Mauricio Kartun protagoniza la gran fiesta argentina

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Mauricio Kartun trae a Madrid una reinterpretación de la tragedia clásica que aterriza en la pampa argentina y dialoga con preocupaciones contemporáneas: el pulso entre lo presencial y lo digital, y la persistencia de líderes que despiertan temores históricos. La propuesta, que se presenta en los Teatros del Canal, recupera el arquetipo euripídeo para explorar por qué los mitos siguen contando hoy.

Partiendo de una lectura que lo deslumbró, Kartun transformó aquel hallazgo en una obra nueva: Baco polaco traslada la fuerza ritual de Las bacantes a un pueblo rural de los años 30, donde la música y la fiesta provocan una ruptura social que desemboca en tragedia. El contraste entre el mito antiguo y la estética criolla es el motor dramático.

Un mito que viaja hasta la llanura

La historia central gira en torno a una figura femenina que, con su disco y su voz, despliega un fenómeno colectivo: una especie de DJ mítica que desencadena celebraciones y desbordes. Frente a ella, el joven heredero del poder se deja llevar por la obsesión; esa pulsión personal termina por activar un conflicto irreversible.

Figura femenina con disco y gramófono en una plaza rural
La figura femenina-actuante como detonador colectivo en la llanura.

Kartun no busca reproducir el original como reliquia. Utiliza el texto clásico como punto de partida —un «detonador», en sus palabras— para recomponer escenas, ritmos y lenguajes que funcionen en su contexto elegido. La ambientación en los años 30 funciona como recurso estilístico: le permite jugar con modismos de época y con una teatralidad que mezcla palabra y música.

El teatro como refugio frente a lo digital

En su reflexión sobre la escena actual, Kartun compara el teatro con una planta que repara: lo llama un espacio que conserva efectos curativos frente a la aridez del universo digital. Para él, el teatro sigue siendo un lugar de cuerpo y tiempo real donde se sincronizan comunidades y se rehace la experiencia colectiva.

Público y actores en una sala de teatro, foco en presencia corporal
El teatro como espacio corporal frente a la virtualidad.

Más que temer a la automatización, plantea que la IA hará del teatro un bien apreciado y, por eso, perdurable; lo que lo salvará es su carácter corporal y contracultural. La pieza, según el director, funciona también como una defensa de la presencia humana frente a la dispersión tecnológica.

Historias que resuenan con el presente

Kartun conecta su trabajo con memorias familiares y con episodios históricos que advierten sobre cómo se fraguan los ciclos de violencia. Rememora la experiencia de estudiar relatos de odio en Europa y la incredulidad ante cómo masas pueden seguir discursos extremistas; esa inquietud le devuelve una pregunta que considera urgente: ¿cómo llegamos hasta aquí?

Ese trasfondo político y moral alimenta la puesta en escena: el mito no aparece solo como espectáculo, sino como espejo de tensiones contemporáneas, capaces de mostrar los mecanismos que transforman el rumor en consenso y la fascinación en catástrofe.

  • Título: Baco polaco
  • Adaptación/Inspiración: Libre lectura de Las bacantes, a partir de una lectura de Ian Kott
  • Director: Mauricio Kartun
  • Estreno en Madrid: Teatros del Canal (temporada 2026)
  • Encuentro con el público: Lunes 5 de octubre, en La Mistral (sesión de conversación)
  • Elementos escénicos: mezcla de música de época, dramatización coral y estética criolla

La puesta combina imágenes sensoriales —olor a asado, músicas populares, rituales colectivos— con una reflexión sobre la pérdida de lo comunitario en la era digital. Kartun confiesa una nostalgia por las fiestas colectivas como rituales de liberación y advierte del empobrecimiento relacional que, a su juicio, trae la virtualidad creciente.

Además de la obra, su estancia en Madrid incluye conversaciones sobre oficio: el autor-director destaca la dificultad de escribir teatro frente a la naturalidad con la que cuenta historias, y valora la transmisión del oficio como una forma de seguir construyendo futuro escénico.

La propuesta promete aunar tradición y provocación, un montaje que interpela tanto a quienes buscan la resonancia de los clásicos como a espectadores preocupados por la vigencia política y social de la escena contemporánea.

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