El ciclo de charlas que bajo el título "Las músicas que siento" me ocupa en estos momentos, me ha enseñado ya una cuestión importante en los tiempos que corren. Se trata, ¡cómo no! de la importancia hoy en día de la información digital.
Concurriendo poco público a las charlas en directo (sala 2 del Teatro) y sin embargo una vez terminadas las mismas y colgado sus textos íntegros en webs valverdeñas, me sorprende gratamente el número de visitas que soportan estos textos musicales.
No me veo, todavía, tan iluso como para creer que todo aquel que pinche con su ratón o su dedito, lee íntegramente un determinado texto pero sí, puedo aventurar, siempre a la baja, un número considerable de personas que se interesan por estas "historias". Este motivo, unido a mi afán en devolver a la música parte de las gratificaciones que de ella recibo, me han impulsado a crear este "rincón musical digital" que hoy les presento.
El título de este lugar encierra para mí una linda historia musical que paso a narrarles:
Desde hace bastantes años, aproximadamente 45, me siento atrapado musicalmente por la figura personal y artística de Gustav Mahler, este visionario que hace poco desbancó a Beethoven como músico más interpretado en los auditorios de todo el mundo; este hombre que con su música turba a estadistas, gobernantes y poetas; este artista que describe como nadie el desorden del mundo en sus diferentes aristas: ecológica, prejuicios raciales, conflictos religiosos, de personalidad, etc; este músico que ha abierto nuevos caminos en el jazz, el rock y las bandas sonoras ( del John Williams de La guerra de las galaxias a los juegos sinfónicos de Pink Floyd y los experimentos de Uri Caine ); este hombre en cuya música se puede leer a Sigmund Freud, a Nietzsche, a Schopenhauer; este músico que es simultáneamente subversivo y esperanzador; este artista capaz de hacer llorar en el auditorio que sea y sin importar la hora a miles de personas (doy fe de ello y soy además uno de esos llorones); este compositor que ha convertido sus obras en la banda sonora de nuestras vidas vivas en Japón o en Portugal. Pues este personaje, loco de amor por la naturaleza en su más pura expresión y tres veces apátrida ( el decía: "soy un bohemio en Austria, un austríaco en Alemania y un judío en el mundo ) un día escribió a modo de diario:
"Son las seis de la mañana. He estado en el prado, sentado en el pasto junto a Farkas, el pastor, escuchando el sonido de su caramillo (hoy hablaríamos del oboe). ! Ay, qué triste y sin embargo apasionado extasis palpitaba en su melodía popular¡
Pretendo entonces desde este rincón ser el FARKAS de todo aquello que se relacione con la buena música: historias, noticias, críticas, reflexiones, reseñas de libros que se ocupan de este arte y cuantas iniciativas sean dignas de mencionar. Y, todo ello, con una doble finalidad: informarles y entretenerles con contenidos musicales a todos los que se acerquen a esta web y en concreto a este rincón.
Ser un fiel servidor de la música para compensarla por la felicidad que me otorga.
Espero serles de utilidad en todo lo concerniente a la música y estaré a vuestra entera disposición para aclararles lo que necesitéis. Muchas gracias y pronto nos veremos. Saludos muy afectuosos.
por José Manuel Macías Romero.







