El golf devuelve la motivación a Joel González, campeón olímpico de taekwondo

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Joel González, oro en los Juegos de Londres 2012, dejó las competiciones en 2021 y en pocos meses reinventó su carrera en la gestión deportiva y la integridad internacional. Su historia, entre oficinas del F.C. Barcelona y encargos para la FIFA, ilustra cómo los deportistas de élite buscan nuevos propósitos y recuperan la motivación deportiva en ámbitos inesperados.

Tres meses después de anunciar su retirada, González se incorporó al F.C. Barcelona como responsable de la Oficina de Atención al Jugador. Durante cuatro temporadas coordinó la logística y el apoyo al primer equipo masculino: viajaba con el grupo, gestionaba su vida fuera del terreno de juego y resolvía problemas para que los futbolistas se concentraran en competir.

Fiscal externo de integridad en la FIFA

Paralelamente, desde hace tres años ejerce como fiscal externo de integridad para la FIFA, una función que en el mundo ocupan apenas una decena de especialistas. Con formación en Criminología y un doctorado orientado a la lucha contra los amaños —tras cinco años trabajando en la UEFA—, su tarea consiste en analizar encuentros sospechosos, vigilar posibles irregularidades y elaborar informes técnicos para las autoridades futbolísticas.

No es un trabajo a tiempo parcial: combina turnos en el Camp Nou con investigaciones puntuales para la federación internacional. El ritmo le deja poco ocio, pero nada de inactividad mental; desde su salida del taekwondo reconoce que lo que más le costó fue llenar el vacío que dejó la competición.

La ausencia de un objetivo diario y la pérdida del impulso competitivo marcaron sus primeros meses fuera del tatami. “Me resultaba imposible quedarme sin metas”, explica al recordar cómo buscó una nueva vía para canalizar la disciplina y la exigencia que habían definido su carrera deportiva.

Del tatami al green

La respuesta apareció en el golf. Lo probó como ocio y en pocos meses pasó de aficionado ocasional a entrenar cada día. Desde febrero entrena en el Club de Golf Barcelona, donde incluso le enseñaron la técnica básica de agarre y postura.

Su progreso ha sido rápido: arrancó con un hándicap de 36 y lo ha rebajado hasta 24; su objetivo es aproximarse al 10 antes de que termine el año y, a medio plazo, intentar bajar a cero. Entrena entre hora y media y dos horas diarias tras su jornada en el club, convencido de que el golf le devuelve una meta clara.

  • Palmarés: oro en Londres 2012, bronce en Río 2016, bicampeón mundial y europeo en taekwondo.
  • Cargos actuales: responsable de atención al jugador y coordinación de secciones profesionales en el F.C. Barcelona; fiscal externo de integridad para la FIFA.
  • Progreso en golf: pasó de hándicap 36 a 24; meta anual ≈ 10; ambición a largo plazo: hándicap 0.
  • Competiciones: participó en la Koeman Cup solidaria y este sábado afronta su primer torneo individual, la Olazaba’s Cup del club.

González no se plantea convertirse en la referencia del circuito profesional; admite ser realista, pero evita ponerse límites. Lo que busca es recuperar la exigencia diaria y comprobar hasta dónde puede llegar en otra disciplina.

Su caso pone sobre la mesa dos lecciones prácticas: los deportistas de alto nivel aportan a las estructuras deportivas habilidades valiosas más allá del rendimiento (gestión, vigilancia ética, liderazgo) y el regreso a la competición en otra modalidad puede ser una herramienta eficaz contra el vacío postretirada.

En su propia voz, la reflexión es clara: la retirada no fue un punto final, sino un cambio de cancha. Ahora, entre informes de integridad y rondas de entrenamiento, González compone una nueva rutina que combina responsabilidad institucional y la vieja necesidad de competir.

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