morián como capitalistas, una fábrica de calzados totalmente mecanizada en el edificio que luego ocupó Marval, nombrada al principio Romero, Becerro y Compañía; transformándose luego, con su salida, en Industrial Valverdeña, S. A., INVAL.
Aprendió a deletrear y hacer palotes en el Colegio de las Salesianas con una monja italiana que apenas chapurreaba el español, Sor Amalia, completando su enseñanza primaria con un inolvidable maestro, D. Francisco Romero Sánchez. Estudió Humanidades desde los diez a los quince años, primero en la Preceptoría de Valverde – profesor, D. Manuel Carmona Saborido- y, luego, en el Seminario de Sevilla, donde también hizo un curso de Filosofía Eclesiástica, recordando una de las cabezas más lúcidas que ha conocido en su vida, el villamanriqueño D. Miguel Bernal Zurita. Huésped de su tío José Manuel, párroco de la Concepción, en Huelva cursó el bachillerato en su instituto siendo alumno de los profesores Félix Andolz, Amós Sabrás Gurrea, Enrique González Sicilia, José Marchena Colombo, José Pulido Rubio y, becario de la Diputación de Huelva. Primero por libre, pasó el primer curso de derecho en la Universidad de Sevilla y los demás, oficialmente, en la Universidad Central de Madrid, simultáneamente con los de filosofía. Entre sus profesores, Enrique Ramos, Nicolás Pérez Serrano, Felipe Clemente de Diego, José Gascón y Marín, Luis Jiménez de Asúa, Xabier Zubiri, José Ortega y Gasset, Manuel García Morente y Juan Zaragüeta. Entre sus condiscípulos de Filosofía, Luis Díez del Corral, Emilio Garrigues Díaz-Cañavate, Antonio Rodríguez Huéscar, Carmen Echevarría, Julián Marías y Carmen Castro.
La guerra Civil le sorprendió en Santander, como becario de la Universidad Católica de Verano, incorporándose al bando vencedor cuando se tomó Bilbao, en Junio de 1937. Integrado en el equipo de propaganda que dirigía en Sevilla Carlos Ollero Gómez, durante varios meses, en el verano de 1938, se incorporó al frente de Extremadura como zapador minador, terminando la contienda de Alférez Provisional de Infantería. Destinado en junio de 1939 a la sección de Defensores de la Auditoría de Madrid, preparó la defensa, entre otros muchos, del poeta Miguel Hernández, aunque no pudo estar en el juicio oral por haberse licenciado y retirado a Valverde para preparar oposiciones a Notarías. Ganadas éstas, desde 1942 a1985, ejerció en Valverde del Camino, Villalón del Campo, Villanueva de la Serena, Alberique, Linares, Granada, Barcelona y Sevilla. Casado con Felisa Mantero Batanero tuvo cuatro hijos: Diego Félix, Andrés Bruno, José Luis y Soledad.
En esta trayectoria vital ha tenido acceso al conocimiento o la amistad de algunas figuras históricas como Juan Ramón Jiménez (1936), Miguel Hernández (1939), Daniel Vázquez Díaz (sobre 1950), Adriano del Valle (sobre 1954). En la comida homenaje que se le dio en el restaurante “El Púlpito” de la Plaza Mayor de Madrid, figura una lista interesante de asistentes: Eugenio D’Ors, Octavio de Romeu, Pedro Mourlarne Michelena, Claudio de la Torre, José Aguilar, Antonio Marichalar, Federico de Urrutia, Romley, Manuel Halcón, Juan Cabanas, Manuel Augusto García Viñolas, José de Orta, Antonio Tovar, Álvaro Cunqueiro, Pedro Pruna, José Caballero, Pablo Sebastián y Juan José Romero Escassi. En 1971, a través de la amistad con su cliente y amigo de Barcelona, D. Manuel Pallarés Grau, de la intimidad del genial pintor, estuvo en la atención de Pablo Picasso.
II El valverdeño
Ganador en diciembre de 1948, en pleno auge franquista, de las primeras elecciones convocadas, como cabecera de una candidatura de oposición a la oficialista-franquista, que se coció en el Club de los XX del Barrio de Santa Ana, y, dueño de la mayoría de concejales, tuvo que ser nombrado, para obviar la gobernabilidad del pueblo, alcalde por el Ministerio de la Gobernación, desempeñando el cargo desde el 6 de febrero de 1949 hasta el 21 de junio de 1950, en que por chocar públicamente con el gobernador falangista Heliodoro Fernández Cánepa fue defenestrado.
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Durante su mandato, bien corto, urbanizó el Valle de la Fuente; afrontó el problema de los Baldíos de Niebla; impulsó las obras de la escuela Nacional de Zapatería, lograda por su iniciativa al Jefe Nacional del Sindicato de la Piel, Arcadio Carrasco Fernández-Blanco; dio solución para el problema jurídico de la Dehesa de los Machos, haciendo que su Junta Administradora, bajo su presidencia, cediera al Ayuntamiento el Dique de los Silillos, base del proyecto de abastecimiento de aguas y saneamiento que redactó el ingeniero D. José Ramón Sánchez Fuentes; se creó la Biblioteca Municipal José Nogales editando a su inauguración, el 31 de Diciembre de 1949, “Las Tres Cosas del Tío Juan” en cuidada impresión bajo su dirección, en la imprenta de Diego Fernández de Valverde; puso la primera piedra del renacimiento musical de Valverde contratando como maestro de la Academia Municipal de Música a D. Manuel Lama, recomendado por D. Norberto Almandoz, Director del Conservatorio de Sevilla y donde fue su discípulo Antonio Garrido Gamonoso, creador de nuestra Coral.
Tomó sobre sí la angustiosa situación de las casi cien familias campesinas valverdeñas que habitaban desde siglos en Candón, acogotadas en su espacio vital por la férula de un propietario beacino, derivado de la desamortización, logrando que el consejo de Ministros, del 7 de noviembre de 1952, decretase la expropiación por interés social, lo que resolvió el problema.
Estudioso a fondo de toda la documentación histórica del secular litigio de los derechos de Valverde en los Baldíos de Niebla, el 28 de Marzo de 1956, publicó su libro “Un Pueblo Colonizador”, básico para el pleito ganado a Niebla, aunque nunca estuvo conforme con los términos de la transacción que lo terminara. Fue, a su juicio, una ocasión histórica desperdiciada.
III El feligrés
Dos veces, en 1937 y en 1956, fue Hermano Mayor de la Cofradía de la Virgen del Reposo, con publicación de pliegos que lo recuerdan.
Colaboró activamente en la organización, del 27 al 31 de diciembre de 1944, codo con codo, con D. Jesús de Mora, de la Asamblea Eucarística Regional del Arciprestazgo de Valverde del Camino. En su casa de la calle del Duque se expuso la Custodia de plata de la Parroquia de Santa Ana de Triana, de la que era titular el valverdeño D. José Arroyo Cera, que lució sobre los respiraderos del paso de La Virgen de la Soledad, en la magna procesión de clausura. A su cargo corrió la impresión de toda la propaganda y, especialmente, el montaje de la gran fiesta litúrgico-musical en el teatro Zarza Mora y, la representación por el TEU de Sevilla, que dirigía Luis González Robles, del auto sacramental de Calderón de la Barca “El Gran Teatro del Mundo”.
En 1948 propuso al párroco, D Jesús Mora, que Juan Antonio Rodríguez Hernández, pintor sevillano, premio Gonzalo Bilbao, confeccionara ocho cuadros al óleo para los huecos del Altar Mayor, que costearon diversos donantes. Posteriormente, se completaron con dos grandes lienzos: el de “La Dormición de la Virgen”, pagado por Manuel Mora y Mora en su herencia, y donde aparecen las testas del donante, de su hermano D. Jesús y el propio Diego Romero, que pagó el de “La Asunción de la Virgen”, con el retrato en uno de sus ángeles de su hija Soledad. Él es un “feligrés” que escribe en el “Valverde en fiestas”, de 1949.
El mismo año 1948, por su iniciativa, siendo Gerente de la Cerámica Montalbán de la calle Alfarería de Triana, don Ignacio Gómez Millán, el escultor Luis Ortega Brú, autor del paso de misterio de Santa Marta de la parroquia de San Andrés de Sevilla, esculpió un Vía Crucis que se plasmó en barro cocido, policromado y estofado en oro fino por el dorador Antonio Sánchez. Lo regaló su madre Andrea Pérez Huerta y lo erigió, con la datación de las indulgencias propias de la devoción, el franciscano Fray Carlos G. Villacampa. Todo ello constaba en una cédula ricamente enmarcada con el nombre de la donante en una escueta línea debajo de la primera estación. En un zafarrancho de limpieza ordenado en 1976 por el párroco, D. Domingo Martín Martín, el cuadrito fue arrojado a la basura. Donde lo recogieron y entregaron al promotor de la obra las manos cariñosas del sacristán, Manuel Villegas Parreño “Castulillo”, esperando que algún día la parroquia repare la grosera injusticia.
Atendiendo a los deseos de Manuel de Mora y Mora, hermano de D. Jesús, se cuidó de la confección de un rico palio para la hermandad Sacramental, encargado el tisú de plata de que está hecho a la fundación Generalísimo Franco, que tenía sus talleres en El Pardo y, su tienda en la Plaza de la Puerta de Alcalá de Madrid. Se tejió expresamente para la obra, diseñada en el dibujo por D. Ignacio Gómez Millán y bordada en oro fino por la sevillana Rosario Téllez, que ya había estado en Valverde. El donante no pudo ver terminado su regalo completo –aunque sí algunas de sus partes- estrenándose el Jueves Santo de 1952, liquidando su coste a Diego Romero el heredero Juan Mora Arroyo.
En 1953, cumpliendo una promesa colectiva de los Valverdeños de Candón, llevó como Hermano Mayor a la Hermandad de la Virgen del Rocío, con veinticuatro carros por las arenas, hasta el Santuario.
IV El cofrade
En 1935 presidió la Comisión de Cofradías –Capiruchos Blancos y Negros unidos-, como unidos salían en todas las procesiones que, suspendidas por el ayuntamiento republicano, salieron gracias al gesto liberal de un alcalde tolerante, Francisco Romero Vélez.
Formaban parte de aquella Comisión: Francisco Becerro Ramírez, activo corresponsal con Diego Romero, que estudiaba en Madrid, Manuel Mantero Lorca, Manuel Mora Márquez y Pedro Salaya Mantero. Rosa Rite e Ildefonso Valero organizaron las clásicas “comedias” para recaudar fondos. José María Vizcaíno, en su lagar de la calle arriba, nos fundió la cera para nazarenos y pasos. Se estrenó la Cruz de Guía de caoba con incrustaciones de plata, fabricada en los talleres que el sacerdote D. Félix Granda, tenía en los Altos del Hipódromo en Madrid. Se publicó una revista y los oficiales lucieron por primera vez capas sobre túnicas.

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V El escritor
Además de “Un pueblo colonizador”, tiene publicados “Por el Amor y la libertad”, en 1975, “Pregón de San Juan Bautista”, en Alosno; “Entre la nostalgia y la esperanza”, en 1984, presentación del libro “Historia de la Parroquia de Nuestra Señora del Reposo”, de D. Francisco Arroyo Navarro. Ha dirigido cuatro revistas: “Semana Santa”, en 1935, impresa en Madrid; “Pax”, en 1943; “Historia de una Ermita”, en 1961, y “Club de los XX”, en 1971, amén del “Boletín de la Nueva Ermita”, a partir de 1952, todas ellas en la prensa del valverdeño, Diego Fernández Romero. De su pluma han salido numerosos textos de los recuerdos de la Hermandad; colaboraciones en la revista local “Facanías” y, cultivado también poesía. Obsequiaba todos los años con algún motivo del género a sus amigos en la Navidad y, en las voces de la Coral, ha paseado por el mundo, con música de su sobrino, Diego Romero Álvarez, en tono de habaneras, su retrato lírico de Valverde que ha logrado fortuna:” Valverde con un pie sobre la sierra”.
VI. El mayordomo
Instalado en Valverde, en su primera Notaría, reanudó su tradición capiruchera, que venía desde 1935, tomando sobre sí el empeño de refundar la Cofradía de los Negros, que fue siempre la habitual en su familia, encabezándola con la titularidad de Nuestro Padre Jesús de la Tres Caídas, el Señor del Santo –salvado milagrosamente de la hecatombe de 1936- con la renovación de la antigua cofradía de Jesús del Santo Entierro y María Santísima de la Soledad, que existía en la parroquia desde los postreros años del siglo XVIII. Entre los nombres de los renovadores están: Manuel Pernil Cortés, Manuel Romero Pérez, José y Diego Rodríguez Varón, Manuel Medina Mora, Salvador Pedrero Mora, Augusto Arroyo Calleja, Manuel Hidalgo Domínguez, Cándido y Juan Domínguez Lorca, Rafael Mora Márquez, Telesforo Pernil Lorca, Salvador Villadeamigo Gómez, Fernando Borrero Vizcaíno, José y Francisco Castilla Bermejo, Manuel Asuero Núñez, Leandro Mora Pérez, Enrique Domínguez Ramírez y Nicolás Hidalgo Gómez.
La cosecha recogida en estas décadas ha sido copiosa. Los nuevos pasos, las renovadas imágenes, el esplendor litúrgico de los quinarios convocados y recordados en bellas muestras impresas, el esfuerzo de poner en pie la nueva ermita, el logro de la barriada que la contornea y, por la gracia de Dios, el acicate inmarchito de futuras realizaciones: la fachada del templo, la cripta con el columbario, la Casa-Hermandad y urgir a la administración la prometida plaza del Santo para que decore finalmente esa cima señera de Valverde.

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