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En el Raval de Barcelona, Dos Palillos ha consolidado una manera propia de entender la cocina panasiática: técnica japonesa, ingredientes mediterráneos y servicio desde una barra que sitúa a los comensales frente al laboratorio. Reconocido recientemente con 2 Soles en la guía 2026, el restaurante de Albert Raurich y Tamae Imachi sigue marcando la agenda gastronómica de la ciudad.
Más que una carta, Dos Palillos es un proyecto de investigación que fusiona memoria, experimentación y pulso contemporáneo. Su propuesta no se limita a platos llamativos: busca explicar procesos (fermentaciones, secados, dashi, deshidrataciones) y mostrar cómo técnicas tradicionales del este de Asia pueden dialogar con productos locales.
De El Bulli al Raval: una herencia en evolución
Raurich trae consigo la influencia de su paso por El Bulli, pero aquí esa herencia se convierte en base para nuevos estudios culinarios: viajes a Japón, contactos con escuelas como Hattori y el intercambio con restaurantes como Miibu de Tokio han alimentado una narrativa propia. El prólogo de Ferran Adrià en el libro del restaurante subraya esa continuidad intelectual.
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La cocina de Dos Palillos se disfruta desde una barra rectangular de 18 plazas donde el equipo —con Marc Comella como brazo visible— trabaja en directo. Esa cercanía transforma la comida en una sesión pedagógica: se ve, se explica y se saborea.
Qué sirve la barra: platos y técnicas que merece conocer
El menú único se declina en dos fórmulas pensadas para ofrecer recorrido y matices: una opción base y otra ampliada con extras y propuestas más exclusivas. Tamae Imachi coordina la selección de sakes, que hoy incluye alrededor de 40 referencias premium.
- Dos Palillos — menú de 18 pases (aprox. 140 €).
- Tokusen — versión ampliada: 18 pases + dos platos extra (aprox. 175 €).
- Maridaje de sakes — oferta exclusiva (aprox. 90 €), con etiquetas seleccionadas por Tamae.
- Local — barra con 18 asientos; también barra de sakes en la entrada y servicio a la carta.
Entre los bocados que definen el recorrido hay apuestas claras por la técnica y la memoria: un nigiri bautizado como “piel de tigre” que remite a una anécdota histórica; un milhojas de yuba y yuzu que explora texturas lácticas; una croqueta que se transforma en mochi con jamón ibérico; y una lámina de wagyu A5 planchada con trufa laminada, donde la grasa se administra con criterio para no perder textura ni aroma.
También destacan los trabajos de conservación: una anchoa tratada a partir de un arroz fermentado durante dos años con koji, y la recuperación del nare sushi como referencia histórica de conservación. En paralelo, técnicas japonesas ancestrales como el haiboshi (deshidratación en ceniza volcánica) o el oden reinterpretado con morro de cerdo ibérico dan cuerpo a la propuesta.
Un relato que explica lo que se prueba
Más que sólo sabor, Dos Palillos explica motivos: por qué una técnica funciona con cierto producto, cómo la estacionalidad se mide tanto por disponibilidad como por el tiempo de curado necesario, o por qué un aceite de oliva puede aparecer —por primera vez en el restaurante— para suavizar una salsa tradicional como el shiokara.
Ese enfoque reflexivo obliga al comensal a ajustar expectativas: aquí hay platos para repensar prejuicios —por ejemplo, un pollo servido casi crudo en diferentes texturas— y combinaciones que trabajan el recuerdo y la novedad al mismo tiempo.
La selección de bebidas acompaña esa lectura. Desde sakes con fuerte presencia de umami hasta vinos frescos y de extracción contenida, la carta busca armonías que expliquen cada etapa del menú.
Platos a destacar
- Pastilla congelada de matcha y ginebra — arranque fresco y refrescante.
- Dashi de pollo y toribushi — una reinterpretación del katsuobushi aplicada al ave.
- Black shiokara — calamar con salsa negra de tinta y restos interiores, preparado con una sensibilidad poco habitual.
- Wagyu A5 con trufa — planchado preciso para conservar grasa y jugosidad.
- Hakosushi de caviar y matcha — sushi prensado en molde, versión extremadamente refinada.
La experiencia no pretende ser sorpresa por la sorpresa misma; busca coherencia. Muchos platos nacen de pruebas largas: Raurich y su equipo generan decenas de propuestas nuevas cada año, pero mantienen una estructura que prioriza el aprendizaje y la expresión de cada ingrediente.
Práctico para el lector
Si quiere reservar o visitar, conviene planificar con antelación: la sala es pequeña y la experiencia se sirve en bloque. Además de las dos opciones de menú, la barra de sakes permite acercarse a la carta sin optar por el menú completo.
- Dirección: Carrer Elisabets, 9, Barcelona.
- Teléfono: 933 04 05 13.
- Capacidad: barra principal de 18 asientos; también servicio a la carta en barra de sakes.
Visitar Dos Palillos hoy implica acercarse a una cocina que no renuncia a la tradición asiática ni a la experimentación local. Es una cita recomendada para quienes buscan entender cómo se construyen platos que funcionan tanto en el paladar como en la cabeza: técnicos, reflexivos y claramente vinculados al presente gastronómico de Barcelona.












