El Niño aumenta riesgo de incendios y provoca alertas globales

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Un nuevo análisis del Imperial College London sitúa a El Niño en el centro de las alarmas climáticas: los científicos alertan que la combinación del fenómeno con el calentamiento global podría desencadenar una temporada de incendios excepcional en 2026, afectando desde Australia y el noroeste de Norteamérica hasta la Amazonía. Esta previsión importa hoy porque ya se han registrado cifras inéditas en lo que va de año y porque las decisiones políticas tomadas ahora definirán la capacidad de respuesta en los próximos meses.

Datos recientes y por qué importan

En los primeros meses de 2026 se han quemado más de 150 millones de hectáreas en todo el planeta, según compilaciones de expertos. Esa superficie supera en más del 20% los valores máximos observados desde 2012 y sitúa la crisis de incendios en un umbral nuevo y preocupante.

La gravedad no es solo una estadística: implica humo que alcanza ciudades lejanas, pérdidas agrícolas, desplazamientos de poblaciones y presiones claras sobre los servicios sanitarios y las aseguradoras.

Regiones en mayor tensión

Las proyecciones científicas indican que el fenómeno conocido como El Niño puede intensificar las olas de calor y reducir las lluvias en áreas clave, creando condiciones favorables para el inicio y la rápida propagación de fuegos.

  • Australia: temores a repetir episodios extremos similares al «Black Summer», con protocolos de emergencia ya reforzados.
  • Noroeste de Estados Unidos y Canadá: suelos y bosques más secos y altas temperaturas aumentan la posibilidad de incendios de gran escala.
  • Amazonía: menos lluvias, deforestación y calor podrían acelerar fuegos en un bioma clave para la regulación climática global.
  • África y Asia: continentes con focos masivos este año; en África se concentró la mayor parte de la superficie quemada.

Distribución y tendencias globales

Los datos desglosados por continente muestran un desequilibrio marcado: África concentra una parte muy elevada de la superficie afectada —aproximadamente 85 millones de hectáreas— mientras que Asia registra cerca de 44 millones. En varias áreas del noroeste de China se han documentado incendios de una intensidad sin precedentes en la era moderna.

Estos episodios no son homogéneos: algunos empiezan como pequeños focos y se convierten en megaincendios en horas, impulsados por vientos, sequías y vegetación extremadamente seca.

Cómo amplifica el cambio climático el peligro

Investigadores advierten que El Niño actúa sobre un planeta ya más cálido por la actividad humana. Según la comunidad científica, la acumulación de calor en la atmósfera alarga y endurece las condiciones secas, reduciendo la humedad del suelo y transformando bosques en combustible.

Friederike Otto, especialista en ciencia climática, recuerda que El Niño es un ciclo natural, pero que sus efectos se multiplican por el trasfondo del calentamiento global: olas de calor más intensas, estaciones secas más largas y, por tanto, incendios más frecuentes y virulentos.

Impactos concretos para la población y la economía

Las consecuencias son múltiples y tangibles:

  • Salud pública: aumento de problemas respiratorios y cardiovasculares por la exposición al humo.
  • Daños económicos: pérdidas en agricultura, turismo, infraestructura y suministros energéticos.
  • Seguro y financiación: zonas que antes se aseguraban ahora son clasificadas como de alto riesgo.
  • Biodiversidad: hábitats destruidos y especies en mayor riesgo de extinción.

Además, los incendios liberan grandes cantidades de CO₂, cerrando un círculo en el que más emisiones contribuyen a más calentamiento y a una mayor probabilidad de nuevos fuegos.

Respuesta política y retos

Expertos critican un retroceso en compromisos climáticos en varios gobiernos, justo cuando la prevención y la adaptación requieren inversiones sostenidas. La insuficiente financiación para vigilancia temprana y gestión forestal en regiones vulnerables limita la capacidad de contener incendios al principio, cuando aún son manejables.

Sin coordinación internacional, advierten los científicos, será muy complicado mitigar un fenómeno de alcance global.

¿A qué debemos prestar atención en los próximos meses?

Las autoridades meteorológicas y centros de investigación siguen monitorizando la evolución de El Niño y sus efectos sobre las precipitaciones y las temperaturas. Muchos países activan ya medidas preventivas: restricciones de acceso a áreas naturales, evacuaciones preventivas y refuerzo de brigadas de extinción.

Para 2026 todavía queda la fase alta de muchas temporadas de incendios; por esa razón, la comunidad científica subraya la urgencia de actuar ahora.

Conclusión

Los indicadores recientes muestran que la temporada de incendios puede convertirse en un punto de inflexión global: El Niño, sobrepuesto a un clima ya alterado por las emisiones humanas, eleva el peligro en regiones esenciales para la estabilidad ambiental planetaria. Limitar los daños dependerá tanto de medidas inmediatas de prevención como de decisiones a largo plazo sobre reducción de emisiones y cooperación internacional.

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