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La AEMET advierte que febrero de 2026 podría prolongar la dinámica inestable del inicio del año: más lluvias y frentes atlánticos que afectarán a amplias zonas del país, con consecuencias visibles en la movilidad y el entorno. Esta previsión importa ahora porque puede condicionar desplazamientos, el estado de ríos y la actividad agrícola durante las próximas semanas.
Qué prevé el servicio meteorológico
Los mapas de anomalías elaborados por la AEMET sitúan a buena parte de la Península en un escenario con precipitaciones por encima de la media para febrero. El patrón dominante responde a la llegada repetida de borrascas desde el Atlántico y de frentes activos que mantendrán episodios de lluvia continuada.
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Además, la entidad pronostica temperaturas algo más elevadas de lo habitual en amplias zonas peninsulares, un matiz que no elimina el riesgo de eventos adversos, pero sí modifica la forma en que se manifestarán las precipitaciones (más lluvia que nieve en cotas medias).
Regiones con mayor probabilidad de impacto
- Noroeste y norte de Extremadura: se espera un mes claramente más húmedo de lo normal, con acumulados destacados.
- Centro y sur peninsular: amplias áreas con anomalías positivas de precipitación; riesgo de episodios persistentes.
- Mediterráneo y Cantábrico oriental: lluvias algo superiores a lo habitual, aunque de menor intensidad que en el oeste.
- Canarias: valores próximos a la normalidad para la época, sin cambios significativos previstos.
- Noreste peninsular (Aragón y Cataluña): tendencia a ser relativamente más seco en comparación con el resto del país.
Estos patrones no son homogéneos ni constantes: la frecuencia e intensidad de cada episodio dependerán de la trayectoria de las borrascas y de los contrastes térmicos que se vayan registrando.
Consecuencias prácticas
La combinación de frentes activos y viento puede derivar en problemas concretos para la población y los servicios.
Entre los efectos más probables figuran:
- Incremento del riesgo de inundaciones en tramos bajos de ríos y zonas urbanas con drenaje insuficiente.
- Restricciones o retrasos en carreteras por deslizamientos, balsas de agua o reducida visibilidad.
- Interrupciones en la aviación y transporte marítimo por viento y oleaje; en días recientes ya se han registrado cancelaciones y desvíos en operaciones aeroportuarias en Baleares.
- Impacto en la agricultura local, con plantas sensibles al exceso hídrico y al cambio de temperaturas.
Para minimizar efectos adversos, los expertos recuerdan la importancia de seguir los avisos oficiales de la AEMET y de las autoridades provinciales, moderar desplazamientos en episodios de aviso y revisar el estado de viviendas y desagües antes y después de lluvias fuertes.
En resumen, febrero entra con una probabilidad elevada de inestabilidad y lluvias por encima de lo normal en amplias áreas del país. La clave para los próximos días será vigilar la evolución de las borrascas atlánticas y atender las alertas meteorológicas para reducir riesgos y molestias.












