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Cris Blanco regresa al Centro Dramático Nacional con Casi ninguna verdad, una pieza que toma la mentira como material dramático y que llega en un momento en el que las dudas sobre la veracidad de la información se han acelerado por la tecnología. La obra, dirigida e interpretada por Blanco, plantea por qué hoy importa repensar qué creemos y en quién confiar.
Entre la realidad y la invención
La creadora parte de una experiencia personal: una falsedad significativa en 2018 cambió su mirada sobre la confianza y la memoria. Desde entonces, explica, la mentira dejó de ser solo un tema intelectual para convertirse en una obsesión creativa que atraviesa su trabajo.
Blanco ha llegado a impartir talleres sobre cómo se construye una mentira y cómo funciona en la práctica escénica. Para ella, la capacidad de fabricarlas y de reconocerlas son herramientas complementarias: una sirve para crear relatos, la otra para desactivarlos.
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En su reflexión se cruza la preocupación por las imágenes manipuladas. Blanco señala que, con la proliferación de vídeos alterados por inteligencia artificial, no basta con identificar falsedades puntuales: lo que resulta especialmente dañino es que la sospecha generalizada convierta cualquier afirmación en dudosa. Esa incertidumbre, advierte, anula el valor social de la verdad.
Una puesta en escena que desordena
La obra evita ofrecer una sinopsis clara: la propia dramaturga plantea preguntas que desdibujan la autoría y la memoria, y juega a dejar al público entre la duda y la risa. Ese borroneo deliberado es parte del diseño: cualquier explicación lineal, dice Blanco, traicionaría el espíritu del montaje.
En la función, la autora aparece como personaje y convoca escenas oníricas y desplazamientos temporales que mezclan lo íntimo con lo absurdo. Uno de los recursos más llamativos es la aparición de una pelusa —un elemento mínimo que cobra vida— que viaja desde el vestuario hasta el escenario y trastoca la continuidad escénica.
La directora busca que la representación incluya fallos y desajustes: el error forma parte de la trama y ayuda a poner en evidencia los mecanismos de manipulación del relato. El espectador, dice el equipo, debe participar activamente, desconfiar y, al mismo tiempo, dejarse llevar por el juego.
- Localización: Teatro Valle-Inclán (Centro Dramático Nacional), Madrid.
- Fechas: en cartel hasta el 12 de abril.
- Entradas: a partir de 12,50 €.
- Equipo: Cris Blanco como autora, directora y parte del reparto; Blanca Portillo participa en la pieza.
Más allá de su tono lúdico y su estética surreal, Casi ninguna verdad plantea una pregunta urgente: ¿cómo seguir conversando en público cuando la tecnología y la estrategia política convierten la duda permanente en arma? La obra no promete respuestas fáciles, pero propone que el teatro sea un espacio para ensayar formas de distinguir y entender las historias que nos rodean.












