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Isabel Coixet regresa con una película que vuelve a apostar por lo íntimo y lo sensorial: Tres adioses (Tre ciotole) reúne rupturas, enfermedad y pequeños gestos cotidianos para explorar cómo nos despedimos y cómo nos quedamos. La presencia de la actriz italiana Alba Rohrwacher da cuerpo a ese universo, conectando la historia con preguntas actuales sobre el cuidado, la cercanía y la urgencia de vivir cuando el tiempo se estrecha.
Un consejo simple, una guía vital
En una conversación reciente en Madrid, Coixet relató una escena que la marcó: la última visita a John Berger, ya muy enfermo, cuando esperaba un gran pronunciamiento y en cambio recibió una indicación breve y directa para —en sus palabras— disfrutar más de la vida. Ese gesto sencillo, sin grandilocuencia, funciona como brújula estética para su nuevo filme: evitar lo épico y fijarse en las delicadas huellas del día a día.
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La película parte de relatos de la escritora italiana Michela Murgia y se mantiene fiel a una mirada que privilegia la textura de lo cotidiano sobre la espectacularidad. Coixet firma aquí un relato que combina ternura y dureza sin convertir el dolor en melodrama.
El adiós que cambia la mirada
Alba Rohrwacher cuenta que su relación con las despedidas se transformó tras una última visita a su abuelo: verlo de espaldas le dejó la incapacidad de aceptar futuras separaciones si no puede mirar a la persona a los ojos. Ese gesto íntimo —ver la cara al despedirse— aparece en pantalla como una clave emocional del personaje, y ayuda a entender por qué ciertos finales pesan más que otros.
En Tres adioses, Marta (interpretada por Rohrwacher) afronta un doble quiebre: una ruptura sentimental que parecía trivial y, a continuación, un diagnóstico que obliga a reconsiderar prioridades. La narración plantea con claridad cómo la amenaza de enfermedad reordena deseos y decisiones, generando una sensación de urgencia que empuja a la protagonista a valorar lo mínimo y lo cercano.
La Roma que filma Coixet no es postal: es una ciudad de esquinas, bicicletas y reflejos que acompaña la transformación de Marta. La banda sonora, con cortes de Nina Simone, agrega capas de intimidad y memoria, mientras los planos favorecen la observación paciente más que el dramatismo fácil.
La comida como lenguaje afectivo
Uno de los motivos recurrentes en la filmografía de Coixet aparece con fuerza: la comida como puente entre personas. En Tres adioses, la evolución gastronómica de Marta —desde un consumo casi desinteresado hasta el placer de preparar un huevo frito o compartir un plato— simboliza su reconexión con el cuerpo y con el otro.
- Gesto y cuidado: cocinar se muestra como una forma de protección y de expresión amorosa.
- Transformación corporal: los cambios en el apetito narran también una recuperación de los deseos.
- Economía emocional: platos sencillos sustituyen la ostentación por la autenticidad afectiva.
| Ficha rápida | |
|---|---|
| Título | Tres adioses (Tre ciotole) |
| Dirección | Isabel Coixet |
| Protagonista | Alba Rohrwacher |
| Fuente | Relatos de Michela Murgia |
Estética, tono y responsabilidad narrativa
Coixet insiste en que su mirada es la de alguien que observa la vida como una mezcla de comedia y tragedia. Evita el exceso sentimental y apuesta por una narración en la que la risa y el dolor coexisten sin disonancia artificial. Esa manera de filmar busca que el espectador reconozca las contradicciones propias de las relaciones: la proyección idealizada sobre el otro, la pérdida de apetito afectivo y el reencuentro posible.
Proyección frente a entrega es una de las distinciones que atraviesan la película: algunos personajes aman a través de una imagen construida, otros desde la entrega cotidiana. Esa tensión explica rupturas y reconciliaciones, y pregunta al público por qué mantenemos ciertos vínculos y soltamos otros.
Rohrwacher define a Marta como una «heroína de lo cotidiano»: no necesita gestos épicos para mostrar grandeza, sino la capacidad de decir las cosas con limpieza y firmeza. Ese enfoque acerca la película a espectadores que buscan historias que remueven sin dramatizar en exceso.
Para el espectador hoy
En un momento en que las conversaciones públicas sobre salud mental, cuidados y vida cotidiana están en primer plano, Tres adioses aporta una mirada tendera y seria sobre cómo afrontamos el final de las cosas y la necesidad de habitar el presente. No es un drama grandilocuente; es un recordatorio de que los pequeños actos —una comida compartida, una mirada sostenida— pueden modificar el curso de una vida.
Si busca una película que hable de amor sin idealizarlo, que escuche la enfermedad sin convertirla en lección moral y que celebre la ternura como forma de resistencia, esta propuesta de Coixet ofrece razones para detenerse y pensar en los gestos que realmente importan.












