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Marruecos ha puesto en marcha una estrategia para recuperar humedales y atajar la escasez de agua: el objetivo es que, antes de 2030, al menos el 30% de los ecosistemas degradados reciba medidas de restauración. La iniciativa llega en plena sequía prolongada y busca proteger recursos vitales para la agricultura, el turismo y la prevención de inundaciones.
Qué pretende el plan
El país ha definido metas claras en su actualización nacional sobre biodiversidad, publicada como Morocco National Targets GBF-NT. La meta no es simbólica: implica identificar tierras y zonas acuáticas dañadas y aplicar acciones para devolverles funcionalidad ecológica, no solo apariencia.
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Entre las intervenciones previstas aparecen labores variadas: replantación, recuperación de especies autóctonas, mejora de suelos, control y gestión del agua, y la creación o refuerzo de áreas protegidas. La finalidad es restablecer los procesos naturales que sostienen la disponibilidad hídrica y la fauna local.
Por qué importa ahora
La urgencia es real. Marruecos alberga alrededor de 300 humedales, unas 400.000 hectáreas y 38 sitios inscritos en la Convención de Ramsar. Siete años de sequía han demostrado que cada laguna y cada playa lagunar cuentan para sostener acuíferos, amortiguar crecidas y mantener la producción agrícola.
La Agencia Nacional de Aguas y Bosques (ANEF) subraya que estos espacios actúan como reguladores naturales: almacenan y filtran agua, recargan capas freáticas y reducen el impacto de avenidas. En términos prácticos, restaurarlos puede ser más eficiente y sostenible que construir soluciones artificiales costosas.
Acciones en el terreno
Ya hay proyectos en marcha en distintos puntos del país. Algunos ejemplos muestran distintas escalas y enfoques —desde la gestión de corrientes en montaña hasta la creación de hábitats para aves en zonas costeras— y reflejan una mezcla de ingeniería natural y conservación.
| Sitio | Ubicación | Intervención | Beneficio esperado |
|---|---|---|---|
| Afenourir | Medio Atlas | Canalización y medidas para regular crecidas | Disminuir inundaciones y gestionar caudales |
| Laguna de Marchica | Nador | Mejora de la calidad del agua y reforestación de cuencas | Recuperar hábitats y recarga de acuíferos |
| Sidi Boughaba y Naila | Litoral | Restauración de riberas, creación de islotes y nidos artificiales | Favorecer la reproducción de aves y compensar pérdidas de hábitat |
| Archipiélago de Essaouira | Costa atlántica | Protección de dunas, manejo de vegetación y seguimiento científico | Control de erosión costera y conservación de especies |
Un caso que ilustra resultados
El Archipiélago de Essaouira, protegido como sitio Ramsar desde 2005, es un ejemplo tangible. Su mosaico costero —dunas, planicies marinas y una pequeña desembocadura— ayuda a frenar la erosión y sostiene poblaciones de aves.
En particular, el seguimiento del halcón de Eleonor muestra una recuperación notable: registros científicos indican que la población reproductora creció desde unas decenas de parejas en 1980 hasta cifras estabilizadas en torno a 1.500 entre 2018 y 2021. Ese repunte confirma que medidas de conservación bien dirigidas pueden dar resultados.
Turismo y uso sostenible
La estrategia contempla compatibilizar conservación y actividad humana: la ANEF apuesta por un manejo que genere beneficios para la agricultura, la biodiversidad y el turismo local sin sacrificar los valores ecológicos. Pero el equilibrio es frágil: el crecimiento turístico desordenado podría dañar las mismas zonas que se intenta proteger.
Como respuesta, algunas localidades buscan acreditaciones internacionales, como la figura de “Ciudad Humedal”, para ordenar mejor el acceso público, impulsar educación ambiental y promover un ecoturismo responsable.
Lo que queda por resolver
El mayor desafío será comprobar que las acciones funcionan. El objetivo del 30% exige indicadores claros: diversidad de especies, salud del suelo, calidad del agua y cobertura vegetal. Sin un sistema de medición robusto, las cifras corren el riesgo de quedarse en buenas intenciones difíciles de auditar.
Además, el cambio climático complica el panorama. Episodios de lluvia pueden ofrecer alivio temporal a embalses y lagunas, pero no eliminan el déficit hídrico estructural que afecta al país. La recuperación debe contemplar la variabilidad climática a largo plazo, no solo las mejoras puntuales.
En juego están recursos básicos para millones de personas: seguridad hídrica para la agricultura, protección ante inundaciones, conservación de especies y el mantenimiento de paisajes que sostienen economías locales. Si Marruecos logra transformar la ambición política en resultados medibles, el beneficio se extenderá mucho más allá de las zonas restauradas.












