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A menos de 30 minutos en coche desde Zaragoza, un sendero junto al río guarda sorpresas que mezclan naturaleza, arqueología y arte: desde una antigua presa romana hasta pinturas atribuidas a uno de los nombres mayores de la pintura española. Hoy ese tramo es un ejemplo vivo de cómo la conservación local y el turismo cultural se entrelazan con la gestión del agua y la recuperación del paisaje.
Remontando el Huerva
La ruta arranca en Muel; basta seguir las indicaciones hacia la ermita de la Virgen de la Fuente, donde es habitual dejar el coche antes de calzarse botas y empezar a caminar. El cauce del Huerva marca la orientación: señales en azul y blanco guían el avance y evitan pérdidas incluso cuando la vegetación se muestra más tupida.
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Los primeros tramos alternan claros con zonas enmarañadas: carrizos, álamos y tamarices que, a ratos, crean pasajes casi selváticos. No es extraño cruzarse con pozas tranquilas, grandes árboles centenarios y paneles cerámicos que recuerdan la tradición alfarera de Muel.
Por qué interesa ahora
La senda cobra relevancia en la actualidad por dos motivos: por un lado, es un recurso cercano para quienes buscan excursiones de bajo impacto fuera de las aglomeraciones; por otro, muestra el resultado de proyectos de conservación desarrollados por vecinos y asociaciones. Esos trabajos mantienen un corredor natural que, además de facilitar el paso, protege hábitats ribereños.
Aunque el trazado es corto, su valor patrimonial y ambiental lo convierte en una visita pertinente para todo tipo de público: familias, aficionados a la arqueología o a la pintura y turistas de proximidad.
El pantano y sus capas históricas
El embalse que se alcanza poco antes de Mezalocha no es una obra del siglo XX cualquiera: sobre una presa romana que data de los inicios de la era se superpusieron construcciones posteriores. Una presa reconstruida en 1903 alcanzó los 32 metros de altura y conserva, desde entonces, la estructura que hoy se ve.
La memoria del lugar también guarda un episodio decisivo de 1766: un reventón de la presa entonces en uso provocó una avenida que cambió campos y viviendas en la comarca. Aquella catástrofe impulsó correcciones técnicas y, con el tiempo, obras más sólidas. Actualmente la infraestructura es estable, pero el desastre histórico ayuda a comprender la relación entre ingeniería, territorio y comunidades.
Pinturas de Goya sobre cimientos romanos
La ermita de la Virgen de la Fuente, junto al aparcamiento inicial, es un núcleo clave del relato. Tras la riada del siglo XVIII se levantó un templo de nueva planta en el que, en 1770, intervino un joven Francisco de Goya: cuatro figuras de Padres de la Iglesia decoran la base de la cúpula, un testimonio temprano de su actividad pictórica en la zona.
Debajo de la ermita aflora la huella romana: el gran muro pétreo que se aprecia desde el parque es la presa construida por legiones hace casi dos mil años. En sus sillares aún pueden leerse inscripciones de época romana, lo que transforma el lugar en un laboratorio abierto para la arqueología y una rareza paisajística, porque hoy la lámina de agua queda al pie del paredón.
El templo permite visitas libres y, en temporada alta, se organizan recorridos guiados que explican estas capas históricas y el fenómeno del manantial subterráneo que alimenta la fuente.
- Distancia aproximada: 5 km ida y vuelta (varía según desvíos).
- Duración: 2–3 horas a ritmo tranquilo.
- Dificultad: baja-media; tramos con vegetación cerrada y algo de terreno irregular.
- Acceso: aparcamiento junto a la ermita de la Virgen de la Fuente (Muel).
- Mejor época: primavera y principio de verano para ver caudales y vegetación en su máximo esplendor.
- Señalización: marcas en azul y blanco; senda mantenida por voluntariado local.
Más abajo del nivel de la ermita, el Huerva ha tallado pequeñas cascadas y pozas que parecen un oasis en medio de un paisaje en gran parte seco cuando se observa desde la carretera que une Zaragoza y Muel. Ese contraste —una franja de agua y sombra frente a la meseta árida— es buena razón para alargar la parada y disfrutar del entorno con tranquilidad.
Conservación y responsabilidades
El sendero es fruto, en gran medida, de la labor desinteresada de vecinos que han limpiado y marcado el trazado. Sin embargo, las crecidas y la dinámica fluvial obligan a labores periódicas: mantener la accesibilidad y al mismo tiempo respetar la vegetación ribereña es un equilibrio delicado.
Los visitantes deben respetar las normas básicas: no abandonar residuos, no arrancar piezas arqueológicas ni tocar las pinturas y seguir las indicaciones de las rutas señalizadas. De esa manera se asegura que este cruce de naturaleza, historia y arte siga siendo accesible para futuras generaciones.
Si busca una escapada breve desde Zaragoza que combine paisaje, patrimonio y una pincelada de historia de la pintura española, la senda entre Muel y Mezalocha ofrece un recorrido compacto y revelador.











