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La cumbre de la ONU contra la desertificación, la COP17 celebrada en Ulán Bator, cerró esta semana con 1.300 millones en compromiso financiero pero sin un pacto vinculante para frenar la sequía. La decisión de posponer las medidas concretas vuelve urgente la pregunta: ¿cómo proteger a las comunidades y los ecosistemas cuando las sequías ya aumentan y el tiempo se agota?
Organizaciones ambientales valoraron la inyección de recursos, pero advirtieron que la falta de acuerdos firmes reduce la capacidad de respuesta frente a una crisis que afecta a la agricultura, al pastoreo y a la seguridad alimentaria.
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Resultados y ausencias clave
Tras dos semanas de negociaciones, las 197 partes de la convención (196 países y la Unión Europea) anunciaron compromisos financieros pero aplazaron la adopción de un paquete integral contra la sequía hasta la próxima COP. La decisión repite el patrón iniciado en la COP16, celebrada en 2024, donde ya se había diferido la toma de medidas.

En su comunicado, la ONG WWF celebró que la conferencia movilizara recursos y favoreciera el reconocimiento de medidas para la gestión y restauración de pastizales y praderas, además del apoyo a pastores y comunidades locales. Al mismo tiempo, lamentó la ausencia de decisiones ejecutivas que posibiliten una implementación inmediata sobre el terreno.
La falta de consenso en otros puntos del debate fue la razón esgrimida para posponer el acuerdo sobre sequías, según delegados consultados durante la cumbre.
Qué está en juego
Las proyecciones citadas por expertos durante la COP apuntan a un aumento del 30% en episodios de sequía desde el año 2000. Para 2050, se estima que la escasez de agua podría afectar a hasta tres de cada cuatro personas en el planeta si no se adoptan medidas efectivas.

Las consecuencias son múltiples: pérdidas de cosechas, desplazamientos de poblaciones rurales, presión sobre la seguridad alimentaria y mayor vulnerabilidad de ecosistemas ya degradados. El retraso en acuerdos multilaterales reduce la ventana de oportunidad para implementar soluciones a escala.
| Elemento | Resultado en COP17 |
|---|---|
| Financiación | 1.300 millones comprometidos para proyectos relacionados con la restauración y gestión de tierras |
| Acuerdo sobre sequía | Aplazado hasta la COP18; decisiones concretas no adoptadas |
| Partes participantes | 197 (196 países + Unión Europea) |
| Proyecciones climáticas | Aumento del 30% en sequías desde 2000; posible afectación hídrica a 3 de cada 4 personas para 2050 |
Prioridades a corto plazo
- Convertir los compromisos financieros en proyectos locales de restauración y gestión de suelos.
- Apoyar a pastores y agricultores con herramientas de resiliencia climática y acceso a agua segura.
- Establecer mecanismos de seguimiento claros para garantizar que los fondos lleguen a las comunidades más afectadas.
Joao Campari, responsable global de Alimentación y Agricultura en WWF, señaló que la cumbre generó una base para avanzar, pero subrayó la necesidad de traducir esas intenciones en acciones en terreno que produzcan beneficios duraderos para quienes dependen directamente de los ecosistemas.
No todos los delegados compartieron la misma lectura: algunos países defendieron que el énfasis en la financiación y en políticas de restauración supone un avance tangible, aunque reconocieron la urgencia de cerrar las lagunas pendientes en el texto final.
La decisión de llevar el debate a la próxima COP convierte a la conferencia siguiente en un plazo límite simbólico y político. Si la comunidad internacional no acelera la implementación, las consecuencias concretas —pérdida de medios de vida, degradación de tierras y mayor inseguridad alimentaria— serán cada vez más difíciles de revertir.
En resumen: la COP17 dejó más recursos sobre la mesa, pero no las garantías que muchos consideran imprescindibles para enfrentar una amenaza climática que ya incide en la vida cotidiana de millones.











