Obispos de Ávila y su capricho

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En lo alto de un valle abulense, entre encinas monumentales y rocas talladas por el tiempo, se encuentra Bonilla de la Sierra, un pueblo que conserva huellas de un pasado que llegó a marcar la historia de Castilla. Hoy, con menos de 150 habitantes, la villa combina ruina y recuperación: su patrimonio y las iniciativas locales la colocan como destino de interés para quienes buscan historia viva y paisajes serranos, especialmente en fechas señaladas como la Semana Santa.

Un pueblo que fue capital estival del obispado

La fortaleza que domina Bonilla se levantó tras la cesión de la villa a la diócesis de Ávila en 1224. Desde entonces, la localidad se transformó en residencia veraniega de los obispos y en centro de un señorío eclesiástico con notable peso administrativo.

Su relevancia aparece en episodios documentados: fue sede de sínodos en la Baja Edad Media y, en la década de 1440, la torre principal acogió al rey Juan II durante un conflicto nobiliario que incluso concluyó con la celebración de las Cortes en la propia villa.

De esplendor a cantera doméstica, y un intento de vuelta

Aunque hoy parece un conjunto abandonado desde hace siglos, muchas de las modificaciones visibles datan de los siglos XVII y XVIII. El declive y el expolio llegaron en el siglo XIX con las desamortizaciones: piedras y elementos decorativos del castillo-palacio fueron reutilizados en fachadas y viviendas del pueblo.

En años recientes han surgido gestos de recuperación: las jornadas de puertas abiertas del castillo permiten ver la torre del Homenaje —con restos de frescos de temática caballeresca— y la oficina de turismo trata de impulsar la devolución o la reproducción de obras dispersas, como una tabla llevada a Basilea que los responsables locales esperan recuperar o reproducir próximamente.

Recorrer el pueblo

El acceso habitual se realiza por la última de las antiguas puertas, la llamada puerta de Piedrahíta. Desde ahí arranca un recorrido corto que combina arquitectura popular y vestigios nobles: escudos empotrados en pórticos, relieves góticos reaprovechados en fachadas y paneles explicativos instalados en puntos clave.

Muy cerca, el pozo de Santa Bárbara es una curiosidad hidráulica: una galería de 24 peldaños y ocho arcos que conduce al agua. Según la responsable de la oficina de turismo, Julia Blázquez, los días claros en los que la luz alcanza el brocal ofrecen una estampa especialmente fotogénica.

La joya religiosa

En la plaza porticada se alza la colegiata de San Martín de Tours, templo gótico tardío cuyo interior conserva retablos y tablas de los siglos XV y XVII. Destaca la capilla de los Chaves y las series pictóricas dedicadas a la vida de San Martín, restauradas y colocadas en el altar barroco del siglo XVII.

Los visitantes e historiadores echan de menos obras ahora fuera, y el Ayuntamiento continúa negociando préstamos o reproducciones para completar el discurso museográfico del templo.

Paisaje, arqueología y tradición viva

Bonilla se asienta a más de 1.000 metros en el valle del Corneja, en un entorno de dehesa, praderas y roquedos graníticos donde aparecen altares y necrópolis rupestres, algunos con orígenes en el Neolítico. Esa mezcla de naturaleza y memoria ancestral se materializa también en su calendario festivo.

La Semana Santa local conserva rituales singulares: la procesión de los Negros, con apenas tres nazarenos, es considerada la manifestación etnográfica más singular de la villa y un ejemplo de cómo la identidad colectiva se mantiene en comunidades muy pequeñas.

Información práctica y recomendaciones

Elemento Dato Por qué importa
Altitud ≈ 1.000 m Clima y vistas que definen el paisaje serrano
Población Menos de 150 habitantes Ambiente rural y trato cercano
Acceso Carretera comarcal desde la nacional Ávila–Plasencia Carretera estrecha; recomendable vehículo ligero
Visitas guiadas Organizadas por la oficina de turismo Explican leyendas, arquitectura y piezas dispersas
Servicios Pequeña oferta local; el Ayuntamiento planea un parking para caravanas Medida pensada para facilitar el turismo de naturaleza

  • Torre del Homenaje: fresco y arquitectura representativa.
  • Pozo de Santa Bárbara: ingeniería medieval con valor etnográfico.
  • Colegiata de San Martín: retablos y tablas del gótico tardío.
  • Mirador junto a la sierra de Villafranca: la postal clásica del pueblo.

Si planifica la visita, conviene informarse de las fechas de apertura del castillo y de las jornadas culturales organizadas por el Ayuntamiento. Las acciones municipales recientes y las campañas de conservación han aumentado las posibilidades de ver lugares que hasta hace poco estaban cerrados al público.

Bonilla de la Sierra es, en definitiva, un lugar donde la historia —desde la prehistoria rupestre hasta la política eclesiástica de la Edad Media— convive con iniciativas contemporáneas que buscan salvaguardar y poner en valor el patrimonio. Para viajeros interesados en historia, paisaje y tradiciones poco vistas, ofrece una experiencia compacta y próxima.

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