Científicos chinos alertan de riesgo de estabilidad del cinturón verde 3.000 km creado hace 39 años

Mostrar resumen Ocultar resumen

China completó en noviembre de 2024 el cierre de un cinturón vegetal de más de 3.000 kilómetros alrededor del borde del desierto de Taklamakán, una obra pensada para frenar la desertificación y proteger carreteras, oasis y comunidades locales. Un estudio científico reciente demuestra que la restauración deja una firma detectable en la atmósfera: descensos estacionales del CO₂ medibles desde satélite, aunque con impacto climático limitado a escala global.

Qué se terminó y dónde

El tramo final, de aproximadamente 100 metros, se plantó el 28 de noviembre de 2024, cerrando así un anillo de 3.046 kilómetros en la región de Xinjiang. El perímetro rodea un núcleo de dunas móviles de cerca de 337.600 kilómetros cuadrados —una superficie similar a la de Finlandia— y forma parte del programa Three-North Shelterbelt, lanzado en 1978 con horizonte al año 2050.

Dato Valor
Longitud del cinturón 3.046 km
Área encerrada ≈ 337.600 km²
Fecha de finalización del tramo 28 de noviembre de 2024
Descenso estacional observado de CO₂ ≈ 3 ppm
Precipitación media (jul–sep) ≈ 16,3 mm/mes
Inicio del programa 1978 (objetivo 2050)
Territorio desertificado en China ≈ 26,8%

Cómo se detectó la huella de carbono

Investigadores combinaron observaciones satelitales con mediciones en superficie para rastrear variaciones estacionales de CO₂ en el borde restaurado. La señal más clara aparece durante la estación húmeda —principalmente entre julio y septiembre— cuando la pluviometría eleva la actividad fotosintética.

La caída observada en la concentración atmosférica se sitúa en torno a las tres partes por millón durante ese periodo, y se complementa con indicadores de actividad vegetal como la fluorescencia inducida por el sol, que refleja la intensidad de la fotosíntesis.

Qué significa esto y qué no

El hallazgo confirma que la vegetación plantada actúa como un sumidero de carbono detectable desde el espacio. Sin embargo, los autores insisten en la escala: incluso en un escenario optimista, el efecto global sería reducido frente a las emisiones mundiales.

En términos comparativos, el máximo teórico del secuestro podría equivaler aproximadamente a compensar una fracción significativa —pero limitada— de las emisiones anuales de un país medio; no representa una solución única para la crisis climática.

Factores que modulan los resultados

No toda la variación de vegetación observada puede atribuirse exclusivamente a la plantación. Los científicos subrayan la influencia de la variabilidad de las lluvias, cambios en el uso del suelo y otras dinámicas locales. Es decir: el reverdecimiento detectado responde tanto a intervenciones humanas como a condiciones climáticas.

Además, las campañas de forestación en zonas áridas suelen enfrentar retos de supervivencia de las plantas. Informes periodísticos y estudios previos habían señalado tasas de reposición y mantenimiento por debajo de lo esperado, lo que condiciona la eficacia a largo plazo.

El recurso decisivo: el agua

En el Taklamakán, la persistencia de las plantaciones depende en gran medida de la llegada de escorrentía procedente de las montañas circundantes. Sin una fuente de humedad fiable, avanzar hacia el interior del desierto sería insostenible y podría agravar la presión sobre acuíferos y cursos de agua.

Por eso, más allá del número de kilómetros plantados, el éxito del proyecto se mide por su resiliencia: cuánto duran las comunidades vegetales frente a veranos más secos y episodios extremos y si se evita la sobreexplotación hídrica.

Consecuencias prácticas para la población

En el plano local, el cinturón puede ofrecer beneficios concretos: protección de tierras agrícolas, menos acumulación de arena en carreteras y poblaciones, y amortiguación de erosión en oasis. Es una intervención con efectos palpables en la vida cotidiana de quienes viven en la periferia del desierto.

  • Menor depósito de arena en infraestructuras y cultivos.
  • Reducción del riesgo de aislamiento por tormentas de arena locales.
  • Posible generación de electricidad en tramos con instalaciones fotovoltaicas que además limitan la erosión.

Pero esos beneficios no implican una «vacuna» contra las tormentas de polvo que viajan a grandes distancias; su capacidad para atenuar episodios en ciudades lejanas es objeto de debate.

El estudio que relaciona la restauración del borde del Taklamakán con una huella de carbono detectable fue publicado en 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Da tu opinión

Sé el primero en valorar esta entrada
o deja una reseña detallada



devalverde.es es un medio independiente. Apóyanos añadiéndonos a tus favoritos de Google News:

Publicar un comentario

Publicar un comentario