Un vídeo difundido por Red Bull-BORA-hansgrohe pretendía cerrar una fricción interna entre sus dos figuras en el Tour, pero terminó avivando las dudas. El episodio reabre el debate sobre cómo gestionar a dos líderes con ambiciones similares en una misma escuadra y por qué ese tipo de gestos públicos ya no convencen a la audiencia.
La secuencia se rodó en el autobús del equipo antes de la séptima etapa: Remco Evenepoel y Florian Lipowitz sentados frente a la cámara, respondiendo de manera mesurada a preguntas sobre la jornada previa en Gavarnie-Gèdre. El mensaje fue claro: todo está solucionado y la convivencia es buena. Pero, pocas horas antes, Evenepoel había mostrado su enfado por la falta de colaboración de Lipowitz en la persecución y en la preparación del esprint por la tercera plaza, en el que perdió los segundos de bonificación frente a Isaac del Toro.
La cadena de hechos —una protesta pública, seguida de una escena de aparente reconciliación— no convenció. En redes sociales el clip fue calificado por muchos como demasiado «ensayado»: respuestas cortas, gestos rígidos y la presencia de un entrevistador del propio equipo reforzaron la idea de una maniobra de control de daños más que una conversación espontánea.
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El recuerdo fue inevitable: el caso Movistar en el Tour de 2019, cuando un vídeo similar con Alejandro Valverde, Mikel Landa y Nairo Quintana intentó apagar las especulaciones sobre la jerarquía interna y acabó avivándolas. Entonces, como ahora, la imagen pública no logró disipar la percepción de conflicto.
Hay aspectos deportivos que explican por qué estas tensiones son difíciles de manejar: contar con dos líderes aumenta las opciones tácticas sobre el papel, pero también multiplica los puntos de fricción cuando ambos se encuentran cerca en la clasificación y esperan apoyo mutuo en los momentos clave.
- Ventaja táctica: dos hombres fuertes permiten maniobras imprevisibles frente a rivales.
- Riesgo operativo: la ausencia de una jerarquía clara genera dudas sobre quién sacrifica su ambición.
- Percepción pública: gestos artificiales pueden dañar la credibilidad del equipo ante aficionados y patrocinadores.
- Presión para la dirección deportiva: obliga a tomar decisiones difíciles en tiempo real, con consecuencias deportivas y mediáticas.
Personajes con experiencia en la élite ya advirtieron sobre la fragilidad de liderazgos compartidos: Patrick Lefevere señaló que la tensión entre ambos estaba «escrita en las estrellas», mientras que Alberto Contador insistió en que estos asuntos suelen resolverse internamente y anticipó más episodios durante la carrera.
Fuera del autobús, Red Bull intentó desactivar la polémica por otros canales: declaraciones de que los corredores habían hablado camino del hotel, que cenaron juntos y que la situación quedó zanjada. Evenepoel, en su versión pública, terminó asegurando que el asunto estaba claro y que había que mirar hacia adelante.
Todo esto importa hoy porque la credibilidad de un equipo en una gran vuelta no se gana con mensajes prefabricados, sino con resultados y con gestos convincentes en la carretera. Mientras Evenepoel y Lipowitz sigan muy cerca en la general, la dirección de carrera tendrá que decidir si prioriza a uno de ellos o sigue gestionando una dupla de liderazgo que puede resultar explosiva.
Posibles escenarios en lo deportivo y en lo institucional:
- Uno de los líderes asume el rol de estrella y el otro acepta tareas de apoyo; potencialmente más orden pero riesgo de frustración personal.
- Ambos compiten hasta el final por la plaza más alta; ventaja para rivales que explotan la división.
- Intervención firme del director deportivo para imponer una jerarquía; puede calmar a los medios pero tensar el grupo.
- Reconciliaciones auténticas demostradas en carrera: el equipo recupera imagen si se ve a un corredor sacrificándose por el otro en momentos decisivos.
La moraleja es sencilla: en el ciclismo de alto nivel los gestos públicos solo convencen si la carretera los valida. Las reconciliaciones con guion suelen olvidarse; las que perduran se prueban cuando uno de los dos renuncia a su propio interés para favorecer al compañero.












