HARNONCOURT Y SU ELEGANTE DESPEDIDA
¨La música puede desarmar al oyente más frío (Nikolaus Harnoncourt)
Mi admiración se vuelve especialmente expresiva hacia aquellos profesionales que al margen de sus cualidades innatas para un determinado ejercicio, no escatiman esfuerzo diario y continuado para profundizar en su especialidad, llevando en ocasiones esta consigna a las proximidades de lo enfermizo.
Uno de los que, para mí, encarna este postulado es Nikolaus Harnoncourt (Berlín 1929) quien coincidiendo con su 86 cumpleaños anunciaba públicamente por escrito a todos sus seguidores su retirada de los escenarios.
Nunca tuvo inconveniente en reconocer que su vida profesional-musical está llena de casualidades; la primera y origen de todo, haber caído enfermo a los 17 años y tener la oportunidad con motivo de su enfermedad de oír la 7ª sinfonía de Beethoven. Cuenta, que cuando acabó de escucharla, se dijo: ¨Sí, esta es mi vocación!¨. Hoy, muchos de sus seguidores, recordamos con total complacencia la firmeza de su joven apuesta y celebramos su incondicional compromiso con la música y su entorno durante casi 70 años.
Desde pequeño observó un rasgo personal que hoy, en su retirada profesional sigue conservando: ser crítico con todo, alimentar la discusión y el debate hasta consigo mismo cuando no dispone de interlocutores para buscar, la verdad en lo más hondo de las cosas y evidentemente en la música.
No sería extraño que el énfasis que Harnoncourt ha empleado en cultivar permanentemente este rasgo de crítica hacia todo, tenga mucho que ver con su éxito profesional como músico interesado en una amplia gama de estilos (música de la antigüedad a música contemporánea).
Diecisiete años como músico de orquesta (Sinfónica de Viena) y a la par cultivando la música de cámara de forma intensa y desde temprana edad, le proporcionaron argumentos más que sólidos para dar el salto a la dirección orquestal y cosechar multitud de éxitos al frente de las mejores orquestas europeas y algún que otro sonado fracaso que le sirvió de estímulo para continuar apasionadamente su misión musical.
Como director,ha demostrado ser más exigente que como instrumentista (violonchelista) y por ello decía: ¨cuando me dispongo a interpretar una obra, necesito contar con toda la información posible acerca de ella, tanto musical como extramusical; es más, quiero que todos mis músicos compartan esa información, porque la interpretación que luego realicen será más convincente.¨
Es posible que este comentario de Harnoncourt, sea el extracto de toda su filosofía musical, de esa filosofía a la que procuraba ser fiel independientemente del compositor que se tratara o del estilo al que perteneciera.

Harnoncourt, asequible para los posibles caricaturístas como consecuencia de sus prominentes ojos, ha sido un modelo de compañerismo con los músicos que les ha tocado trabajar, atento siempre y dispuesto a ayudar con sus explicaciones para salvar los inconvenientes que inevitablemente surgen con las partituras. De movimientos, aparentemente bruscos pero certeros; siempre mirando a los ojos de sus compañeros en los atriles y sin batuta, son sus características externas más visibles desde el patio de butacas o desde cualquier pantalla que se le pueda observar.
Pero, este hombre de considerable envergadura física iba más allá de desempolvar partituras empleando muchas horas de estudio para sacarle el mayor rendimiento artístico a las mismas y mostrarnos al compositor en su esencia. También, en sus reflexiones, se preocupaba de nosotros los oyentes y en este sentido tuvo ocasión de sugerirnos la necesidad de cambiar nuestros hábitos de escucha musical. Para él, asistir a un concierto debería darnos la oportunidad de que en el transcurso del mismo, interiormente, nos ocurra algo trascendente, algo que merezca la pena haber asistido y por eso, cierto día llegó a decir: ¨deberíamos oír la música dispuestos a arriesgar, dar la oportunidad de que ocurra algo más importante que la mera complacencia sensitiva.¨¨
Igualmente, no desperdiciaba oportunidad para ser extremadamente ácido con las élites políticas de su época, criticando la falta del adecuado apoyo hacia la música en edades tempranas así como los desafortunados planes de estudios diseñados por funcionarios y políticos ignorantes y alejados del arte musical.
Somos muchos, Nikolaus, los que además de desearte un feliz descanso, esperamos que alguien entre las jóvenes generaciones de directores tome tu testigo al pie de la letra para perpetuar tu escuela ya que nuestra música así lo merece.
José Manuel Macías Romero
Diciembre 2015.







