El PSOE ha acusado al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, de recuperar una postura exterior que recuerda al Partido Popular de la época que apoyó la invasión de Irak y de instrumentalizar la discusión sobre seguridad internacional para criticar al Gobierno de Pedro Sánchez. La disputa se reaviva después de que el Ejecutivo rechazara permitir el uso de las bases de Rota y Morón en una operación contra Irán, un episodio que vuelve a tensionar la relación con Estados Unidos y a polarizar el debate político en España.
Fuentes socialistas sostienen que los comentarios de Feijóo —quien acusó a Sánchez de declarar a Estados Unidos “país non grato” por motivos electorales— buscan más desgastar al Gobierno que aportar una lectura mesurada de la situación exterior. En Ferraz ven en esas palabras una regresión hacia una política exterior alineada sin matices con aliados, similar a la que provocó fuertes críticas hace dos décadas.
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El choque se produjo después de que Moncloa negara la autorización para que fuerzas estadounidenses emplearan instalaciones españolas en una operación dirigida contra Irán. Ese rechazo, según distintos relatos de la etapa en que ocurrió el conflicto, provocó una reacción airada desde Washington que incluyó advertencias sobre consecuencias comerciales.
Desde el PP, Feijóo pidió preservar los lazos con la principal potencia militar y económica mundial, y criticó lo que considera un cálculo electoral del Ejecutivo. El PSOE respondió que usar asuntos de seguridad exterior como arma política carece de responsabilidad y rememora errores pasados con costes elevados para España.
En su intervención en Bilbao, Feijóo también planteó una jerarquía entre derechos humanos y derecho internacional, afirmando que la defensa de esos derechos precede a la invocación del Derecho Internacional en contextos como el iraní. El PSOE replicó que esa distinción es errónea y que ambos conceptos forman parte del mismo marco jurídico global.
La reacción del Gobierno ha sido doble: por una parte, subrayar la necesidad de coherencia y prudencia en política exterior; por otra, exigir al principal partido de la oposición un tono que, en su opinión, esté a la altura de una formación que se define como europea.
- Para España: el debate pone sobre la mesa la capacidad del Ejecutivo para tomar decisiones que equilibren seguridad, alianzas y soberanía.
- En clave política: la cuestión alimenta tensiones preelectorales y puede condicionar el relato de ambos partidos sobre seguridad y relaciones exteriores.
- Relación con EEUU: la polémica recuerda que las decisiones sobre bases militares y cooperación defensiva tienen impacto diplomático y económico.
Analistas consultados por diversos medios señalan que, más allá del intercambio de reproches, el episodio evidencia la fragilidad del consenso político en asuntos de Estado que normalmente requieren discreción y coordinación transpartidista. Para muchos votantes, la discusión plantea preguntas sobre quién interpreta mejor los intereses de España en escenarios internacionales complejos.
En Ferraz exigen al PP “una oposición responsable”; desde Génova replican que defender las alianzas estratégicas también exige denuncias públicas cuando se perciben errores del Gobierno. La disputa, de corte tanto diplomático como electoral, guarda impacto inmediato en la agenda política y en la percepción ciudadana sobre la gestión de asuntos exteriores.












