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Una investigación reciente revela que enormes volúmenes de ropa desechada en el Norte terminan en un humedal protegido de Ghana, con consecuencias ambientales y sanitarias inmediatas para las comunidades locales. Este problema, documentado con datos de 2024 y observaciones sobre el terreno, muestra por qué las donaciones y el comercio de segunda mano tienen hoy impactos globales que ya no pueden ignorarse.
En las afueras de Accra, en el delta del río Densu —reconocido como Sitio Ramsar por su valor ecológico— se han detectado varios vertederos improvisados donde se acumulan prendas procedentes principalmente de países europeos. Investigadores de Greenpeace y Unearthed han identificado montones de camisetas, pantalones y bolsas de marcas internacionales mezclados con lodo, entre manglares y canales que deberían estar libres de residuos.
De contenedores en Europa a montañas de ropa en Ghana
Cada semana llegan a Ghana decenas de millones de prendas de segunda mano desde el Norte global; solo en 2024 el Reino Unido exportó cerca de 57.000 toneladas de ropa usada al país, más que a la mayoría de destinos. Gran parte de esos envíos está compuesta por ropa dañada o inservible para el mercado local: las autoridades estiman que alrededor del 40% de los fardos no son comerciables por roturas, manchas o incompatibilidad climática.
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Cuando los vertederos oficiales se saturan, los excedentes terminan en zonas vulnerables. Kpone Landfill, construido en 2013 con apoyo internacional y pensado para una década, quedó colapsado en apenas cinco años. En 2019, la acumulación de textiles desencadenó un incendio que se prolongó meses, dejando humo tóxico sobre comunidades cercanas.
Con la infraestructura formal desbordada, la presión se ha desplazado hacia áreas protegidas del delta. Los equipos sobre el terreno han localizado al menos tres basureros textiles vinculados al río, que ocupan alrededor de 40 hectáreas en total —una extensión comparable a más de cuarenta campos de fútbol— y continúan filtrando prendas y plásticos hacia el humedal.
Un ecosistema en riesgo y comunidades afectadas
El delta del Densu alberga manglares, marismas y salinas que sirven de hábitat para aves migratorias y zonas de anidación para tortugas marinas como la laúd, la verde y la olivácea. La presencia de montones de ropa y plástico junto a lagunas y cauces altera su función ecológica.
Los vertederos informales carecen de barreras, sistemas de recogida de lixiviados o control de emisiones. Eso facilita que las fibras y químicos se incorporen al agua y al suelo. Pescadores locales relatan que ahora extraen más prendas de sus redes que peces; vecinos denuncian cambios en el color y el olor del agua y evitan usarla para consumo.
- Áreas afectadas: alrededor de 40 hectáreas de vertederos textiles verificadas en la cuenca del Densu.
- Volumen de exportación: aproximadamente 57.000 toneladas de ropa usada desde Reino Unido a Ghana en 2024.
- Composición: cerca del 90% de las prendas analizadas son de fibras sintéticas (poliéster, nailon).
- Riesgos sanitarios: quema a cielo abierto de textiles libera humos tóxicos; presencia de PFAS y microplásticos.
Fibras sintéticas, microplásticos y “químicos eternos”
Los análisis recogidos por Greenpeace muestran que la mayoría de las prendas en los vertederos son de origen sintético. Estos materiales se fragmentan con el tiempo en microplásticos que invaden aguas, sedimentos y organismos. Además, se han detectado compuestos perfluorados (los llamados PFAS), utilizados en tejidos para repeler manchas o agua y preocupantes por su persistencia y efectos sobre la salud humana.
La quema abierta de ropa —práctica habitual para liberar espacio— emite una mezcla de partículas y gases nocivos que los residentes inhalan a diario. A medio y largo plazo, esa exposición puede agravar problemas respiratorios, endocrinos y otros daños derivados de contaminantes orgánicos persistentes.
Los cauces obstruidos por textiles y plásticos también reducen la capacidad de absorción del humedal, aumentando la vulnerabilidad frente a lluvias intensas y episodios de inundación.
Responsabilidades y soluciones en debate
Quien dona una bolsa de ropa en Europa rara vez puede prever que parte de ese material acabe en vertederos a miles de kilómetros. Las organizaciones locales y autoridades exigen una respuesta internacional: medidas como la responsabilidad ampliada del productor, restricciones a las exportaciones de residuos textiles y apoyo para crear cadenas de gestión de residuos en países importadores.
Entre las propuestas sobre la mesa figuran:
- Limitar o regular las exportaciones de prendas no vendibles.
- Invertir en infraestructura de reciclaje textil avanzada y en reparación local.
- Fomentar diseños de prendas más duraderas y reciclables desde la fabricación.
- Apoyar el desarrollo de industrias textiles locales que no dependan de flujos de ropa usada barata.
Para consumidores y donantes, la lección es clara: la gestión de la ropa fuera de uso tiene impactos transnacionales y requiere decisiones más conscientes sobre consumo, reutilización y reciclaje.
La investigación completa fue publicada por el portal de investigación de Greenpeace, Unearthed, y documenta en detalle los hallazgos sobre el terreno, las muestras analizadas y testimonios de comunidades afectadas.












