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Hace 43 años, el 2 de junio de 1983, una tarde en Las Ventas derivó en uno de los episodios más delicados de la carrera de Curro Vázquez: una cornada grave que obligó a su traslado inmediato a la enfermería y suscitó tensiones entre quienes estaban en el ruedo y los tendidos. El suceso dejó preguntas sobre las causas y sobre el papel del público en el desarrollo de aquella corrida.
El toro que protagonizó la cogida procedía del hierro de Moreno Silva y saltaó con peligrosidad desde la salida. En un lance, el animal remató con un derrote que alcanzó de lleno el muslo del torero, provocando una hemorragia visible mientras el equipo de plaza lo conducía apresuradamente hacia la asistencia médica. El escenario fue abrupto y preocupante: Curro dejó un rastro de sangre en el callejón que reflejaba la gravedad de la lesión.
Reacciones en la plaza
En el momento, el apoderado Bojilla reaccionó con dureza y apuntó al comportamiento del público como factor determinante del percance. Su acusación candente encendió los ánimos en los minutos posteriores.
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Autoridades culpan al público
Horas después, ya recuperado, el propio torero negó que la presión de la afición hubiera tenido influencia en la cogida, desmarcándose de la versión de su representante y subrayando que el accidente fue consecuencia exclusiva del comportamiento del toro.
- Fecha: 2 de junio de 1983 (hace 43 años).
- Plaza: Las Ventas, Madrid.
- Ganadería: Moreno Silva.
- Afectado: Curro Vázquez, cornada en el muslo.
- Compañeros de terna: Jorge Gutiérrez (México) y Pepe Luis Vargas.
- Resultado inmediato: traslado a enfermería; discusión pública sobre responsabilidades.
El cartel continuó con el mexicano Jorge Gutiérrez y Pepe Luis Vargas, quienes también atravesaron una tarde complicada frente a los ejemplares; pese a ello, Curro logró más tarde salir a saludar tras acabar con el último toro y dio la acostumbrada vuelta al ruedo, gesto que contrastó con la gravedad previa de la cornada.
Contexto y consecuencias
Las cogidas en plazas de alto calibre como Las Ventas recuerdan la tensión permanente entre riesgo profesional y espectáculo. Las heridas en el muslo, por su localización, suelen ser especialmente graves debido a la cercanía de vasos y nervios; médicamente, requieren tratamiento urgente y, en muchos casos, recuperación prolongada que condiciona la programación del torero.
En lo público, aquel episodio generó debate sobre la responsabilidad de los distintos actores: ganaderos, toreros, apoderados y aficionados. También subrayó cómo una tarde puede cambiar la narrativa de una temporada y dejar secuelas en la memoria colectiva de la plaza.
Hoy, al cumplirse 43 años de aquella tarde en Madrid, el episodio permanece como un recordatorio de los riesgos vinculados a la tauromaquia y del papel que tienen las versiones enfrentadas de quienes vivieron la corrida en primera fila.












