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Esta primavera, Los Confites —una granja ecológica en Jarandilla de la Vera— vuelve a ser destino para quienes buscan comida hecha con productos de la propia tierra y un entorno que cambia con las estaciones. Además de su propuesta gastronómica en fin de semana, la familia detrás del proyecto prepara novedades que lo convierten en un lugar a seguir durante 2026.
María Franco y Javier Arenzana compraron la finca en 2017 atraídos por el paisaje y los manantiales que la alimentan. Lo que empezó como la búsqueda de una casa con huerto se transformó en una explotación orgánica de seis hectáreas donde conviven huerto, corrales y antiguos secaderos rehabilitados.
Un entorno que marca la experiencia
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El acceso a Los Confites se hace por una carretera comarcal entre Jarandilla y Talayuela; parte del trayecto es asfaltado y otra parte de tierra compacta que atraviesa robledales, lagunas y pastos. Desde la terraza se contempla la falda de la Sierra de Gredos, que esta temporada todavía muestra restos de nieve en las cumbres mientras la primavera pinta los valles de múltiples verdes.
En la finca, los jardines y las estancias restauradas invitan a la calma: patios de piedra, flores recogidas del campo y rincones con chimenea que prometen atractivo también en meses fríos. Dos perros reciben a los visitantes con tranquilidad, y el conjunto tiene una sensación doméstica que la propiedad cuida con naturalidad.
De secaderos a salas con vida
Los antiguos secaderos de pimiento y tabaco han sido reconvertidos para usos hosteleros y de acogida. Bajo la intervención del arquitecto que asumió la reforma, los espacios conservan detalles tradicionales —ladrillos orientados para favorecer la ventilación, aberturas que dejan pasar luz filtrada— y se han adaptado con mobiliario, estanterías de libros y chimeneas que respetan el carácter rústico.
En una de las construcciones, bautizada por sus responsables como la “Casita de la Parra”, se dispone parte del servicio en terraza con vistas al huerto; en otra se ha creado una sala amplia pensada para reuniones y temporadas más frías.
La transformación mantiene el equilibrio entre conservación y funcionalidad: el pasado agrícola aparece como elemento estético y práctico dentro de la experiencia para el visitante.
Un bufé que parte de lo propio
El formato elegido es el de bufé libre: los comensales se sirven de una selección de platos que priorizan ingredientes de la finca. La hija del matrimonio, Lucía, lidera la propuesta culinaria combinando productos del huerto, huevos de su propio gallinero y elaboraciones artesanas.
Ejemplos recientes del menú salado incluyen arroces aromáticos con semillas, hortalizas asadas y huevos revueltos; en la vertiente dulce hay yogur artesanal con granola casera, bizcochos con cítricos propios y galletas que suelen ser las protagonistas. Mantequillas, mermeladas y pan de masa madre completan la oferta.
Además, para algunos insumos recurren a productores locales: miel de colmenas próximas o carne de ganaderías vecinas contribuyen a cerrar el circuito de proximidad.
- Qué ofrecen: brunch en primavera-verano; almuerzo en otoño-invierno; bufé con productos de la huerta.
- Superficie: aproximadamente seis hectáreas con caminos, huerto y espacios de paseo.
- Horario actual: operativo principalmente los fines de semana.
- Dirección y contacto: Jarandilla de la Vera (Cáceres). Teléfono: 615 64 71 84.
- Próximo paso: proyecto de alojamiento con bungalows distribuidos por la finca.
La trayectoria profesional de Lucía aporta un matiz moderno al proyecto: se formó en el Basque Culinary Center, trabajó en cocinas fuera de España y desarrolló una marca propia de cerveza artesanal llamada Luk. Esta primavera de 2026 culmina otra etapa: la apertura de un pequeño restaurante en Madrid donde pretende combinar cerveza y gastronomía en una carta reducida y cuidada.
Mientras tanto, Los Confites mantienen la actividad en el campo durante los fines de semana, con la mirada puesta en ampliar la oferta: el arquitecto encargado del nuevo proyecto de alojamiento está definiendo cómo integrar varios bungalows entre los árboles para que los visitantes puedan pasar la noche y desconectar.
Además de comer, los visitantes pueden pasear por los senderos que cruzan la finca, visitar el gallinero, saludar a los burros y detenerse junto a pequeños altares rurales o miradores hacia la sierra. Las fotos captan parte del lugar, pero la sensación completa —el olor a tierra, la luz en las paredes y el silencio del paisaje— sólo se aprecia al estar allí.
Si busca una escapada rural con cocina de proximidad y un entorno que cambia con la estación, Los Confites ofrece una experiencia directa con la tierra, todavía en expansión y con nuevas propuestas por venir.












