MIEDO A LO DESCONOCIDO, ALGO QUE NO ENTIENDE: DE GEOGRAFÍA, DE CLASES SOCIALES NI DE CULTURAS
“Más vale malo conocido que bueno por conocer” (Del refranero popular)
Con toda razón, habrá quien creerá a tenor del enunciado del presente post que repentinamente, me he pasado a la psicología e incluso a la filosofía. No, no se trata de eso pero es un hecho evidente que en todo arte hay mucho de estas dos importantes disciplinas porque cualquier arte, no puede sustraerse a los condicionantes de la vida y en ellos afloran la psicología y la filosofía inevitablemente.
Estudiosos norteamericanos del desarrollo personal han acuñado el término: zona de confort, aplicándolo a ese sitio (emocional o físico ) donde decimos quedarnos estancados, porque sabemos más o menos como lidiar con eso, no tendrá demasiadas sorpresas para nosotros y en cierto modo no nos cuesta tanto seguir esa rutina.
El miedo a lo desconocido y la zona confort, están en continuo choque frontal en nuestras vidas, en el lugar que sea, a la clase social que se pertenezca e independientemente de la cultura que se posea y por tanto, en todas las actividades que los humanos desempeñamos. El arte, no puede permanecer al margen y por con siguiente la música también está impregnada de miedo a lo desconocido y esto último es el objeto de mi tema de hoy.
En más de una ocasión habrán oído hablar del “miedo escénico “ ese mal trago que sufren los artistas segundos antes de penetrar en el escenario. Y, no es esto miedo a lo desconocido?
La negativa de algunos directores a afrontar obras de creadores contemporáneos, no es miedo a lo desconocido?
La resistencia que oponemos los aficionados para ver y oír obras contemporáneas, no es miedo a lo desconocido?
La oposición que ejercen los equipos de programación a incluir obras de los siglos XX y XXI, no es miedo a lo desconocido?
Esos críticos, que ni asoman por las salas cuando suenan obras recientes, no están demostrando miedo a lo desconocido?
Y así, podríamos continuar detallando una larga serie de episodios que abundarían en el hecho de que la condición humana vive, porque así es su naturaleza, un constante choque frontal entre el miedo a lo desconocido y la zona de confort.
Pese a ello y aunque se hagan de rogar, de vez en cuando surgen brotes de esperanzas que contribuyen a la evolución del futuro en todas nuestras manifestaciones vitales. Gracias a estos brotes existe el progreso, si no fuera por ellos siempre estaríamos en el mismo lugar: zona de confort.
Ejemplo musical de mi último razonamiento:

Gustav Mahler murió el 18.05.1911. Cuando vivía, su música era calificada de la forma siguiente por la crítica:
“La simplicidad babeante y castrada de Gustav Mahler! No sería justo para los lectores de Musical Courier que les hiciéramos perder el tiempo con una descripción detallada de esa monstruosidad musical que se enmascara tras el título de Cuarta Sinfonía. No hay nada en la estructura, el contenido o la ejecución de la obra que impresione al oyente, salvo su carácter grotesco. El autor de esta reseña admite con franqueza que... para el supuso una hora, por lo menos, de la tortura musical más dolorosa que lo han obligado a padecer.”
Musical Courier, Nueva York 9.11.1904
Queda claro que este periodista de Musical Courier en 1904 (cuando faltaban siete años para la muerte de Mahler) estaba pero que muy bien instalado en la zona de confort de su particular visión musical malheriana. Hoy, algo más de cien años después, las críticas dicen cosas muy diferentes a estas sobre las obras de Mahler y lo que es más importante, la sociedad lo ha convertido en un clásico indispensable.
No me duelen prendas confesar, a este propósito, que la primera vez que Mahler me hizo llorar en un auditorio fue precisamente con esta su Cuarta Sinfonía y al volver la vista atrás todos estaban igual que yo; luego los tiempos de Mahler han cambiado, los que actualmente le escuchamos hemos evolucionado porque en un determinado momento (algo más de cuarenta años atrás) hubo aficionados que le perdieron el miedo y al perdérselo vino su aceptación; aceptación que hoy está en pleno apogeo (anunciar, hoy, a Mahler es sinónimo de éxito seguro en la sala que sea).
Bueno, y la filosofía que encierra el refranero popular cuyo texto citó al principio, que viene a ser lo mismo de lo que vengo hablando, ¿tiene esperanzas de erradicación?, ¿toda la vida vamos a seguir igual?.
Personalmente, me temo que si, creo que genéticamente tendríamos que sufrir un arreglo en el taller de la naturaleza para que esto cambiara ya que la historia de la humanidad así nos lo está demostrando a lo largo de sus siglos. Pero si puede haber una solución intermedia que mejore la situación; esa solución para mí no es otra que la educación pero educación en el sentido más amplio y profundo de la palabra.
Decía el enorme Shakespeare:
“Lloramos al nacer porque venimos a este inmenso escenario de dementes.”
Y, me pregunto: ¿no será por miedo a lo desconocido?
Me ha parecido oportuno utilizar a Mahler porque su vida estuvo asediada por los miedos a lo desconocido pero de vez en cuando salía de su zona de confort y producía una auténtica obra de arte.
Si, como complemento os gustaría ver y oír la Cuarta de Mahler, podéis hacerlo gratis en YouTube, hay muy buenas versiones de esta sinfonía pero personalmente a mi, la que más me gusta es la de Abbado con la Orquesta del Festival de Lucerna.
José Manuel Macias Romero
Primavera 2016







