El INACABADO LASTRE DE LA MUJER EN LA MÚSICA
“El saber moderado sienta bien a una dama, pero no la erudición. Una joven que gasta sus ojos leyendo merece que se rían de ella” (Moses Mendelssohnn, filósofo)
Lo que es la vida!, jamás podría imaginar este ilustre filósofo, autor de cita tan aberrante que tan solo, unos años después de tan desacertado pronunciamiento, la vida, le diera una nieta músico además con notable fama (una gran excepción en la primera mitad del siglo XIX) como compositora: FANNY MENDELSSOHNN; autora de más de 400 piezas musicales, muchas de ellas se siguen interpretando, lamentablemente, más como un acto de búsqueda reivindicativa del papel de la mujer en la creación musical que por sus bondades musicales y artísticas.
Aunque FANNY, en su época no lo tuvo nada fácil pese a proceder de una familia de la alta burguesía que no le importaba la inversión en su educación, mucho peor lo tuvieron infinidad de mujeres que a lo largo de la vida han visto podadas sus inquietudes musicales en general y compositoras en particular.
Con frecuencia, la sociedad se pregunta: ¿por qué no hay una mujer Mozart, Beethoven o Mahler?, la respuesta en modo telégrafo, no puede ser más contundente: el sobreabundante machismo de todas las sociedades, desde la prehistoria al día de hoy es para mí, el motivo primordial.
Ante lacónica respuesta, habrá quien responderá: pero, si ya en la prehistoria, las mujeres adormecían a sus retoños con cánticos, luego llamadas nanas, y esto era agradecido por aquellos pequeños núcleos familiares, ¿cómo se puede argumentar el machismo causa de la falta de libertad cultural para la mujer?. Cierto, pero era considerado como una tarea más de la mujer en su “choza” y nunca como un modo de independencia, menos aún profesional para esto último, siempre tendría privilegio el hombre. Y, a pesar de este reconocido socialmente privilegio para el hombre en las cuestiones musicales de todas las sociedades del planeta, la mujer, empleando las más inverosímiles sutilezas ha conseguido, en ocasiones de forma pudiéramos calificar de testimonial, ser reconocida por una sociedad que le niega sus derechos y libertades.
Resulta ilustrativo a este respecto y como apoyo de lo manifestado, como en la Venecia del siglo XVII, las mujeres que sentían inclinaciones profesionales musicales, no tenían otra solución para aliviar su hambre profesional musical que meterse en cualquiera de los muchos conventos religiosos, llamados en la época “hospedales” para dar riendas a sus apetencias musicales. No obstante, a pesar de esta ingeniosa pero a la misma vez lamentable argucia, a veces, ni por esa encontraban soluciones pues el arzobispo de turno podía no ser favorable a la práctica de la música en las iglesias por parte de las mujeres y dar con ello al traste con el cultivo musical de género.
En ocasiones, estas inquisidoras autoridades religiosas contaban con el favor incluso del Papa; en estos casos extremos y a estas mujeres tan perseverantes en su amor a la música, solo les quedan la opción de gratificar con dulces o trabajos para su persona a sus confesores para que estos, hicieran vista gorda y permitieran en definitiva cierta actividad musical.
Igualmente, son muchas las mujeres que en el periodo comprendido entre los siglos XVII al XX, han tenido que utilizar el nombre de un varón para que sus composiciones vieran luz en la imprenta ya que si utilizaban sus propios nombres estaban condenadas al ostracismo por parte de los editores.
Se puede pensar que esta descarada e intencionada presión clasista sobre la mujer en la música, es propia de siglos anteriores ya muy lejanos en el tiempo pero esto, además de que no aporta soluciones, no es así ya que hacia finales del siglo XX (años 70), el mundo artístico-musical asistió a dos sonados escándalos que tuvieron como víctimas a dos talentosas mujeres, intérpretes de gran excelencia que más tarde han culminado fabulosas carreras profesionales como concertistas, me refiero: a la violinista Anne-Sophie Mutter y a la clarinetista Sabine Meyer.
Ambas mujeres, tuvieron que ser admitidas en la Filarmónica de Berlín gracias a la imposición de su entonces director Herbert von Karajan quien utilizando su inmenso poder ante los políticos berlineses y amenazando a la Orquesta con retirarles prebendas económicas, consiguió su propósito e hizo solistas de sus respectivas secciones a estas dos maravillosas profesionales. Pero posteriormente, el resto de la Orquesta (más de cien profesionales varones) se encargaron de hacerles la vida imposible en el trabajo del día a día hasta el punto de ser obligadas a pedir la cuenta y marcharse para establecerse como profesionales autónomas. De este modo, individual, consiguieron llegar a lo más alto del virtuosismo musical pero no olvidemos que antes, sufrieron el escarnio por el mero hecho de ser mujeres que podían dejar en evidencia a muchos señores.
Si, el camino que ha tenido y sigue teniendo que recorrer la mujer para su incorporación al trabajo, ha sido y es arduo y lleno de espinas, en el caso de la mujer en la música, no lo ha sido menos e incluso sigue sometida a fuertes presiones para que ciertas tareas como las de dirección orquestal por citar un ejemplo, sigan en manos de los hombres y todo ello, a pesar de que hablamos de una profesión en la que debe primar fundamentalmente la exquisita sensibilidad o como decimos por el Sur: el ARTE Puro. Nunca debemos olvidar que todo Arte, es privativo del ser humano, sin distinciones de sexo.
Concluyo retomando al filósofo inicial: “ Señor Mendelssohnn, aprovecho su apellido lleno de connotaciones musicales y me permito decirle, probablemente Ud., como todo abuelo, querría muchísimo a su nieta FANNY pero el destino le reservó el que tuviera que avergonzarse de tener en su casa a una nieta compositora de música. A veces, Sr. Mendelssohnn, que pequeña se hace la vida ¿no le parece?.
Cuando me despido, hoy 6 de octubre 2015, se da a conocer en todos los medios la triste y lamentable noticia de que el machismo, acaba con la vida de cuatro mujeres luchadoras. Por si alguien dudaba de que nos queda mucho que hacer!


En las fotos, Anne-Sophie Mutter (concertista de violín) y Sabine Meyer (clarinetista)







