Cabo de Gata ofrece un oasis de calma

La restauración de viejos cortijos del interior del Cabo de Gata se ha acelerado en los últimos años y el Cortijo Boutique Siete Calas, reabierto en agosto de 2022, resume esa transformación: un alojamiendo que mezcla arquitectura tradicional y confort moderno con vistas directas a la caldera de Rodalquilar. Para quienes buscan calma, cultura y cercanía a la naturaleza, la reconversión de estas casas rurales tiene hoy consecuencias claras sobre el turismo local y la conservación del parque natural.

Desde la azotea chill‑out del cortijo la mirada cae sobre el Playazo de Rodalquilar y su pequeño castillo, incrustado en una duna fósil; girando el panorama se distinguen las crestas de la sierra y la huella de un antiguo edificio volcánico colapsado. Esa posición elevada explica por qué el lugar funciona tanto como base de playa como de exploración geológica.

El edificio original conserva más de tres siglos de historia. Su denominación procede de antiguas fincas cuya propiedad se extendía a lo largo de kilómetros de costa, desde el entorno del castillo del Playazo hasta la cala de los Toros, en dirección a La Isleta del Moro. La familia propietaria —liderada por Maite Rivero, que aterrizó en el proyecto durante la pandemia— recuperó apenas una porción de aquellos terrenos y la destinó al alojamiento que hoy abre sus puertas.

Las huellas del pasado agrícola y minero permanecen: en torno al cortijo se aprecian canales horadados en la roca para recoger agua de lluvia y un aljibe de trazas árabes. Esos elementos fueron incorporados al proyecto de rehabilitación, junto con materiales locales —vigas vistas, muros encalados, piedra y cerámica de las alfarerías de Níjar— para conservar la identidad del paisaje.

La reforma, concluida en 2022, busca un equilibrio entre tradición y servicio contemporáneo. El resultado combina patios andaluces y rincones de inspiración nazarí con una alberca arropada por olivos, almendros y palmeras. Tanto el patio interior como la azotea son espacios reclamados por los huéspedes; desde allí también se ofrecen salidas de astroturismo.

Rodalquilar, epicentro del Cabo de Gata

El Cortijo Siete Calas se sitúa exactamente entre el casco de Rodalquilar y su playa más conocida, el Playazo. Para residentes y visitantes, este arenal es una opción más accesible y sosegada que otras playas del parque, como Mónsul o la de los Muertos.

Geológicamente, el Cabo de Gata es el segundo conjunto volcánico más relevante de la Península, tras La Garrotxa, con formaciones que datan de hace unos 11 millones de años. La caldera de Rodalquilar, de alrededor de 8 km de diámetro, es un ejemplo claro de esa historia y un reclamo para científicos y aficionados.

A pocos pasos del cortijo emergen vestigios de la minería que marcó la zona: la Torre de los Alumbres, erigida en 1509 para proteger la explotación de alumbres frente a incursiones corsarias, aún se alza junto a la rambla del Playazo y figura en la Lista Roja del patrimonio. También muy cercana están las ruinas del cortijo La Unión, la antigua casa de la escritora Carmen de Burgos “Colombine”, nacida en Rodalquilar en 1867 y autora de novelas ambientadas en el entorno.

  • Qué ver: Playazo de Rodalquilar, caldera volcánica, Torre de los Alumbres, Ecomuseo Casa de los Volcanes.
  • Actividades: playa y senderos, visitas geológicas, astroturismo nocturno y lectura de la obra de Colombine desde los patios del cortijo.
  • Características del alojamiento: rehabilitación de 2022, patio andaluz, azotea chill‑out, decoración con cerámica de Níjar, piscina rodeada de olivos.
  • Acceso: a medio camino entre Rodalquilar y el Playazo; ideal como base para explorar el parque natural.
  • Contacto: Cortijo Boutique Siete Calas. Carretera de la Polacra, 4‑6. Rodalquilar (Almería). Tel. 674 02 92 31.

La recuperación de cortijos como este plantea un doble desafío: dinamizar la economía rural sin saturar un espacio protegido. En Siete Calas, los propietarios han optado por una intervención de escala limitada y respeto por el entorno, una apuesta que refleja la demanda actual por estancias con peso histórico y bajo impacto ambiental.

Para el viajero, la recomendación es sencilla: programar visitas a primera hora para evitar multitudes en las playas más icónicas, respetar las señalizaciones del parque y aprovechar las propuestas culturales y científicas que ofrecen los centros de interpretación cercanos —como el Ecomuseo Casa de los Volcanes— para entender mejor el paisaje antes de recorrerlo.

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